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Los aliados europeos dentro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte cedieron ante la nueva estrategia de escudo antimisiles que propone el presidente Barack Obama. La presencia militar de Estados Unidos en Europa está garantizada por varias décadas


Odalys Buscarón / Prensa Latina

El apoyo al plan belicista anunciado como defensa balística por Obama en septiembre pasado estuvo contenido entre las declaraciones emitidas durante la reciente cumbre extraordinaria de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), celebrada en Brastislava.

A diferencia de las tímidas posturas asumidas ante el proyecto anterior auspiciado por George W Bush para instalar en Europa hacia 2011 lo que llamó escudo, parece que todos los socios del bloque asumen hoy la propuesta de Obama como “tarea de la OTAN”, expresó el secretario general, Anders Fogh Rasmussen.

Junto a pesos pesados como Alemania, Francia y Gran Bretaña, España dio su beneplácito al despliegue balístico estadunidense, en la figura de la ministra de Defensa, Carme Chacón, quien no especificó de qué manera Madrid participaría en esa arquitectura.

El respaldo de la alianza noratlántica afloró en medio de una gira europea iniciada por el vicepresidente estadunidense, Joseph Biden, del 20 al 24 de octubre, con el propósito de ganar respaldo para la Casa Blanca en Europa del Este.

Polonia, Rumania y República Checa –los tres puntos del periplo– extendieron el publicitado apoyo con la seguridad a Biden de que participarían en los planes conjuntos del Pentágono. Ni Varsovia ni Praga dejaron entrever esta vez los resquemores expresados en septiembre, cuando Obama anunció su retirada del proyecto de Bush consistente en instalar una base de 10 cohetes interceptores en territorio polaco y un radar en Chequia.

Rusia concibió ese esquema como una amenaza deliberada a su potencial disuasivo nuclear y pidió compartir un diseño colectivo para garantizar realmente la seguridad regional en pie de igualdad, llamado que no ha cuajado con acciones concretas.

Con grandes titulares, la gran prensa estadunidense hizo ver que Obama abandonaba la estrategia balística de Bush, mientras el propio presidente y su secretario de Defensa, Robert Gates, hablaban de sistemas antimisiles más “sofisticados, baratos e inteligentes”, que se ubicarían en plataformas móviles, primero en buques de guerra y luego, en tierra.

A juzgar por medios periodísticos estadunidenses, otros países como Ucrania y Georgia podrían acoger en territorio nacional elementos del nuevo escudo. De hecho, en una lista de ofertas aparece el radar de la estación radiológica de Gabalá, en Azerbaiyán, arrendada por Rusia.

También el Kremlin propuso a Washington el empleo del radar de Armavir, en el sur de la Federación, para repeler de manera conjunta eventuales ataques coheteriles.

El viceministro de Exteriores ruso, Serguei Riabkov, confirmó que la administración de Obama lleva a cabo pláticas con sus socios sobre los nuevos planes, y no sólo dentro de la OTAN.

Al mostrar preocupación ante los contactos bilaterales con Kiev, el canciller Serguei Lavrov defendió la postura de Rusia de exigir a las partes negociadoras una actitud responsable durante esos contactos, así como en las declaraciones.

Los entretelones del escudo de Obama

Tanto Obama como los halcones de la guerra en Estados Unidos han tenido cuidado en hacer pública la nueva estrategia del escudo anticoheteril y la han ofrecido como mera revisión técnica de las supuestas amenazas de Irán y una valoración de costos y beneficios.

El elemento tecnológico, en el cual ha trabajado el Pentágono todos estos años, ha quedado soslayado.

Por largo tiempo, la Agencia de Defensa Balística (Missile Defense Agency) amparó el proyecto de Bush con el pretextado axioma de que Irán desarrollaba cohetes portadores de largo alcance con perspectivas para 2015 y que amenazaban a Europa. Sin embargo, un estudio del Instituto Oriente-Occidente (East-West Institute) de expertos rusos y estadunidenses, que salió a la luz en mayo último, indica que las capacidades de Teherán y Pyongyang de armarse con misiles de largo alcance son muy lejanas todavía.

Cierto o no, las nuevas tesis avalaron el giro de la administración de Obama.

La primera potencia nuclear del planeta cuenta ya con dos sistemas antimisiles terrestres en Alaska y en el centro de California.

Según la publicación digital Enkidiu Magazine, Estados Unidos no renunció a los planes de desplegar en Europa elementos terrestres de su escudo, sino que los postergó para 2015, con modernos sistemas SM-3 para impactar misiles de corto y mediano alcance.

La primera fase del programa, al que Obama dio luz verde, comenzará a operar en 2011 con ayuda del sistema de detección basado en la tecnología AEGIS, que acompaña a los buques de guerra con un sofisticado equipamiento de última generación.

Por ahora, dentro de la OTAN sólo España y Noruega disponen de ese sistema de radiolocalización.

Al disertar ante ministros de Defensa del bloque en una reunión en septiembre último, Gates aseguró que el nuevo esquema responderá “con mayor flexibilidad y capacidad” ante amenazas de un supuesto uso iraní de misiles de corto y mediano alcance.

Las baterías de cohetes Patriot entrarán también en el teatro de operaciones, añadió a su vez el Pentágono.

Para una segunda etapa, prevista en 2015, el sistema incluirá instalaciones terrestres móviles ubicadas en territorios del sur de Europa, próximos al Cáucaso, con bases presumiblemente en Turquía, Rumania y Bulgaria, además de Israel, en Oriente Medio.

La tercera fase (a ejecutar en 2018) cubrirá por el norte del Viejo Continente lo que estrategas del Pentágono siguen llamando “cortina de hierro”, término reminiscencia de la Guerra Fría.

El peso del escudo en la estrategia militar diseñada por Obama aflora por sí solo en los gastos de que dispone la Oficina Oval para 2010, cuyo monto, según la propia prensa estadunidense, supera al del gobierno de Bush.

A petición del Poder Ejecutivo, el Congreso de Estados Unidos aprobó un gasto para presupuesto militar de 680 mil millones de dólares.

La votación en el Senado, el 24 de octubre, coincidió con las conclusiones de la gira de Biden por Europa Central.

Al visitar Polonia y Chequia durante un reciente periplo europeo, el vicepresidente estadunidense, Joseph Biden, extendió a esos dos socios de la OTAN la invitación a participar en sus nuevos planes de escudo balístico.

Biden, ante todo, quiso tranquilizar a los aliados en el Este del Viejo Continente al mostrar que el presidente Barack Obama mantiene el compromiso de ayuda militar de la anterior administración de George W. Bush, y que considera clave a Varsovia y Praga para su estrategia regional.

La República Checa está preparada para participar en la estructura del proyectado sistema antimisiles europeo como miembro de la OTAN, aseguró el primer ministro, Jan Fischer, luego de reunirse con el funcionario estadunidense.

El nuevo sistema de escudo, puntualizó Fischer, será en primer lugar un proyecto de la OTAN y su país quiere “buscar y concretar su lugar” en él, acotó.

Sin una propuesta en su portafolio de viaje, Biden anunció que en noviembre próximo viajará a República Checa una comisión de expertos estadunidenses para conciliar detalles de cooperación bilateral en lo que medios periodísticos checos denominan “el escudo de hierro”.

Chequia, Polonia y Lituania habían manifestado anteriormente un abierto desagrado ante la decisión de Obama de suspender presuntamente el despliegue de la tercera región del sistema de defensa antimisiles, que negoció Bush con esos gobiernos en 2008.

Los ministros de Asuntos Exteriores y Defensa de República Checa viajaron a fines de septiembre a Washington para entrevistarse con sus respectivos homólogos, Hillary Clinton y Robert Gates, con la pretensión de reafirmar el interés de participar en la nueva arquitectura balística.

El jefe de gabinete polaco, Wladyslaw Stasiak, reveló a fines de septiembre que existía una oferta general de la Casa Blanca, pero Varsovia quería contenidos concretos sobre un programa alternativo.

Al mismo tiempo, el canciller Radoslaw Sikorski confirmó que se mantienen los planes de dotar a Polonia con los sistemas coheteriles Patriot, con un ligero cambio en la misión.

El país centroeuropeo recibirá en los próximos años misiles de combate, en lugar de los empleados para entrenamientos, como estipulaba un convenio de cooperación suscrito en agosto de 2008, reveló Sikorski.

El presidente Lech Kaczynski es considerado el más ferviente partidario del escudo antimisiles de Estados Unidos en esa parte del mundo, por lo que cedió el territorio polaco como gesto de reciprocidad a la ayuda militar.

Otro guiño a Washington fue la decisión reciente de Varsovia de enviar 600 soldados más a Afganistán para apoyar a las fuerzas intervencionistas de la OTAN, un tema que ha develado fisuras dentro del bloque y airados llamados de la opinión pública europea para el retorno de las tropas.

Según el diario Gazeta Wyborcza, de hacerse efectivo lo que analistas califican de paso complejo, ascenderá a 2 mil 600 efectivos el contingente polaco en ese país asiático ocupado.

El general Carter Hamm, comandante de las fuerzas estadunidenses en Europa, declaró que su país negocia con el mando polaco el inicio de la rotación allí de unidades Patriot, como antesala para una presencia permanente.

La nueva versión contra misiles balísticos

El plan de Bush de escudo para Europa, que presentó en mayo de 2001, a pocos meses de asumir su primer mandato, era parte indisoluble del Sistema de Defensa de Misiles Balísticos, rubricado como la “guerra de las galaxias”. Ese programa está basado en la doctrina desarrollada por Ronald Reagan en la década de1980 y ha costado a la Casa Blanca 60 mil millones de dólares.

Para llevar a cabo la nueva versión del escudo, promovida por Obama, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos cuentan con la última versión tecnológica del Sistema AEGIS (Aegis Weapon System) de intercepción balística.

El ingenio fue probado en marzo pasado por la US Navy (marina) y recibió la certificación de las autoridades aeroespaciales estadunidenses.

A los sistemas existentes, el nuevo diseño agrega capacidad de abatir misiles de corto alcance al entrar a la atmósfera, en la fase final de vuelo.

Según la US Navy, la versión 3.6.1 de AEGIS se instalará en junio de 2010 en 17 de los 18 buques equipados con sistemas antibalísticos.

El crucero USS Erie (CG-70) ya dispone de esa ingeniería de detección y en la mira están los misiles Standard M-3.

La nueva tecnología clasifica como el primer sistema de armas navales de superficie de este tipo en el mundo, con componente basado en el mar, incorporado al sistema de defensa antimisiles de Estados Unidos; además de Japón, España, Noruega y Corea del Sur.

El plan de Obama concibe la instalación de plataformas con misiles en barcos estacionados en los mares Mediterráneo y Negro y, posteriormente, la creación de bases terrestres para disparos de misiles, auxiliadas de potentes radares. Para entendidos en el tema, el emplazamiento de elementos del sistema anticoheteril estadunidense en el norte, centro y sur de Europa, así como el establecimiento de bases militares en Rumania y Bulgaria componen nuevas fichas en el ajedrez de guerra de la OTAN.

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