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Simplemente le decíamos doña Aurora. Nació en 1931 en un pequeño poblado de la Sierra de Quechultenango, Guerrero. Al morir su esposo se trasladó a Acapulco en compañía de sus hijos.


Alejandro Martínez Carbajal

Eran los tiempos en que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) buscaba adeptos. Organizaron gente humilde y se aventuraron a invadir terrenos. Doña Aurora se unió a ellos. Le indiciaron que podía ubicarse en un terreno que correspondía a la parte alta, tal vez de la Colonia Altamira. Con los pocos ahorros que tenía, su hijo construyó una casa de bajareques.

Su hijo regresó a Quechultenango. Un día al pasar por la plaza dos grupos enemigos, de pistoleros, se enfrentaron a balazos. El muchacho quedó entre los dos fuegos, ambos grupos perforaron su cuerpo y le quitaron la vida. Doña Aurora quedó sin el apoyo fuerte de su hijo. Definitivamente decidió quedarse en Acapulco, en donde vivió más de 20 años.

La hija dejó o la dejó el marido y se encontró a otro. La hija y el segundo marido vivieron un corto tiempo con Doña Aurora y luego la abandonaron, sin que le prestaran ningún auxilio. Platicaba doña Aurora que cuando estuvieron juntas, su hija jamás le obsequió taco alguno de lo que comía.

Era muy trabajadora doña Aurora. Su especialidad era lavar y planchar ropa. A sus 78 años bajaba el cerro e iba a pie a la casa de sus amigos. Cada uno tenía señalado cierto día para que desarrollara su trabajo. A nosotros nos dedicaba el viernes. Nos platicó que en una ocasión se resbaló y rodó por el cerro, sin que se le haya quebrado ningún hueso, únicamente le quedaron los moretones. Siempre estaba en buenas condiciones de salud.

Era honrada a carta cabal, nunca nos robó nada. En el patio de la casa crece un árbol de carambola y si quería un par de frutas, pedía el permiso correspondiente. Juntaba latas, periódicos y los vendía. Entre lavar, planchar, vender latas y periódicos, vivía tranquilamente.

En su patio hizo una fosa séptica para su servicio; sembró árboles de mangos, limones y nanches. Con el primer vecino que tenía, llevaba una amistad correcta, nunca le robaba alguna fruta, si la quería se la pedía y con mucho gusto se la obsequiaba aquél.

Por cierto tiempo vivió con ella una nieta, a la que ayudó para que realizara sus estudios.

De sus pláticas deduzco que los líderes del PRD la visitaban para brindarle su apoyo en problemas que se le presentaban. Ellos fueron quienes la inscribieron para que cobrara la pensión de Adultos Mayores. Pero desde que entró Zeferino al Gobierno del Estado, los líderes la abandonaron a su suerte, esto le causó molestia y en la última elección ya no votó por ellos, lo hizo por el PRI.

El problema comenzó con el segundo marido de la hija o con ella. Quería quitarle las cosas que buenas personas le regalaban. Una vez nos dijo que le robaron 4 mil pesos y que estaba segura que el robo lo cometió alguna o alguno que conocía la casa y sabía el secreto de sus ahorros.

El buen vecino vendió su propiedad y se fue. El que llegó, abusó de su condición de hombre y le quitó la parte del terreno, donde tenía su fosa séptica. La condición de mujer, sola, sin el respaldo de nadie, le coartó el derecho del reclamo y la devolución. No valía el pequeño plano del terreno que poseía, demostraba que el pedazo hurtado era suyo, pero el prepotente vecino se burlaba de ella. Nadie la orientó para acudir a hacer valer sus derechos. Ésta fue la segunda afrenta sufrida en Acapulco.

Pero el más grande problema que se le presentó fue el haber dado en calidad de préstamo 20 mil pesos a un individuo, que únicamente le firmó un papel en donde hacía constar el préstamo y los intereses que le pagaría mensualmente. El primer tropiezo que tuvo con ese señor ocurrió al mes, cuando fue a cobrar sus intereses. Le dijo, ¡ni te doy los intereses ni te devolveré los 20 mil pesos! Esto la dejó triste por el resto de su vida. Últimamente supe que un abogado se encargaría de poner orden en el asunto.

Tal vez presentía algo, porque en varias ocasiones nos dijo que su mayor anhelo era vender su terrenito para irse a su tierra natal.

El viernes 18 de septiembre la esperamos para que lavara y planchara. Al no llegar, expresamos nuestra preocupación por si le habría pasado algo. El sábado 19 fuimos notificados que algunos vecinos suyos, al sentir un olor a podrido, avisaron a las autoridades de que algo ocurrió en esa vivienda. Las autoridades encontraron el cuerpo sin vida de doña Auroa, con unos cortes de navaja en sus manos y con una ropa envuelta de pies a cabeza. Esto significa que la hirieron y la ahogaron. La navaja la dejaron en el lugar del asesinato. Todos los muebles fueron registrados, esto hace suponer que buscaban algo. Pregunto: ¿Qué esperaban encontrar en la casa de una humilde trabajadora? A menos que sea el documento donde señalaba todo el terreno de su propiedad o el documento donde se daba fe que dio en calidad de préstamo 20 mil pesos.

Nos cuentan que la hija subió para identificar el cadáver y que rápidamente salió para no tener ninguna relación con su madre muerta. Su cadáver lo llevaron al Servicio Médico Forense, sin que tuviera noticias qué hicieron con él. Este asesinato no lo comentó ningún medio de comunicación. Claro, no era un caso asombroso, ¡no se trataba del asesinato de un diputado local del PRD!, se trataba de una humilde persona. Para la policía y las autoridades judiciales, el asesinato de doña Aurora no tiene ninguna importancia.