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La población civil sufre la inseguridad por la ineficacia policiaca y los excesos militares, sobreviviendo a salto de mata, rodeando cadáveres, pisando charcos de sangre e interponiendo quejas ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la Procuraduría General de la República (PGR) y otras instancias, sin que sirvan las recomendaciones ni avancen las investigaciones ante los ministerios públicos federales.

Y víctimas de la denegación de justicia y la negligencia de los funcionarios judiciales, se enfrentan a la realidad de sobornar a jueces, magistrados y ministros, para que quien da más recibe resoluciones favorables sin tener, conforme a derecho positivo y con pruebas, la razón jurídica de su parte.

La parcialidad, corrupción y tráfico de influencias han convertido a los tribunales en lo que Orozco plasmó –en su mural en la Suprema Corte–, en un burdel-prostíbulo donde la diosa de la Justicia es una madona con los senos al aire, ebria y penetrada por las injusticias.

Han cambiado de uniforme las policías y hasta de nombre, pero continúan siendo prolongación de las delincuencias. Constantemente están involucrados, como un intercambio de papeles, policías y ladrones, de cuya espantosa unión se desprenden historias dramáticas de secuestros, levantones, homicidios… asaltos a domicilios civiles, sin la debida orden de cateo y sin la menor consideración para sus habitantes y resultando, en su mayoría, intervenciones ilegales sin causa e invasiones aterradoras con metralletas, con tropa preparada para la guerra y a horas cuando duermen familias inocentes.

Son abusos de soldados, de cuyos actos y omisiones es directamente responsable el jefe nato del Ejército, quien los ha utilizado para combatir al narcotráfico y demás delincuentes; son militares que no están preparados para desempeñarse cuidadosamente. Y por esto es que hay miles de quejas contra ellos, sin que sepamos si han sido sancionados intramuros de la Secretaría de la Defensa, ya que el fuero militar los pone al margen de la justicia civil; esta protección escandaliza a la opinión pública nativa e internacional, dando origen a protestas por esos abusos.

Para nadie es secreto que detrás de la Presidencia de Calderón existe un poder dual: el que ejercen Genaro García Luna y Luis Cárdenas Palomino, cabezas de la Secretaría de Seguridad Pública Federal (SSP) y sus tentáculos (en plena batalla contra las instituciones policiacas y judiciales del gobierno del Distrito Federal, como parte del enfrentamiento entre Ebrard y Calderón).

Miles de millones de pesos sin control, sin rendición de cuentas, entrega Calderón a García-Luna-Cárdenas-Palomino. Desde el inicio calderonista, esa dependencia recibe a manos llenas un presupuesto que ha ido en aumento desde 2006. La nota de Eduardo Jardón (El Financiero, 24 de agosto de 2009), muestra cómo cada año, a partir del ascenso de Calderón, la SSP ha visto generosos aumentos.

Al fijar el nuevo presupuesto de gasto, se prevé que García Luna reciba más de 32 mil millones de pesos, sin que se note su eficacia, con todo y que éstos no pierden oportunidad de lucir los pocos logros, como si fueran algo más que el cumplimiento de sus obligaciones.

Poder tras el trono presidencial, ya que ninguna crítica penetra a la actuación de estos dos, los cuales son defendidos a capa y espada por el señor Calderón.

Éste llegó al extremo de censurar a las organizaciones ciudadanas que insisten en no quitar el dedo del renglón, criticando los magros resultados contra la inseguridad. Desde el “¡no tienen madre!”, hasta el “¡si no pueden, renuncien!”, han desafiado la ineficacia militar y policiaca. La nota referida recoge la encuesta Mitofsky, donde se establece que dos de cada tres mexicanos consideraran que la inseguridad está peor que hace un año. Y los reportes internacionales, del todo creíbles, ponen a nuestro país al borde de todos los desastres, por la inseguridad.

No basta con el apoyo multimillonario a los dos panistas-calderonistas, ya que lo importante es que con esos recursos al menos la inseguridad hubiera sufrido severas limitaciones. Y es hora que los mexicanos no vemos la salida del túnel, en cuyo interior hay una guerra policiaco militar contra sicarios del narcotráfico, donde mueren de ambas partes y los detenidos y presentados como cabezas de los cárteles, resultan delincuentes menores, mientras los grandes capos continúan controlando y enriqueciéndose con la venta de drogas, dentro y fuera del país.

Escuchamos discursos del poder tras el trono de García Luna, y Cárdenas Palomino protagoniza aprehensiones de secuestradores, pero la nación no ve el final de la sangrienta inseguridad. Ambos jefes policiacos usan a la revista Proceso como aliada del narcotráfico y sus reportajes como pruebas, para enlodar a los medios de comunicación con toda la mala fe de que son capaces.

Y en medio de todo eso, el pleito a muerte de Luis y Genaro contra la PGR, que sería lo de menos, ya que mantienen su enfrentamiento con los soldados, en lugar de sellar la unión de las fuerzas para combatir a un enemigo que, tres años después, ha demostrado que está preparado para resistir defensiva y ofensivamente.

Cada día que hay un promedio de 20 y hasta 30 homicidios, cuando bien le va al país, ya que llegan hasta 60, entre militares, policías y delincuentes, que son privados de la vida. Y las cárceles se llenan hasta desbordarse por delincuentes procesados que siguen desde sus celdas dirigiendo a sus bandas y sirviendo al narcotráfico.

Existen varios domicilios con detenidos bajo arraigo. Se construyen más cárceles de alta seguridad, de donde escapan, tras haber entrado como Juan por su casa, donde tienen privilegios, complicidades y salen con amparos por las pésimas averiguaciones de los ministerios públicos federales.

La lucha contra la delincuencia organizada es un círculo vicioso, sin resultados. Y los soldados andan fuera de sus cuarteles. En tanto, la población civil está muy asustada, con crímenes de mujeres, perversión sexual contra niños, tráfico de personas, asesinato de políticos, toda clase de delitos contra periodistas… en suma, una creciente ola de violencia contra mexicanos inermes en una atmósfera de venta de armas a discreción, utilizadas para matar, de día y de noche, con cualquier pretexto.

La inseguridad nacional es pavorosa. Y se da toda clase de delitos. Genaro García Luna y Luis Cárdenas Palomino, que están muy cerca del poder presidencial y a los que Calderón ha protegido contra viento y marea, no han dado resultados. En cambio, reciben toneladas de dinero para su ineficacia. Pueden seguir siendo el poder tras el trono presidencial, pero lo que le interesa a la sociedad es que rindan cuentas económicas y policiacas, que sean eficaces. Que entiendan los mensajes sintetizados en las frases: “¡No tienen madre!” y “¡si no pueden, renuncien!”

cepedaneri@prodigy.net.mx

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