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En plena crisis financiera, el interés geopolítico de Estados Unidos tiene como objetivo afianzar su poderío regional, por lo que, con el establecimiento de siete bases estadunidenses en territorio colombiano, el gobierno de Barack Obama ha lanzado, de hecho, una virtual declaración de guerra a los países de América del Sur, recientemente integrados en la Unión de Naciones del Sur (Unasur), cuyo compromiso principal es la paz y la soberanía regional. Unasur, fundada el 23 de mayo de 2008 en Brasilia (Brasil), está formada por Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Uruguay, Surinam y Venezuela.

Bajo el argumento simplista de fortalecer la lucha contra el narcotráfico y la guerrilla, los gobiernos de Estados Unidos y de Colombia amenazan a más de 390 millones de habitantes del Sur del continente con la firma del acuerdo que conlleva el establecimiento de instalaciones en esa región. La intimidación estadunidense a Suramérica ha llamado la atención de varios intelectuales. Sobre este tema, Eduardo Galeano, en entrevista con el Observatorio Latinoamericano Cronicón.net, en Quito, Ecuador, el 10 de agosto pasado, poco después de la toma de posesión de Rafael Correa como presidente, expresó que la presencia estadunidense en bases militares de Colombia “no sólo ofende la dignidad de América Latina, sino también la inteligencia”. Por su parte, Noam Chomsky, en el transcurso de una conferencia ofrecida el lunes 24 de agosto de este año, en Caracas, advirtió que Estados Unidos siempre buscará una excusa para tener presencia en otros países, sobre todo en las regiones estratégicas que tengan fuentes energéticas adyacentes. Poco después, al hablar sobre el Plan Colombia, en entrevista con la analista Eva Golinger, el 28 de agosto, dijo que “hablar de soberanía colombiana es un chiste”.

Ante esta amenaza inminente, los países integrantes de la Unasur efectuaron una reunión extraordinaria en Bariloche, Argentina, el 28 de agosto pasado para analizar y formar un frente común, que sirvió también para consolidar este esfuerzo de integración suramericano.

Las bases

Existen diferentes cifras en torno a las bases estadunidenses en el planeta. La mayoría coinciden en que Estados Unidos cuenta con aproximadamente 1 mil 200 bases e instalaciones militares en diversas latitudes.

Sobre el tema, el coronel retirado del ejército estadunidense y colaborador de Foreign Policy In Focus, Daniel Smith, en el documento Despliegue militar estadounidense en el mundo, publicado en 2004, advierte desde entonces que las fuerzas de ese país tienen como misión prioritaria garantizar el suministro energético de la economía estadunidense, por lo que bajo la “doctrina Bush” el petróleo se convirtió en el catalizador de la guerra preventiva.

Smith da a conocer que uno de los criterios básicos utilizados por el ejército de Estados Unidos es evaluar el tiempo necesario para desplegar un equipo de combate de una brigada pesada del ejército, por mar, hasta las zonas potenciales de conflicto. Señala que un programa propuesto por el secretario de Defensa durante el régimen de George Bush, Donald Rumsfeld, pretendió lograrlo en un tiempo límite de 10-30-30: 10 días para mover las tropas a cualquier lugar del mundo, 30 días para derrotar al enemigo y 30 días para estar listos para otra guerra.

Por su parte, el general brigadier del Ejército Mexicano, José Francisco Gallardo, posdoctorante en estudios latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en su artículo “Expansión y bases militares de Estados Unidos en el mundo y la OTAN”, publicado en noviembre de 2008, da a conocer que “las fuerzas armadas combinadas de Estados Unidos, que superan los 2 millones de efectivos, esparcidos en los cinco continentes, son las que poseen el mejor y más sofisticado equipamiento, la óptima tecnología, el mejor entrenamiento y, por si fuera poco, sus soldados todos son profesionales y los mejor pagados del planeta”. Subraya que “necesitan sumarse cinco fuerzas armadas de las más potentes del mundo para igualar el poder militar estadunidense”. Además, informa que el Pentágono posee 32 mil 327 cuarteles, hangares, hospitales y otros edificios en sus bases en el extranjero y renta 16 mil 527 instalaciones, para lo que, durante el año fiscal 2005-2006, se contrató para esos enclaves a 1 millón de personas.

En América, continúa el general mexicano, las bases están bajo la jurisdicción del Comando Sur –así como la IV Flota Naval, con lo cual se abarca desde Guatemala y Belice hasta el Polo Sur–, Cuba incluida. Afirma el general Gallardo que el golpe perpetrado a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el primero de marzo de 2008 en Sucumbíos, Ecuador, es la muestra de las operaciones que efectúa este comando.

Continúa Gallardo: “Este destacamento militar le es indispensable a Estados Unidos para garantizar la seguridad de sus intereses en la región, y controlar el acceso a los recursos estratégicos tales como el petróleo y las reservas de agua dulce de la Amazonia y del Guaraní, entre otros”.

Detalla que “lo más sorprendente es su capacidad de bombardeo, pues se sabe que cualquier punto de la tierra puede ser atacado por un avión estadunidense en menos de 90 minutos, despegando de un portaviones. Un ataque de esa naturaleza, ordenado por el presidente de Estados Unidos, podría ocurrir sin que una aeronave supersónica necesitara aterrizar en tierra o reabastecerse”.

Lo que está en juego

Hasta ahora, poco se sabe de los detalles del nuevo convenio militar entre Colombia y Estados Unidos, pero se conoce que en el Pacífico operarán las bases de Cartagena, Larandia, Tolemaida y Málaga, mientras que en el Atlántico funcionarán las de Apiay, Palanquero y Malambo.

Hugo Chávez, presidente de Venezuela, atrajo la atención sobre el llamado libro blanco de Estados Unidos, un documento público sobre Defensa, en el que se definen los alcances de las bases hacia otros países. El documento fue leído en la reunión de Unasur por el presidente venezolano, quien destacó el punto 12 del texto, donde se afirma que con el apoyo del Comando de Movilidad Aérea y el Comando de Transporte, el Comando Sur ha identificado Palanquero, a partir de la cual cerca de la mitad del continente puede cubrirse con un C-17 (avión gigantesco que fabrica la Boeing) sin reabastecimiento. Este texto, comprensiblemente, causó gran preocupación en los mandatarios de la región.

Por su parte, el intelectual y analista colombiano Renán Vega, en su artículo “¡El Caín de América Latina!”, publicado por Rebelión.org el 31 de agosto de 2009, señala que el régimen colombiano se ha convertido en la cuña que Estados Unidos utiliza para eliminar a la Unasur, e impedir que la mayor parte de los países de Suramérica logre concertar una política común de defensa.

Vega informa que “el 20 de julio, el mismo día en que Uribe anunciaba el comienzo de la celebración del bicentenario de la “independencia” nacional, se presentaron dos hechos que permiten comprender el juego del gobierno colombiano contra las nuevas democracias de la región: en el aeropuerto de la ciudad de Cartagena se salieron de la pista dos aviones de combate de fabricación israelí, pertenecientes a las Fuerzas Aéreas Colombianas, conducidos por pilotos mercenarios de Israel; y en altas horas de la noche en la Casa de Nariño, Álvaro Uribe Vélez recibió a una delegación del gobierno dictatorial de Honduras”.

Vega agrega que “la prioridad inmediata para el imperialismo estadunidense radica en apoderarse de los recursos vitales que se encuentran en el corazón del continente, como son el petróleo de Venezuela y Ecuador, el gas de Bolivia, los minerales y recursos forestales de la selva amazónica, el agua del acuífero guaraní y la biodiversidad y riquezas naturales e hídricas de Colombia”.

El académico colombiano insiste en que “no se necesita ser ningún experto militar para constatar que se está cercando con un anillo bélico a Venezuela”, y agrega que “esto ya estaba bosquejado cuando hace una década se diseñó el mal llamado Plan Colombia”.

Vega especifica que se trata también de “desarticular los gobiernos de izquierda de América Latina e impedir los proyectos de unidad latinoamericana: la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, el Mercado Común del Sur y por último de la Unión de Naciones Suramericanas”.

Cabe agregar que en realidad Brasil será uno de los principales afectados con la próxima instalación de las bases, debido a los recientes descubrimientos de yacimientos petrolíferos calculados en casi 80 mil millones de barriles de crudo, con lo cual este país se coloca entre los mayores productores de petróleo del mundo. De hecho, el presidente Lula anunció apenas el 2 de septiembre de 2009 la creación de una nueva empresa petrolera que se llamará Petrosal.

Las posiciones

Brasil. Como es lógico, la diplomacia brasileña, consciente de que el despliegue del Comando Sur va contra sus intereses, ha formulado una pregunta incómoda: “Si el presidente Álvaro Uribe asegura que las FARC están muy disminuidas y al borde de la aniquilación, ¿cómo se justifica el incremento de la presencia militar estadunidense?”. Evidentemente el objetivo no son las FARC ni el narcotráfico, sino la intensificación del control del continente y de las rutas que se dirigen hacia África, según el informe 2009 del “Global En Route Strategy”, como lo cita el investigador Raúl Zibechi en su trabajo Imperio, bases y acumulación por desposesión. La amenaza a la seguridad de Brasil ha llevado a su presidente a exigir al gobierno de Colombia garantías por escrito sobre su acuerdo con Estados Unidos.

Venezuela. Su presidente, Hugo Chávez, ha alertado sobre “los vientos de guerra que comienzan a soplar en la región” tras la instalación de las bases. Entre las razones que ha presentado Venezuela para oponerse a la instalación de tropas y equipos militares estadunidenses en bases colombianas, están la violación del espacio aéreo de su nación y las tareas de espionaje que podrían realizarse y que colocarían a su país en una situación de vulnerabilidad. El presidente venezolano ha alertado que Estados Unidos será el que tome el mando de las acciones militares en Colombia, ya que ni Uribe podría controlarlas. En la reunión de la Unasur, el mandatario venezolano propuso la creación de una comitiva “que se ocupe de una iniciativa para la paz en Colombia”, y enfatizó el papel estratégico que se otorga a Palanquero, una de las nuevas siete bases yanquis, en el documento que analiza la proyección del poder militar aéreo hegemónico de Estados Unidos en la región.

Bolivia. El presidente Evo Morales afirmó que Estados Unidos quiere usar bases militares en Colombia contra los “procesos revolucionarios que se gestan en América” y no para combatir a las FARC o al narcotráfico, como se ha pretendido hacer entender. En la cumbre extraordinaria en Bariloche, el presidente boliviano expresó la posición más dura, pues solicitó una negativa total a la instalación de bases militares extranjeras en la región.

Ecuador. El presidente Rafael Correa calificó como un peligro y una preocupación para la región la presencia de militares estadunidenses en las bases de Colombia. Al respecto, el también presidente pro tempore de Unasur indicó que su país es uno de los que más sufre las consecuencias de un problema que no es de ellos, al compartir frontera con una nación “que se desangra en una guerra civil de hace 50 años, siete años de fumigaciones, bombardeos y 300 mil desplazados”. Correa demolió las justificaciones que intentó dar Uribe a las nuevas bases, demostró el fracaso del Plan Colombia en su intento de contener el narcotráfico y subrayó la eficacia de Venezuela, Bolivia y Ecuador en la lucha contra ese flagelo a partir de que expulsaron a la Drug Enforcement Agency de sus países.

Finalmente, los jefes de Estado y de gobierno de la Unasur, reunidos el 28 de agosto de 2009 en San Carlos de Bariloche, Argentina, acordaron en la declaración final:

Insistir en que uno de los objetivos de Unasur es “la solución pacífica de las controversias”.

Reiterar su compromiso en impedir “la injerencia en la soberanía de los pueblos latinoamericanos” y manifestaron su deseo de fortalecer la región como una zona de paz.

Ratificar “que la presencia de fuerzas militares extranjeras no puede amenazar la paz y la seguridad de la región”, por ello, decidieron “instruir al consejo suramericano para que analice el libro blanco y realice una verificación de la situación en la frontera”.

Instruir al Consejo de Defensa, integrado por los ministros de Defensa y Relaciones Exteriores de los países integrantes, a diseñar una estrategia de seguridad y garantías para la zona durante la reunión del Consejo de Defensa que se celebrará este mes de septiembre de 2009.

Aceptar una propuesta para solicitar una reunión con el presidente estadunidense, Barack Obama.

Como reflexión final, cabe constatar que en los lugares en donde intervienen de manera directa las tropas de Estados Unidos, en lugar de disminuir el narcotráfico se incrementa, como es el caso innegable de Colombia y Afganistán y México, en los cuales se ha disparado la producción y exportación de narcóticos. A este respecto, y sin ánimo de considerarlo un chiste en razón de las palabras de Noam Chomsky arriba citadas, ¿cuántas bases americanas se necesitarían en México para controlar el tráfico de drogas y los constantes enfrentamientos con las bandas criminales que ya han causado 14 mil ejecuciones en el sexenio de Felipe Calderón? Por lo pronto, este país ya cuenta con el Plan Mérida, una versión reloaded del Plan Colombia.

*Doctor en derecho de la cooperación internacional por la Universidad de Tolouse I, Francia


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