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Jesús Torres es un niño de 9 años que, a diferencia de otros de su edad aficionados al fútbol, los carritos o los videojuegos, tiene una sola pasión: los toros. Jesusín, como es conocido, se desenvolvió en el ambiente de la tauromaquia desde pequeño, cuando acompañaba a sus familiares a espectáculos de exhibición.


Gabriela Espinoza / Monterrey, Nuevo León

De ahí nació su apego a la fiesta brava, y al ver el talento del pequeño, su padre y tíos le brindaron la primera oportunidad a los 6 años de edad.

“Mi tío era un gran aficionado que siempre mató novillos. Yo desde los 3 años empecé a ver los toros y desde entonces dije que quería ser torero”, mencionó el niño, quien lleva 3 años en la práctica.

Tan enamorado quedó Jesusín de la vida en los ruedos que a su corta edad viajó hasta el Estado de Aguascalientes a estudiar en la escuela taurina desde hace un año y medio, donde también cursa el cuarto grado de primaria.

El día de Jesús Torres comienza a las 6 de la mañana para ir a la primaria de donde sale a las 2 de la tarde; posteriormente, hace sus tareas y después de dormir una siesta se va a la escuela taurina donde su horario es de 5 a 7 de la tarde.

Lo más difícil para Jesusín es banderillear, pues es una acción que implica habilidad para lidiar con el toro sin capa y en la cual cuenta mucho la estatura. “Al principio sí me dio miedo pero luego ya fui agarrando confianza”, expresó el tercero de cuatro hermanos.

Su gusto por el toreo lo ha mantenido en secreto, pues comenta que sus amigos lo critican, alegando que en ese oficio maltratan a los animales, pero firme en su convicción sin importar el qué dirán y persiguiendo su sueño, Jesusín ha aprendido a cuidarse por sí solo.

Sin dejar a un lado las novilladas, Jesús Torres desea estudiar la carrera profesional de médico veterinario, pues le gustan los animales, y en un futuro espera debutar en la monumental de Monterrey, ser una gran figuradel toreo y ayudar a sus padres económicamente.

FAMILIA

Mientras Jesusín deja el alma en la lidia, sus padres aceptan sentir nervios en cada actuación, pero no han dejado de apoyarlo en esta pasión que corre por sus venas.

“Cuando estudiaba en la primaria, aquí en Monterrey, él en la escuela se la pasaba toreando. Nos decía la maestra que en los dibujos ponía plazas de toros, dibujaba toreros y cada que veía un perro se ponía a torearlo; es algo que ya trae”, expresó Carlos Torres, padre del menor.

Por su parte su madre, Karla Montelongo, lo describe como un niño noble, cariñoso, muy centrado y capaz de tomar sus propias decisiones, pero a veces deja brotar sus comportamientos de infante.

“Hay veces que tiene sus rabietas como siempre, como niño, pero ahora que ha estado fuera ha madurado demasiado, a pesar de su corta edad”, mencionó Montelongo.

Además, confesó que con titubeos aceptaron la decisión de su hijo, la cual implicaba estudiar lejos de su hogar, pero optaron por apoyar su carrera de torero.

“Sí me da miedo que le pueda pasar algo, que por alguna razón llegue a sufrir un accidente, pero hay que apoyarlo”, expresó la madre del pequeño.

Como cualquier mujer que quiere ver a su hijo realizarse profesionalmente, Karla Montelongo le ha recalcado a Jesús la importancia de estudiar al menos una carrera técnica que pueda alternar con la lidia.

El mejor regalo para la angustiada mujer será cuando su pequeño novillero le brinde un toro a ella y a su padre y figure como un grande dentro de la fiesta brava.

FORMACIóN

Una de las personas que han jugado un papel importante en la formación de Jesusín es su tío Ricardo Torres Martínez, quien le ha dado las herramientas para que logre su sueño de debutar como novillero con traje de luces.

Aficionado práctico con toda una trayectoria en la vida taurina de México, Torres Martínez descubrió la vocación de su sobrino y le ha brindado un apoyo incondicional, pues cuenta con sus padrinos, los matadores Luis Fernando Sánchez y Arturo Macías, “El Cejas”, de quienes también ha tomado su experiencia.

“Este niño tiene vocación torera, porque sin decirle, sin enseñarle, nomás de lo que vio, ejecutó muy bien los lances de capa; siento una satisfacción muy grande de que al fin prendió una semilla en la familia y una responsabilidad”, dijo Torres.

Sin embargo, es muy temprano para asegurar que será una figura del toreo. En el mundo de la fiesta brava, el momento determinante es cuando se recibe la primera cornada, denominado “bautizo de sangre”.

“Sabemos que puede ser torero pero hay que ver que brinque todavía la adolescencia, la pubertad, los bailes, las novias. Le falta mucho y sobre todo su bautizo de sangre, que le den su primera cornada”, asegura el reconocido taurómaco.

En la escuela taurina de Aguascalientes, Jesús Torres está bajo la tutela de Carlos Montes, quien admira la determinación del niño de estudiar lejos de su hogar para cumplir su sueño.

“Jesús es un niño con una gran afición, con un gran gusto por ser torero y a quien acogimos con mucho cariño ahí en la escuela taurina; es de los alumnos más avanzados”, expresó Montes.

EL NIÑO SE PREPARA

En el rincón de un cuarto, frente a una imagen religiosa, Jesusín viste el ajustado pantalón color marrón, se abotona el chaleco y se acomoda la chaquetilla. Luego de persignarse, el niño camina con seguridad hacia el albero. Llegó la hora de encarnar al matador que lleva dentro.

En la tribuna, el público espera ansioso la entrada de la estrella de la tarde, quien con temple de guerrero saluda sombrero en mano. Acompañado de amigos y familiares, el pequeño parte plaza mientras el sol va despidiéndosedel día.

Los ojos del pequeño de 9 años se fijan en el becerro que sale corriendo al ruedo y levanta una nube de polvo para embestir a la figura delicada que la desafía. La madre contiene el aliento mientras el animal pasa cerca de su hijo.

Desde el centro del ruedo, el niño avanza con cautela pero a paso firme, capote en mano, provoca al astado y éste se lanza con todo su bravío pero Jesusín, a partir de un largo pase de pecho, lo elude con maestría y se gana una ovación.

Tras el burladero, el padre observa con nerviosismo cada movimiento, listo para entrar al quite si hace falta, al igual que su tío y maestro, quienes a gritos le dan instrucciones desde el otro lado de la barrera.

Mientras la madre, desde su asiento y atenta al espectáculo, se fuma un cigarro para calmar la ansiedad que se apodera de ella cada que su hijo sale al ruedo. Mientras, invitados provenientes de España y de Estados Unidos festejan admirados el arrojo del niño.

En sus inicios, Jesusín recibió más de una voltereta, producto de su inexperiencia. En esta ocasión no fue la excepción pues se arrimó demasiado a la becerra un par de ocasiones, pero también dejó ver la sagacidad que ha adquirido al actuar en el momento preciso y evitar ser revolcado en el resto de las faenas.

Después de varias suertes la becerra está cansada, pero el niño se resiste a dejarla ir. La reta de nuevo y un elegante remate con la capa finaliza su actuación, digna de la ovación del público que es testigo de la entrega del pequeño, quien tiene por meta tomar la alternativa en la plaza de Las Ventas, en Madrid.

Soberbio al caminar, Jesusín deja el redondel satisfecho de su intervención; una más de las tantas que le esperan en el camino hasta llegar a la talla de José Tomás o Arturo Macías, sus modelos a seguir.

Y aunque sea muy prematuro imaginarlo como figura en la tauromaquia, se podría hablar del nacimiento de una futura estrella que dejó los juguetes por los capotes; las canchas de fútbol por las plazas de toros; las tardes con los amigos por las novilladas y la inocencia por el peligro frente al burel ¡Suerte, matador!