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Todos los organismos de inteligencia de Estados Unidos son utilizados en la vigilancia de la frontera con México. A pesar de esto y de que existen acuerdos bilaterales de intercambio de información, persiste el flujo de drogas y armas, el tráfico de personas y la violencia

Cada vez que un ciudadano mexicano muestra su pasaporte, visa, green card, licencia de conducir, tarjeta de cruce de frontera o un permiso de internamiento a un agente estadunidense que opera en una garita, se activan las alertas del Departamento de Seguridad Interior (DSI, creado en 2003). Además de someterlo a un riguroso escrutinio biométrico, ponen en marcha los mecanismos de inteligencia y coordinación de las agencias de inteligencia federales, estatales y locales a lo largo de los 3 mil 200 kilómetros de la frontera común entre México y Estados Unidos.

Si el migrante no tiene documentos migratorios y su ingreso a Estados Unidos ocurre de modo furtivo, será objeto de la decena de disposiciones fronterizas que en marzo anunció la administración de Obama en voz de la secretaria Janet Napolitano. Estas disposiciones son: el despliegue de 12 unidades caninas, duplicar el número de agentes policiales a cargo de la sección de delitos de alta violencia en esa zona (y que sólo ese mes arrojó 2 mil detenciones). Desde entonces, el DSI triplicó el número de analistas en inteligencia ubicados en el sector suroeste de la frontera y aumentó “en 50 el número de agentes de inmigración que trabajarán con la Procuraduría General de la República” para contener ese flujo ilegal.

Esa estrategia se aplica en cada cruce fronterizo a pesar de que a partir de marzo de 2005 el gobierno mexicano es parte de la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN), destinada a “fortalecer la confianza trinacional en el ámbito comercial, financiero y de inteligencia”, señala el especialista en inteligencia y contraterrorismo estadunidense Mark A Randol en su análisis Inteligencia en la seguridad interior: operaciones y vigilancia, destinado al Congreso estadunidense.

Y mientras el 21 de julio pasado la Segunda Comisión Permanente del Senado aprobaba un dictamen para solicitar a la Secretaría de Relaciones Exteriores una estrategia que “haga frente a las violaciones a los derechos humanos de los trabajadores migratorios mexicanos de forma efectiva y decidida”, en los últimos seis meses las agencias de inteligencia estadunidenses intensificaron su trabajo de colección y diseminación de información de inteligencia en todo su territorio, “incluidas la frontera sur y norte”, describe el analista.

Por ejemplo, en marzo el Departamento de Seguridad Interior fortaleció su tecnología para identificación fronteriza al emplazar equipos biométricos que agilizan la toma de huellas dactilares e identificación de sospechosos; desplegó 12 equipos de unidades caninas que asisten a las que ya operan en la zona y que detectan explosivos, armas y dinero en efectivo.

Además de su tarea con los migrantes mexicanos, el DSI apuntaló desde el primer trimestre de 2009 la operación Armas Cruzadas –contra el tráfico de armas provenientes del norte hacia México– y confiscó 997 armas de fuego y 4 mil 500 millones de dólares. Se trata de la asociación entre autoridades estadunidenses y mexicanas para compartir inteligencia, con miras a identificar, desbaratar y desmantelar las redes transfronterizas de contrabando de armas. Además, pone en marcha a la Fuerza de Tarea Virtual de Armas, una comunidad en línea adonde analistas de ambos países comparten información y se comunican en un medio seguro.

La Operación Firewall combate el contrabando de grandes cantidades de dinero en efectivo, uno de los métodos usados por el crimen trasnacional para mover los beneficios de sus actividades y financiar operaciones a futuro. Ese operativo dificulta la transferencia de fondos ilícitos entre bancos y otras instituciones financieras.

José María Ramos, doctor en ciencias políticas y sociología, manifiesta que el sistema de inteligencia de Estados Unidos ha mejorado a partir de 2006. A pesar de ese avance, sus problemas tradicionales han sido “la descoordinación, la falta de visión estratégica, desconocimiento de las amenazas reales y de la diversidad de estrategias del crimen organizado”, por lo que las drogas siguen cruzando al país del norte, describe.

El especialista en relaciones México-Estados Unidos de El Colegio de la Frontera Norte explica las acciones de intercambio en inteligencia fronteriza que ahora aplica la administración de Obama, como el despliegue de tres equipos de “respuesta móvil”, la lectura ágil de placas de los vehículos que cruzan la frontera y la asignación de 60 millones de dólares adicionales al presupuesto original del operativo Stone Garden para pagar más personal, tiempo extra de trabajo y su traslado en 13 estados fronterizos del sur estadunidense.

Además de que ya se contempla que la Guardia Nacional participe en operativos de seguridad fronteriza, en junio pasado entró en vigor la Iniciativa de Viaje del Hemisferio Occidental, que obliga a todas las personas a tener un documento de ingreso para Estados Unidos. A través de la instalación del sistema de identificación por radiofrecuencia se detecta la autenticidad de los documentos migratorios en todas las rutas de acceso; esa iniciativa es una de las herencias en materia de inteligencia de la administración de Bush a su sucesor Barack Obama.

Vigilancia expansiva

Estas acciones buscan alcanzar el principal objetivo del DSI: “Prevenir ataques terroristas dentro de Estados Unidos, reducir su vulnerabilidad, minimizar daños y asistir en la recuperación de ataques”. Por ello, desde su origen en 2003, es miembro de la Comunidad de Inteligencia (CI), que conforman, entre otras, la Oficina del Director de Inteligencia Central, la Agencia Central de Inteligencia, la Agencia Nacional de Seguridad, la Agencia de Inteligencia para la Defensa, la Oficina Central de Imágenes y la Agencia Nacional de Reconocimiento.

Además de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), participan las áreas de inteligencia de la Marina, de la Fuerza Aérea, de la Infantería de Marina, del Departamento de Energía, de Justicia (a través de la Administración de Control de Drogas), la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial y otras instancias federales, estatales, locales “y tribales” según su marco legal.

Tras su reorganización –conocida como Revisión de la segunda fase o 2SR– en julio de 2005, el DSI fortaleció su Oficina de Inteligencia y Análisis con el encargo de coordinar, fusionar y analizar su trabajo con la CI y creó la Subsecretaría para la Inteligencia y Análisis que opera con seis componentes operacionales: el Servicio de Aduana y Protección Fronteriza (CBP), el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), los Servicios de Ciudadanía e Inmigración (USCIS), la Administración de Seguridad en el Transporte, la Guardia Costera y el Servicio Secreto.

Todas esas agencias y servicios reúnen y comparten información de inteligencia que se origina en las fronteras norte y sur estadunidenses, y que también procede de sus socios canadienses y mexicanos con los que colabora. Esa compleja estructura mantiene los programas que aprobó la administración de Bush y que continuarán hasta la próxima gestión en 2010 cuando los funcionarios de Barack Obama logren imprimir su propio sello.

En su análisis Inteligencia en la Seguridad Interior: operaciones y vigilancia (Homeland security intel: operations and oversight), un documento de 52 páginas, el especialista en inteligencia interior y contraterrorismo Mark A Randol refiere que en diciembre de 2009 el Congreso decidirá el avance o retraso en la consolidación de la seguridad interior estadunidense. Esto sucederá a partir de su evaluación de cómo comparten la información de inteligencia esas agencias y si ésta apoya a “los gobiernos estatales, locales, tribales y al sector privado”, como lo recomendó la Ley que obliga a aplicar las Recomendaciones de la Comisión del 9/11 de 2007.

Además, los legisladores esperan conocer el balance de la primera Revisión cuatrianual de seguridad interna del Departamento de Seguridad Interior y que será pública en octubre, para considerar el presupuesto de esa dependencia, por primera vez bajo una administración demócrata.

Entretanto, la Oficina General de Contabilidad estadunidense (GAO, por sus siglas en inglés) aumentó a 2 mil 200 el número de agentes de la CBP para superar en más del doble a su personal de 9 mil a 20 mil elementos como confirmó Gene L Dodaro, el actual contralor general y jefe de la GAO.

Frontera espiada

Son numerosos y variados los programas, centros, agencias y servicios federales que aplican sistemas de inteligencia para evitar posibles amenazas desde México a través de la frontera común. El estudio de Randol describe cuáles son los más representativos. Uno de ellos es el Programa de Inteligencia Fronteriza, creado para incrementar el personal e infraestructura del Departamento de Seguridad Interior a través del Equipo de Apoyo de Inteligencia Interior, que se desplegó por primera vez en 2008 en El Paso Texas, y lo integran oficiales de inteligencia que coordinan y facilitan la entrega de inteligencia fronteriza.

También provee información de contexto a los analistas de, al menos, 15 agencias de la Comunidad de Inteligencia sobre: contrabando de extranjeros, violencia fronteriza, tráfico de armas, finanzas ilícitas, tráfico de drogas y los nexos entre crimen y terrorismo. Su sede es el Centro de Inteligencia de El Paso y su personal aumentó de tres analistas en frontera en 2005 a 3 mil 563 en 2008.

Probablemente, el CBP es una de las dependencias federales cuya actividad es más conocida en México. Su misión es asegurar las fronteras terrestres y puertos de entrada; se reformó en 2003 en el marco de la Ley de Seguridad Interior de 2002 para consolidar las funciones de inspección y patrullaje del antiguo Servicio de Aduanas y del Servicio de Inmigración y Naturalización (INS). Su misión es prevenir la entrada de terroristas e instrumentos del terrorismo a Estados Unidos a través de la inmigración ilegal.

Su labor de inteligencia se centra en inspeccionar a personas y bienes para determinar si están autorizados para entrar a ese país; asimismo, sus oficiales y agentes interceptan narcóticos ilegales, armas de fuego, mercancía falsificada y todo tipo de contrabando, para lo que aplica más de 400 leyes y regulaciones en la frontera. De acuerdo con el investigador Randol, su trabajo de inteligencia está diseñado para reunir, procesar, producir y diseminar “toda fuente” de información e inteligencia que comparte con otras agencias gubernamentales y recibe información de agencias extranjeras de Estados aliados.

Asimismo, reúne y analiza datos provenientes de carga entrante en vuelos y revisa a pasajeros aéreos y de barcos por el Sistema de Información Avanzada de Pasajeros. En otra actividad de inspección fronteriza, los oficiales del CBP también examinan documentos, libros y otros materiales impresos, así como discos de computadora, discos duros y otros equipos y accesorios de almacenamiento digital o electrónico para evitar información riesgosa.

Otro organismo con actividad de inteligencia en la frontera que comparten México y Estados Unidos es el Centro de Inteligencia de Campo. Creado en 2004 en El Paso, Texas, éste detecta, disuade y prohíbe el ingreso a Estados Unidos de terroristas, de armas terroristas, traficantes de personas y contrabandistas. Se reorganizó en octubre de 2007 y su nombre cambió a Centro de Inteligencia de Campo Fronterizo; bajo su mandato operan: la Fuerza de Tarea Conjunta Norte del Departamento de Defensa y la FBI; el Grupo de Trabajo de Interdicción Bilateral con México, los Equipos de Inteligencia Fronteriza Integrada con Canadá y el Grupo Fronterizo Interagencia.

Respuesta a amenazas

Cuando se documenta un ingreso inexplicable de extranjeros desde un determinado país, el Servicio de Aduanas y Patrulla Fronteriza emite un aviso para intensificar la inspección sobre esas personas, denominado Operaciones Especiales de Conducción de Inteligencia.

Esa medida, que derivó de las lecciones tras los ataques de marzo de 2004 en Madrid, España, se basa en información de amenazas inmediatas y busca contrarrestar riesgos a futuro. Así, cualquier aumento en el intento de extranjeros por ingresar ilegalmente a Estados Unidos en contenedores de trenes y pasajeros a lo largo de la frontera sur, se resuelve asignando más oficiales y recursos a inspeccionar esos vagones.

El mayor organismo investigador del Departamento de Seguridad Interior es el servicio de Control a la Inmigración y Aduanas, formado en 2003. Incorporó las facultades investigativas del antiguo Servicio de Aduanas y del INS contra la introducción ilegal de bienes, el ingreso de terroristas y otros criminales que se internan por las fronteras del país. Igualmente, investiga violaciones de aduanas y a las leyes de inmigración, centrando su acción en la búsqueda de personas, dinero y materiales que apoyen el terrorismo y otras actividades que amenacen a la seguridad nacional.

Dispone a su servicio de las unidades: Contra Proliferación, Contrabando Humano y Seguridad Pública (HSPSU), la de Contrabando, Finanzas Públicas y Fraude Comercial e Inteligencia Internacional, así como del Centro de Inteligencia Táctica localizado en Bay Saint Louis, Mississippi. Su coordinación con la Agencia Nacional de Seguridad y el HSPSU integra y analiza señales de inteligencia para identificar nuevos blancos del contrabando humano.

Finalmente, la Célula de Inteligencia en Violencia Fronteriza (BVIC), creada en enero de 2008, provee inteligencia al ICE contra el tráfico de armas y a favor del combate contra la ola de violencia que hace dos años aumentó en la frontera con México. El BVIC se asoció con agencias de procuración de justicia mexicanas para intercambiar datos de inteligencia y con las que ejecuta las iniciativas Fuerza de Tarea de Control de Seguridad Fronterizo y los operativos Armas Cruzadas, así como Firewall.

En noviembre de 2008, el BVIC en colaboración con CBP produjo el informe EU: evaluación del contrabando de armas hacia el sur, que reveló la tendencia de trasladar al sur el contrabando de armas.

Contrabando y tráfico

En la madeja de organismos de vigilancia y control de la seguridad estadunidense, las actividades que realiza el Centro de Contrabando y Tráfico de Humanos son muy importantes a nivel de frontera. Creado en 2004, apoya al gobierno con información del contrabando humano, tráfico de humanos y las facilidades de que dispone la movilidad terrorista.

El Congreso lo estableció formalmente en la Ley de Reforma a la Inteligencia y en la Ley de Prevención al Terrorismo de ese año y es el contacto oficial para Interpol en materia de tráfico. De acuerdo con sus definiciones, los contrabandistas de humanos se benefician del transporte ilegal de personas hacia Estados Unidos, mientras que los traficantes de humanos se benefician por transportar a una persona dentro de un país con el propósito de seguirla explotando económicamente, pues se involucran con grupos del crimen organizado trasnacional.

Finalmente está el USCIS, cuyo elemento de inteligencia es muy activo en las funciones de control a la inmigración y diseño de políticas para preservar la legalidad de Estados Unidos al tiempo que garantiza que ninguna persona admitida represente una amenaza a la seguridad pública. Realiza tres actividades principales: la adjudicación de solicitudes de inmigración; la adjudicación de peticiones de naturalización para residentes permanentes legales para que se conviertan en ciudadanos estadunidenses y el estudio de peticiones de refugiado y asilo y relativas a las preocupaciones humanitarias internacionales.

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