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Fueron usados para invadir Afganistán e Irak. La mayoría, jóvenes que se fueron a la guerra bajo promesas de mejorar su calidad de vida: retribuciones económicas, ascender en el estatus social y oportunidades de estudio. Hoy, muchos de quienes fueron carne de cañón padecen la misma discriminación y pobreza que antes de su enrolamiento en el ejército estadunidense

Ismel Enríquez Palacios / Prensa Latina

Miles de veteranos de guerra estadunidenses tropiezan por estos días con los vericuetos de la política, mientras hurgan en sus bolsillos para continuar estudios universitarios, pese a que el gobierno les prometió costearlos.

Son 25 mil en total, y la mayoría se alistó en las fuerzas armadas para beneficiarse de prerrogativas con las cuales el Pentágono, en su interés de enviar carne fresca a los frentes de Irak y Afganistán, atrajo y atrae a los ciudadanos de menos recursos.

En una de sus últimas maniobras para engrosar las filas del ejército, denominada Ley de Recluta, el aparato de gobierno prometió apoyo monetario a los desmovilizados después de 2001 que quisieran estudiar en las universidades.

Más de 277 mil exsoldados y sus parientes elegibles se inscribieron en el programa, por el cual debían recibir los recursos para sufragar matrículas, bibliografía, albergue y material complementario como computadoras.

Pero las demoras del Departamento de Veteranos (VA, por sus siglas en inglés) para dar curso a las peticiones dejó a la mayoría sin un centavo de los supuestos beneficios, y la realidad obligó a los alumnos a pedir préstamos, aplazar la compra de libros y reajustar sus economías.

Hasta el momento, sólo recibió cheques la mitad de los 50 mil que calificaron, y otro grupo menor se benefició con unos 13 mil pagos adicionales para gastos varios, denunció el diario The New York Times.

El departamento indicó que tomaría un promedio de 35 días para procesar las demandas, pero la realidad demuestra que éstas se pueden dilatar hasta ocho semanas, e incluso más tiempo, debido a los engorrosos trámites burocráticos.

“La popularidad de la medida provocó un diluvio de solicitudes para las cuales no estábamos preparados, y hubo problemas en la confirmación de matrículas que le exigimos a las universidades como garantía”, justificó un portavoz del VA a la revista Forbes.

Solución

“Teniendo en cuenta la complejidad de esta ley, hemos hecho todo lo que se ha podido”, sentenció el director de servicios educativos dentro del departamento, Keith Wilson, como quien se lava las manos ante un problema de difícil solución.

Sin embargo, el departamento movilizó sus estructuras después que la prensa expusiera la situación, y anunció con bombos y platillos que emitiría pagos de emergencia a favor de los educandos.

Son unos 3 mil dólares que estarán disponibles en 57 oficinas regionales como una tabla de salvación temporal, con la cual podrán sortear sus necesidades básicas o aliviar el peso que recaía sobre economías personales maltrechas por la crisis y el desempleo.

Desgraciadamente, los retrasos estaban obligando a demasiados veteranos a pedir préstamos o buscar otros tipos de ayuda financiera para pagar una educación que les habíamos prometido, lamentó la presidenta de la Cámara de Representantes del Congreso, Nancy Pelosi. La líder demócrata se manifestó satisfecha de la solución encontrada por la oficina de atención a los veteranos, y la mayoría ve con buenos ojos la medida, pero algunos ya sufrieron tantas decepciones que se mantienen escépticos.

El veterano de la Armada y estudiante de la Universidad Estatal de Ohio, Jeff Kohler, cuenta con el próximo pago para mantenerse a flote hasta que reciba el monto total de los beneficios prometidos, pues su tarjeta de crédito no aguanta más pagos de libros y pensiones.

“Yo he estado costeando la renta de mi bolsillo, he tenido que sacar préstamos y recurrir a la ayuda de mis familiares y amigos, pero ahora pienso cubrir, por lo menos, el alquiler de octubre”, describe Elizabeth Lemerande, de la Universidad de Piamonte, en Georgia.

Pero no todos opinan igual. Los veteranos Alex Higa y Aaron Traphagen se cuestionan a estas alturas si valdrá la pena tomarse la molestia de exigir el dinero o si no enfrentarán mayores complicaciones por aceptar esa ayuda al Estado.

“Con la acción rápida del VA, nuestros veteranos podrán enfocarse en sus estudios y dejar a un lado las tensiones”, señaló el secretario Eric Shinseki, cuando muchos se preguntan por qué hubo que llegar tan lejos para encontrar, al menos, esta solución pasajera.

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