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Mujeres soldado desplegadas en Irak y Afganistán no sólo deben cuidarse del enemigo, sino de sus propios compañeros varones, de quienes se convierten en víctimas sexuales. Tan sólo en 2008, alrededor de 3 mil mujeres denunciaron a sus compañeros por ataques sexuales. La respuesta de las autoridades ha sido el silencio y, en ocasiones, la amenaza


Silvio González / Prensa Latina

Las mujeres en el ejército desplegado por Estados Unidos para ocupar Irak y Afganistán, además de combatir, corren el riesgo de ser violadas o acosadas por sus propios compañeros de armas.

Tal situación queda plasmada en el libro The lonely soldier: the private war of women serving in Iraq, de la autora Helen Benedict, profesora de periodismo en la Universidad de Columbia, Nueva York.

La obra está basada en 40 entrevistas donde se recogen las historias de mujeres que se desempeñaron como soldados. Allí las víctimas cuentan las violaciones, otros abusos y los acosos sexuales cometidos contra ellas por sus compañeros.

Uno de cada 10 soldados de Estados Unidos en Irak y Afganistán es del sexo femenino.

Hay más mujeres que han luchado y muerto en la guerra de Irak que en cualquier otro conflicto bélico desde la Segunda Guerra Mundial, según estadísticas del Departamento de Defensa citadas en el libro.

A muchas de ellas sus oficiales les advirtieron no ir solas a las letrinas en las noches. Incluso algunas comenzaron a llevar un cuchillo encima para poder defenderse en caso de que fueran atacadas, señala el blog alternativo Género con Clase.

“Lo peor de todo es que son sus camaradas, los que cometen esas fechorías”, dijo la autora del libro.

Explicó que el título de la obra nació del aislamiento que las mujeres soldados experimentan al tener que manejar el trauma de sus deberes combativos y el constante acoso sexual del colectivo masculino donde se desenvuelven.

“Es una situación particularmente trágica porque se supone que todos los soldados deben confiar unos en otros para cuidarse mutuamente”, comentó Benedict.

Marti Ribeiro, era sargento de la Fuerza Aérea, que sirvió en Afganistán en 2006 como corresponsal de guerra con una División de Montaña, integrada en su totalidad por hombres. Su historia en el libro describe una violación que sufrió a manos de un soldado de esa unidad mientras vigilaban en un puesto de avanzada.

Tras completar su guardia y no bañarse para preservar la evidencia, lo denunció a las autoridades militares, sólo para que le dijeran que si presentaba la queja oficialmente sería acusada de negligencia por dejar su arma sin vigilar.

Ribeiro renunció a las Fuerzas Armadas y hoy tiene tratamiento siquiátrico por aquel incidente que le cambió para siempre su carrera y toda su vida.

El número de denuncias de ataques sexuales en el ejército estadunidense creció un 8 por ciento en 2008 y un 25 por ciento en Irak y Afganistán, según un informe divulgado en marzo último por el Pentágono.

Se registraron un total de 2 mil 908 denuncias de ataques sexuales en 2008, que incluyen abusos o intentos de violación, según el mismo documento.

Una versión teatral del libro de Benedict fue presentada en Nueva York y varias mujeres soldados en activo se sintieron tan emocionadas por el realismo de la obra que al final abrazaron a las actrices.

Cynthia Smith, una portavoz del Departamento de Defensa, dijo que el gobierno está comprometido a eliminar los abusos sexuales dentro de las Fuerzas Armadas a través de la prevención y políticas que retiren los obstáculos para denunciar ese tipo de ataques.

Un sondeo realizado en 2003 entre más de 550 veteranas militares mostró que un 30 por ciento aseguró haber sido violada o sufrido un intento de violación, mientras que un 79 por ciento reportó acoso sexual, según el blog CommonDreams.org.

La coronela Ann Wrigth, veterana con 29 años de servicios y exdiplomática, es a la vez autora de otro libro similar titulado Dissent: voices of conscience”.

Wrigth, quien renunció al Departamento de Estado en 2003 por oponerse a la Guerra en Irak, explica en su obra que las estadísticas del Pentágono son realmente alarmantes ya que una de cada tres mujeres que ingresa en lo militar resultó agredida sexualmente por hombres en sus respectivas unidades de combate.

Afirma que ahora estos episodios se han vuelto aún más vergonzosos a partir de que muchas mujeres han aparecido muertas después de haber sido violadas.

El Pentágono las califica como “caídas en situaciones no combativas”, y en muchos casos las computan como suicidas.

Tales incidentes no son investigados como asesinatos, por lo que sus familiares nunca pueden llevar ante la justicia a los culpables de esas atrocidades.

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