Estragos del cambio climático

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El cambio climático es reconocido como un fenómeno del que su existencia ya no es cuestionable, luego de años de disputas entre organizaciones ambientalistas y gobiernos de los países desarrollados, principales emisores de contaminantes a la atmósfera. Sin embargo, el tiempo se agota para salvar ecosistemas. Las medidas para frenar el deterioro ambiental podrían llegar demasiado tarde. En el sureste asiático, la hecatombe ecológica es más visible: decenas de islas han sido tragadas por los océanos. En 10 años, podrían correr la misma suerte varias centenas más

Susana Ugarte / Prensa Latina

Hanoi, Vietnam. Los países del sureste asiático ven con creciente preocupación la falta de consenso aún prevaleciente para la toma de decisiones frente a los cambios climáticos en ocasión de la próxima cumbre convocada para Copenhague por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La economía regional sufrirá más afectaciones del calentamiento del planeta que las de otras partes del mundo, según un estudio del Banco Asiático para el Desarrollo (BAD).

La investigación del BAD fue realizada en cinco Estados del área: Indonesia, Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam.

De no tomarse medidas para enfrentar tal perspectiva, esas naciones sufrirán a partir de 2100 una pérdida anual de 2.2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), cifra que duplica el promedio mundial, estima el documento.

Las pérdidas podrán ascender a 5.7 por ciento del PIB si se toman en cuenta otros factores como la salud y los sistemas económicos, y a 6.7 por ciento de contemplarse los riesgos de desastres naturales.

El calentamiento de la tierra viene afectando gravemente a la industria exportadora de los países de esta región, afirma el estudio.

El Sureste de Asia comprende a 10 estados, ubicados todos en una zona tropical, que por cierto se expande por el mundo al conjuro del cambio climático.

Según expertos de la universidad australiana James Cook, se calcula que el trópico se ha extendido unos 500 kilómetros en los últimos 25 años.

La situación tampoco resulta alentadora para los vecinos sureños del continente, que firmaron una reciente declaración conjunta en Katmandú, Nepal, en la que admitieron su vulnerabilidad ante la negativa evolución del clima y pidieron ayuda financiera y recursos a los países desarrollados para combatir el fenómeno.

La solución radica en lograr lo imposible

Ya nadie osa negar que el planeta se está calentando, pero tampoco pueden predecir las consecuencias finales de esa realidad, mientras el enredo de relaciones entre sus moradores provoca que las especies hasta ahora seguras se vean en peligro al compás de la acción del hombre que enrarece la atmósfera con los gases que genera.

Al mismo tiempo, las más disímiles voces proclaman que la reducción de las emisiones constituye la respuesta más realista, pero todavía está por verse algo que pueda detener el cambio, un flagelo que ha sido mucho más fácil provocar.

La incompatibilidad de los intereses de los países y regiones ha dado al traste con cuanto buen intento ha surgido, el último de ellos el protocolo de Kyoto.

Desde la cumbre de La Haya de 2000, las diferencias en torno el acuerdo de Kyoto eran ostensibles, e incluso no pocas potencias industriales querían comprar los derechos de emisión de las naciones pobres, tal fue el caso de Estados Unidos.

Ahora, el presidente norteamericano, Barack Obama, ha declarado que pocos retos enfrenta su país tan urgentes como el cambio climático, y prometió un nuevo capítulo del papel de Washington en la lucha contra esa gran amenaza.

Ahora bien, al margen de los diferentes enfoques económicos y ecológicos del problema, otros factores inciden también en su gravedad.

Un muy reciente encuentro en Ginebra reunió a 150 países para debatir cómo multiplicar la información para que la humanidad pueda encarar el cambio climático y los desastres naturales que genera.

Desde inundaciones hasta sequías e incendios, terremotos y volcanes, el efecto invernadero retiene cada vez más el calor en la Tierra y aumenta esos fenómenos, sus alaridos de dolor.

“Lo que necesitamos es un sistema formal confiable para todas las personas, a fin de que puedan acceder a información vital y salvar su vida y proteger la propiedad y la economía”, dijo Marcel Jarraud, secretario general de la Organización Mundial de Meteorología, anfitriona de la cita.

A su vez, la enviada especial de Naciones Unidas para el Cambio Climático, Gro Harlem Brundtland, recordó que muchas situaciones de hambruna, epidemias y desplazamientos forzados están asociados al auge de la frecuencia e intensidad de los desastres naturales por causa del calentamiento global.

Aunque no se trata de un evento vinculado a la cumbre sobre cambio climático convocada por la ONU del 7 al 18 de diciembre próximo en Copenhague, se espera que sus resultados ayuden a alcanzar un acuerdo en esa decisiva reunión, foco de atención mundial porque se quiere sellar un nuevo tratado en reemplazo del de Kyoto.

Al margen de la conferencia, no pocos expertos comentaron a poderosos delegados a manera de advertencia: si los oídos siguen sordos, peor será el clima y no sólo las economías, sino la propia supervivencia humana peligrará.

Retornando al sureste asiático

Apenas dos ejemplos de los cinco países estudiados por el BAD bastan para prever la posible dimensión de las consecuencias del cambio climático.

En la elevación del nivel del mar radica uno de los mayores peligros que ya azotan a Vietnam.

Si la temperatura mundial aumenta dos grados centígrados y el mar sube un metro, se inundará un 90 por ciento de la extensión agrícola del Delta del Río Mekong, alertaron expertos vietnamitas y extranjeros.

Especialistas y autoridades ambientales coinciden con científicos foráneos al estimar también que un tercio del medio natural en el territorio vietnamita desaparecerá si el nivel medio de la superficie del mar aumenta un metro comparado con su actual altura.

El Instituto Nacional de Meteorología, Hidrología y Medio Ambiente llamó la atención sobre cinco amenazas: decrecimiento de la productividad agrícola, mayor escasez de agua y variabilidad del clima, destrucción del sistema ecológico y propagación de enfermedades.

Según el Mnisterio de Agricultura y Desarrollo Rural, en los últimos 10 años el cambio climático ha provocado continuas inundaciones y sequías en las tres regiones del territorio de Vietnam, dejando graves daños personales y materiales. Las estadísticas oficiales indican que los estragos ocasionados por fenómenos naturales representan un 1.5 por ciento anual del Producto Interno Bruto del país.

En la actualidad, más de 2 millones de hectáreas de tierra agrícola del área del Mekong fueron afectadas por la salinidad debida a la penetración del mar hasta unos 70 kilómetros tierra adentro; y 1 millón 600 mil hectáreas están deterioradas por el alumbre, la erosión de su superficie y la disminución de la diversidad biológica.

La temperatura de la nación indochina aumentará 2.3 grados centígrados en este siglo, según prevé un estudio del Ministerio de Recursos Naturales y Medio Ambiente.

Teniendo en cuenta el efecto invernadero, esa investigación estima que el nivel del mar se elevará 30 centímetros a mediados de la actual centuria y otros 75 centímetros de cara al siglo XXII.

Un estudio publicado a principios de 2009 por el Programa de la ONU para el Desarrollo señala a Vietnam como uno de los cinco países más afectados por los cambios climáticos, especialmente el calentamiento del planeta.

Otro caso es Indonesia, el mayor archipiélago del mundo, asentado en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico.

Esa nación intenta hoy día aclarar las cuentas sobre el número de islas que conforman el país, estimadas hasta ahora en unas 17 mil, pero se teme que sean menos.

Lo cierto es que los últimos datos oficiales fijaban su número en 17 mil 480, pero las autoridades indonesias admitieron que pueden resultar unas 2 mil menos.

Para los expertos locales, el cambio climático, la actividad humana y los antojos de la geografía llevaron al gobierno a recontar las ínsulas de esa república.

Según el ministro de Asuntos Marinos y Pesca, Freddy Numberi, los manglares y los atolones no son islas, y también algunas se han sumergido últimamente. Tiene que haber menos de las que habíamos calculado previamente, dijo el funcionario.

La imbricada geografía de Indonesia se extiende por mas de 5 mil 300 kilómetros y sólo están poblados unos 6 mil territorios insulares, mientras permanecen casi vírgenes otros remotos de formación volcánica o coralina, y cierto número no corresponde a la definición de isla de Naciones Unidas.

Junto a la acción del hombre, apuntó el ministro, otros elementos geográficos han desaparecido debido a la subida del nivel del mar y la degradación medioambiental.

El mar de Java se ha tragado unas cuantas de las afamadas perlas (pequeñas ínsulas) de la bahía de Yakarta.

Se calcula que varias decenas más se han sumergido a lo largo y ancho del territorio indonesio, y es real el temor de que centenares más puedan desaparecer durante este siglo.

Según la ONU, el nivel de los océanos podría elevarse hasta un metro en 2100, debido al cambio climático, causante del deshielo acelerado de los polos y glaciares y que altera las estaciones.

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