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Testigos protegidos revelan la red de corrupción que tejió a lo largo de casi una década La Compañía, como se autonombran el cártel del Golfo y su brazo armado Los Zetas. Las “relaciones” políticas y policiacas le permitieron prosperar en el trasiego de drogas, tráfico de indocumentados, secuestros y ejecuciones, según las reconstrucciones pormenorizadas de la PGR contenidas en una averiguación previa, que actualmente continúa abierta, a la que tuvo acceso Contralínea. Entre los declarantes se encuentran agentes del FBI y la DEA (Primera de tres partes)

Osiel Cárdenas Guillén –quien lideró al cártel del Golfo y creó su brazo armado, Los Zetas– prácticamente controló Tamaulipas, con base en una intrincada red de complicidades. Ésta alcanzaba al sobrino del gobernador Manuel Cabazos Lerma, Gilberto Lerma Plata, y a los principales jefes policiacos estatales y federales, revela una averiguación previa abierta hasta hoy en día en la Procuraduría General de la República de más de 1 mil 500 fojas, donde se concentra la historia de la organización criminal considerada como la más violenta de México.

Entre los “empleados” al servicio de La Compañía –como Osiel identifica al cártel que lideró– se encontraba Humberto García, entonces director de Seguridad Pública estatal; el exprocurador del estado, José Guadalupe Herrera; Juan Carlos González Sánchez, a la sazón comisionado en la Policía Ministerial de Matamoros; Armando San Miguel Tienda, exjefe de grupo de la Policía Ministerial; el exsecretario particular del director de la Policía Judicial Federal, el Chino, Rodolfo León Aragón; el comisionado de la Policía Federal de Caminos, Juan César Casillas Escobar; y los subinspectores Francisco Durán Juárez, Roberto Estrada Velázquez, Alberto Dueñas Montecillas y los oficiales Marco Antonio Ochoa Contreras y Luis Rodolfo Rendón Valdez. Todas las corporaciones policiacas incluso tenían que “pedir permiso” al cártel para salir a divertirse en los bares tamaulipecos.

Como testigos protegidos que revelan la historia y la estructura del cártel del Golfo se encuentran agentes de la Drug Enforcement Administration (DEA) y del Federal Bureau of Investigation (FBI) que realizaron investigaciones en México.

El poder de Osiel

Los agentes de la DEA, Marion Doubois, y del FBI, Daniel Fuentes, y su informante José Luis, un periodista tamaulipeco, llegan a bordo de una camioneta Bronco con placas diplomáticas frente a la casa de Osiel Cárdenas, en el exclusivo fraccionamiento La Aurora, Matamoros, Tamaulipas.

El objetivo de los agentes estadunidenses es tomar fotografías de la residencia. Antes de que lo logren los sorprende Juan Carlos de la Cruz Reyna, el JC, y los para en seco. Tratan de huir del lugar, pero se topan con un comando de 15 sicarios armados con AK-47, el grupo compacto del líder del cártel del Golfo.

—¿Quiénes chingados son? –suelta Manuel Vázquez Mireles, el Negro, del grupo selecto de Osiel. Los ve y reconoce a los agentes extranjeros: “¡Pinches gringos cagados!”.

—¡Dales piso a esos cabrones! –le ordena a Rogelio García García, jefe de la seguridad de Osiel.

Los agentes y el informante tiemblan. Parece un ajuste de cuentas. Rápidamente los rodea el comando que encabeza el mismo Osiel, quien baja de un Lincoln Continental; Juan Carlos de la Cruz Reyna, el JC; Vázquez Mireles; Adrían Medro; Alejandro Estévez García; Arturo Meléndez Reta, y Saúl González López.

Osiel se acerca al borde de la camioneta Bronco para ver a sus ocupantes. Se agacha y se asoma por la ventanilla. Los tripulantes ven de frente a quien consideran como un torvo y sanguinario narcotraficante, efigie de sus alias: el Loco, el Patrón, la Madrina, el Mata Amigos.

Osiel ve a José Luis, el periodista, y le grita enardecido: “¡Ah!, eres tú, cabrón… andas con el FBI… salte cabrón”.

—Sí, soy yo, y qué, cabrón –responde José Luis con el sudor en la frente y los músculos del rostro contraídos.

José Luis y el Mata Amigos se retan con la mirada por unos segundos.

Pasa del medio día y los transeúntes aceleran su paso y se alejan del lugar. Los residentes se asoman por las ventanas, observan temerosos y se ocultan. Saben que eso ocurre a menudo en la zona y pueda terminar con una balacera.

—Bueno, pinches güeritos, ¡denme a ese cabrón! –rompe el Patrón y corta cartucho.

—¿Por qué chingaos te lo voy a dar? Chínganos a los tres si quieres, pero te vas a meter en un pedo –alcanza a balbucear Doubois, agente de la DEA.

—¡Me vale verga, bola de bueyes! –advierte Osiel.

—Somos agentes de la policía internacional, de la DEA y del FBI, pendejito: te vas a meter en un pedo grande, pendejito –responde Doubois envalentado.

—¡Bajen a ese cabrón y ustedes se van a chingar a su madre, porque los vamos a matar por culeros! –revira el Loco.

—Osiel, piénsalo bien, te estás metiendo en un pedo de la chingada –dice el agente de la DEA, quien ya domina el lenguaje de la maña.

—¡Dales piso a esos cabrones! –repite Rogelio García, uno de Los Zetas más sanguinarios, quien, como acostumbra, anda bien pasado.

Pero Osiel no dispara su pistola con cachas de oro, e insiste iracundo, temperamental como es él: “¡Váyanse a chingar a su madre los tres; váyanse de Matamoros porque yo soy la mera ley, pendejos!”

En el interior de la Bronco los tres se miran entre sí, no saben qué hacer. Doubois llama por teléfono. Afuera, el grupo compacto de Osiel merodea, golpea el vehículo y está listo para disparar a quemarropa, sólo esperan la orden superior.

Osiel revienta de nuevo: “Si te vuelvo a ver a ti, pendejo –señala a José Luis–, te voy a matar”.

—Te vamos a dar piso si te volvemos a ver en Matamoros –secundan Jorge Costilla y Rogelio García, quienes golpean el parabrisas donde está el agente Doubois.

Daniel Fuentes, presa del pánico, observa la escena, no dice ni una palabra y sólo atina a sacar su pasaporte diplomático de agente del FBI. Lo muestra a través del cristal.

Osiel ve el documento y le grita: ¡Me vale madres quién eres, salte! –Se sonríe y le dice a sus lugartenientes: “Son agentes del orden, ¡vámonos a la chingada!”.

Los sujetos suben a los vehículos y les abren paso. Doubois reinicia la marcha por la calle Sexta principal de Matamoros y acelera a toda prisa hacia el Puente Nuevo con dirección a Brownsville, Texas. Por hoy, salvaron la vida.

El Jefe de la mafia

No es la primera vez que Osiel amenaza al reportero. Meses atrás, Juan Raúl Bermúdez Núñez, nombre real del testigo José Luis, entrevista a Cárdenas Guillén en las oficinas de El Diario de Matamoros, donde el líder del cártel del Golfo le asegura que él es el jefe de la mafia en la región y lo amenaza de muerte.

—Mira, cabrón, si quieres vivir agarra el billete y ya no publiques pendejadas. Te voy a dar 500 dólares por mes; piénsalo, éste es otro pedo.

—Lo voy a pensar –refunfuña Bermúdez.

Osiel lleva un cuerno de chivo bañado en oro, cortado con dos cargadores, también una pistola .45 con cachas del mismo metal. Va acompañado por Manuel Vázquez Mireles, el Meme Loco, quien carga una .38 súper con cachas de oro.

—Agarra el billete, todos lo están agarrando. Tú sabes que la mafia es más pesada que todo, si quieres más sólo pídelo –susurra el Galo al oído de José Luis, un agente de la policía judicial del estado, tres días después de la visita del narcotraficante al rotativo.

—Cada quien su pedo, tú en tu pedo, y yo en el mío –le contesta José Luis con desenfado.

Un mes después, el reportero ve a Osiel en la casa de Rolando Gómez, primo de Ángel Salvador Gómez Herrera, el Chava Gómez. En una de sus notas, Bermúdez publicó que el Chava Gómez, líder temporal del cártel del Golfo con la detención y extradición de Juan García Ábrego, fue asesinado por órdenes de Osiel, para desplazarlo en el cargo, de allí el mote de Mata Amigos. Sus fuentes: policías municipales, judiciales y federales. Desde entonces conoce a Osiel, con quien, dice, mantiene tratos.

De reportero a testigo protegido

En 1998, cuando realizaba un reportaje sobre el entonces líder del cártel del Golfo, Juan García Abrego, José Luis contactó al agente de la DEA, Joseph Marión Doubois y al del FBI, Daniel Fuentes, quienes investigaban a la organización criminal en territorio mexicano. Después del “ofrecimiento” de Osiel, José Luis se acoge al programa de testigos protegidos de la Procuraduría General de la República (PGR).

En su nueva condición, cuenta que contactó por teléfono al agente de la DEA el 8 de noviembre de 1999, y acordaron verse al día siguiente a las 12 horas frente al bar García’s, cerca del Puente Nuevo de la avenida Álvaro Obregón, en Matamoros. Doubois y Fuentes recogieron al reportero, cuyo nombre clave para ellos era Tiburcio, en una camioneta Bronco, color blanco. Doubois manejaba el vehículo con placas diplomáticas, a su lado iba el agente del FBI y el informante en el asiento posterior. Se dirigieron a la casa de Osiel Cárdenas, el Mecánico. Fue entonces cuando el grupo compacto de Osiel les sale al paso y los hace huir.

Agente de la DEA Joseph Marión Doubois

Doubois da cuenta de ese episodio el 18 de noviembre de 1999 ante el agregado regional de la PGR en San Antonio, Texas, Héctor Dávalos Martínez, con quien se identifica como empleado de la embajada de Estados Unidos en México, y dice que sus funciones las lleva a cabo en el consulado de Monterrey, Nuevo León.

Narra cómo lo siguen varios vehículos por la calle de Pedro Cárdenas hacia el sur, entre ellos una camioneta Explorer guinda. Reporta las placas por teléfono celular a sus oficinas en Houston, Texas, y ve que quien conduce es Rogelio García, el Roger. De Houston le informan que el vehículo es robado, por lo que prosigue su marcha por la misma calle.

Doubois dice que Juan Raúl Bermúdez Núñez, su contacto en Matamoros bajo el seudónimo de Tiburcio, colabora con ellos, “proporcionando todo tipo de información tendiente al narcotráfico”. Además, sabe de la existencia de Osiel Cárdenas y su grupo por el intercambio de información con las autoridades de México, como los principales traficantes de la región en Tamaulipas, quienes “controlan actualmente el territorio de lo que antes se llamaba el cártel del Golfo”.

Recuerda que cuando habla por teléfono celular para pedir auxilio al comandante de la policía ministerial, Gilberto García Garza, son rodeados por varios sujetos armados que los encañonan. Reconoce a Osiel Cárdenas, quien les grita: ¡Bájense, hijos de su puta madre, los voy a matar! Tiene en la mano izquierda su pasaporte diplomático y en la derecha el teléfono, conectado con la llamada al comandante.

Identifica a las personas cuyas fotografías le muestra el funcionario de la PGR, entre ellas a Baldomero González Ruiz, Osiel Cárdenas Guillén, “el jefe de la organización que controla el narcotráfico en Tamaulipas”, Juan Carlos de la Cruz Reyna, Víctor Manuel Vázquez Mireles, Jorge Costilla Sánchez y Manuel Garza Rendón, la Brocha. Todos, refiere, estaban armados cuando lo interceptaron en calles de Matamoros.

Agente del FBI Daniel Fuentes

El agente del FBI Daniel Fuentes declara en la misma fecha que en medio de gritos y amenazas de muerte, él se identifica con su credencial del FBI a través del parabrisas del vehículo, cuando Osiel Cárdenas le grita: “¡Me vale madre quién eres, salte!”. Todo el tiempo apuntándoles con un arma en la cabeza. Escuchó decir a un hombre: “¡mátalos a todos!”, y todos dan dos pasos atrás y levantan las armas como para empezar a disparar.

A la pregunta del agregado regional de la PGR en San Antonio, Texas, de a quién pide auxilio Doubois cuando los persiguen, Fuentes responde que “al comandante de la PFP Gilberto García Garza, de quien he escuchado referencias por parte de un agente del FBI en Mac Allen, Texas, así como fotografías de esta persona en periódicos de la región, y quien se hizo pendejo y no envió el apoyo que se le pidió”.

Dice que escucha decir al reportero que García Garza trabaja para Osiel y que tiene amistad con Pedro Hernández Quiroga, el Cachas de Oro, jefe del grupo especial Polaris de la policía judicial, quien le ofreció protección en caso de que lo atoraran. Además, que Hernández le dijo a Tiburcio que iba a cantar todo lo que sabía y que iba a aventar a su comandante García Garza, ya que recibía dinero de Osiel y se quedaba con su parte.

Osiel gobierna Tamaulipas

El líder del cártel del Golfo contaba entonces con una orden de aprehensión dictada por el Juzgado Noveno de Distrito en materia penal del Distrito Federal, del 4 de septiembre de 1998, bajo la causa penal 52/98-C, igual que Ángel Salvador Gómez Herrera, el Chava Gómez, por los delitos de operaciones con recursos de procedencia ilícita, portación de arma de fuego y cohecho. En 1989 es detenido en Matamoros por los delitos de homicidio, abuso de confianza y daños en propiedad ajena. Pasa una noche en la cárcel y sale bajo fianza. Un año después, el 7 de marzo, regresa a prisión por los delitos de amenazas y lesiones. Es puesto en libertad el mismo día, bajo caución.

En 1992, a la edad de 24 años, es detenido en Brownsville, Texas, con dos kilos de cocaína, por lo que en 1993 es sentenciado a 63 meses de cárcel. El 2 de enero de 1994 regresa a México en un intercambio de reos con el gobierno de Estados Unidos y obtiene su preliberación el 12 de abril de 1995. Desde entonces despliega su actividad y consolida sus contactos en Colombia.

Para el Jefe, en la lejanía quedó aquel 18 de mayo de 1967 cuando nace en Matamoros en el seno de una familia humilde, estudia secundaria, a los 14 se refugia con su hermana Lilia; se casa con Celia Salinas Aguilar a los 19; vive en un taller mecánico donde trabaja de ayudante; comienza a vender cocaína. Entre 1995 y 2003, Osiel gobierna Tamaulipas a sus anchas y extiende sus redes criminales por la mitad del país.

La red de operadores del cártel del Golfo

Durante su investigación del cártel del Golfo, el reportero Juan Raúl Bermúdez Núñez detalla la jerarquía de la organización y funciones de cada uno de sus integrantes, tanto de mando y dirección –Osiel Cárdenas– como de subordinación para cumplir sus órdenes, entre ellos a Juan Carlos de la Cruz Reyna, el JC, quien no contaba con aquellos atributos, dado que se encargaba de brindarle seguridad, de pasarle información y de poner en alerta al cabecilla a efecto de que no fuera detectada la organización y de controlar a los graneros (vendedores de gramos de droga) de Matamoros.

José Luis amplía su declaración el 17 de febrero de 2000 ante los agregados de la PGR en San Antonio, Texas, en la que dice que por su actividad conoce a las personas de confianza de Osiel, entre ellos a Gilberto Lerma Plata, sobrino del exgobernador de Tamaulipas Manuel Cabazos Lerma, quien “proporciona información de los movimientos de la policía judicial del estado y mantiene contacto directo con los comandantes de la PFP de las ciudades de Miguel Alemán, Camargo, Valle Hermoso, San Fernando, Victoria”.

Identifica a Humberto García, exdirector de Seguridad Pública en la administración de Cavazos Lerma, y primo hermano de Juan García Abrego; Rogelio García García, el Roger, Jorge Costilla Sánchez, Juan Carlos González Sánchez, la Torta, quien fue dado de baja de la policía judicial del estado y “regresó a trabajar dándole un billete al licenciado Herrera, hermano del procurador de Tamaulipas; Juan Carlos González Sánchez, hermano del narcotraficante Roberto González Sánchez, quien comanda a un grupo de la policía municipal comisionado en la Policía Ministerial que controla a los grameros de Matamoros; Argelio Treviño Cantú, compadre de Humberto García.

También a Armando San Miguel Tienda, exjefe de grupo de la Policía Ministerial; al exsecretario particular del director de la Judicial Federal, el Chino, Rodolfo León Aragón, cuya función es proteger los cargamentos de cocaína de Matamoros a Miguel Alemán y Valle Hermoso.

A Jesús Zacarías Espino López, miembro del escuadrón encargado de matar gente por órdenes de Osiel Cárdenas; Mario Alberto Castillón Ruiz, jefe del grupo responsable de la seguridad de la gente de Osiel, conformado por Mario Armando Ramírez Treviño, Eduardo Varela Cabrera, Saúl González López, Alejandro Estévez García y Samuel Flores Borrego, éste último efectivo de la policía municipal que controla las patrullas que vigilan la casa de los familiares de Osiel.

Alberto Marboni Garza, exjefe de grupo de la policía judicial en Matamoros, responsable de proporcionar información a Osiel sobre los grupos especiales de investigación sobre el narcotráfico en la zona de operaciones el cártel del Golfo.

Martín Cuevas Medrano, excomandante en Valle Hermoso testigo del homicidio de los hermanos Treviño perpetrado por órdenes de Osiel, a quienes ejecutaron por no pagar a tiempo las cuotas por el derecho de piso.

Daniel Sosa Barrientos, quien mantiene en alerta a la gente de Osiel sobre cómo opera la venta de cocaína en pases; Javier Aguilar Fuentes, el Abuelo, testigo de los asesinatos y secuestros que realiza la gente de Osiel Cárdenas en Matamoros; Roberto Gómez Gamboa se encarga de quitarle el dinero a Gregorio Sauceda el Caramuela, porque los hermanos de éste venden pases de cocaína, andan armados y asaltan gente por las noches en las fábricas.

Los testimonios del testigo José Luis, de Joseph Marion Dubois y Daniel Fuentes “evidencian la actuación de la organización del cártel del Golfo en delitos de narcotráfico en las modalidades de transporte y tráfico de indocumentados en Tamaulipas y la introducción de cocaína a Estados Unidos”, señala la averiguación previa PGR/SIEDO/UEITA/070/07, que actualmente continúa abierta, y a la que tuvo acceso Contralínea. En ésta aparecen como indiciados Eduardo Rodolfo Soriano Gómez y Roberto Fujiyama Lozano Apodaca, ambos exagentes de la PFP acusados de delitos contra la salud y tráfico de indocumentados.

Al ser detenido, a Soriano Gómez –exmiembro de la PFP adscrito al aeropuerto de Tampico con grado de suboficial, credencial 25567, empleo que abandonó para integrarse a la maña–, le incautaron varias armas, entre ellas un AK47, así como sobres de cocaína y dos credenciales a nombre de Héctor García Treviño, vinculado al cártel del Golfo y a la organización Los Texas, y defensor legal del presunto narcotraficante Juan Manuel Vielma Negrete.

Corresponde a Soriano Gómez delatar a los agentes federales que forman parte de la organización de Juan Carlos de la Cruz Reyna, el JC. Al ampliar su declaración el cinco de septiembre de 2007, los describe por nombre y cargo: los inspectores generales Ernesto de León Treviño y Rubén Hoy de la Garza, comandante Navil Buchain, capitán José Alfredo Rodríguez Posadas; subinspector Roberto Velásquez Estrada; tenientes Salvador Enrique Santoyo Estrada, Ángel Abraham Carmona Durán, Alberto Montecillos, Eduardo Martín Anda Ortega; suboficiales, Rubio, Gabriel Villalba Pérez; Carrillo Ochoa, Juan Manuel Carmona, Doria, “y yo, que me encargaba de entregar 250 mil pesos al mes a los comandantes del destacamento de la Policía Federal Preventiva (PFP) de Tampico”.

El dinero era enviado por Segundo, quien seguía en la escala de mando de Osiel Cárdenas. Soriano dijo que De León Treviño “sabía que el dinero que yo le entregaba era para que no molestaran a la gente de ‘La Compañía’, la sociedad que formaron Osiel Cárdenas y Los Zetas”.

“Se trataba de que se alguno de los policías federales de caminos paraban algún vehículo cuyos tripulantes decían ser de La Compañía, no debían ponerse en contacto conmigo para que yo corroborara con Segundo, y si éste me confirmaba que eran miembros de la organización, yo les comunicaba que los dejaran continuar su camino; también les avisaban de si había patrullas en algún punto carretero para que no pasaran por ese lugar y evitaran ser detenidos”, dice Soriano.

Soriano era una pieza clave en el cártel del Golfo, pues era el responsable de suministrar dinero, cocaína, alcohol y prostitutas a sus colegas los policías federales, según él mismo refiere el seis de septiembre de 2007 ante la autoridad judicial federal.

“Mi función primordial para La Compañía era atender bien a todos los policías federales de caminos para que cooperaran con nosotros. Si alguno quería ir a tomarse unos tragos, yo tenía que ir a pagar su cuenta o conseguirles y pagarles las prostitutas, o cuando me pedían una grapa de cocaína, iba al bar Dany’s y se las conseguía. Cuando se quejaban de que no les habían dado su mensualidad, yo tenía la obligación de llevarles su pago. Una ocasión se quejaron de que Treviño no les había repartido el dinero y lo arreglé.

“La lista de personal de la policía federal de caminos me la había dado el comandante De León Treviño, conocido como el Puma, para saber cuántos eran los que recibirían dinero de La Compañía y calcular la cantidad que les correspondía”.

El 29 de enero de 2008 le fue dictado el auto de formal prisión a Soriano Gómez, dentro de la causa penal 1/2008/III, por su probable responsabilidad en la comisión del delito de delincuencia organizada.

El homicidio de Chava Gómez

A mediados de julio de 1999 Segundo y Cheque, su acompañante con clave 56, fueron acribillados por un capitán de la Policía Federal de Caminos (PFC), “cuyo nombre no recuerdo”, relata Soriano Gómez. El homicidio ocurrió en el tramo carretero entre Ciudad Victoria y la estación Zaragoza, en el Puerto del Mezquital, a las 11 de la noche. A esa hora, Segundo se topó con un capitán de la PFC que lo detuvo, no obstante que ya lo conocía, le había dado dinero y luego de haberse identificado como miembro de La Compañía. Segundo era Ángel Salvador Gómez Herrera, el Chava Gómez, brazo derecho y sucesor natural de Osiel Cárdenas.

En la ejecución del Chava Gómez también habría participado Juan Carlos de la Cruz Reyna, el JC, dando seguridad perimetral para impedir que se acercara la gente de la víctima en el Puerto del Mezquital. Ese hecho es clave en la historia del cártel del Golfo, pues es cuando Osiel Cárdenas decide desaparecerlo y crear La Compañía o la empresa como él la llamaba.

—Somos de La Compañía –le habría dicho Segundo a un capitán de la PFP que custodiaba el retén por donde transitaban la noche en que fueron ultimados.

—No importa –dijo el oficial, no pasan y hay revisión, ¡bájense!

Segundo sacó la de la cintura su arma sin percatarse que el compañero del capitán lo tenía encañonado. Se le escapó un disparo que hizo pensar a la pareja del capitán que Segundo le había disparado a su jefe. Sin más, a quemarropa abatió a Segundo y en seguida a Cheque. Una hora después, como a las 12 de la noche, el comandante en jefe de Soriano se comunicó con él.

—Tú sabes de unos locos que se habían bajado de un carro disparando y por eso los mataron.

—Yo no sé nada, le dije.

—Pues investiga porque a lo mejor son chapulines, dijo el comandante.

Después el JC le habló a Soriano por Nextel.

—¿Qué pedo traen en Victoria?

—No lo sé –contesta Soriano.

—Investiga y habla a Victoria para saber qué pasó.

Soriano llama al capitán, cuyo nombre no recuerda, aunque es el único que conoce en Ciudad Victoria.

—¿Qué sucedió? El JC quiere saber.

—Al parecer hay dos muertos –le dijo el capitán, quien le pregunta: ¿Tú sabes algo?

—No, por eso le hablo.

Soriano le llama al JC y le dice que sólo hay dos muertos.

—Se trata de Segundo, le contesta el JC, quien ya sabía de la ejecución.

Soriano llama de nuevo al capitán de Ciudad Victoria, quien le dijo:

—Qué pinche loco –refiriéndose a Segundo–, se bajó disparándome, ¿crees que vaya a haber pedo?

—No creo, ya ni modo, pero se trata de Segundo.

—De cualquier modo ya lo estamos arreglando por acá, dice y cuelga el capitán.

Días después, Soriano se entera de que el capitán y su acompañante fueron cambiados de plaza, sin saber a cuál.

Testigos protegidos

Ocho años después del incidente en Matamoros entre Osiel y los agentes de la DEA y el FBI, y el testigo José Luis, el primero de junio de 2007, y como parte del proceso abierto contra los miembros del cártel del Golfo (organización que por su cuenta investiga el gobierno de Estados Unidos), los exagentes de la Policía Federal Preventiva Quenan Cano Valencia, Héctor Javier Carreto González, Héctor Javier Ortiz Álvarez se acogen al programa de testigos protegidos de la PGR bajo las claves de Chacaltianguis, Halcón y Eduardo, respectivamente.

Los tres exagentes federales fueron detenidos el 30 de mayo de 2007 junto con su jefe al que servían de escolta, el subinspector de la comisaría del sector Tampico de la PFP, Francisco Durán Juárez, acusados de delitos de posesión de armas de fuego de uso exclusivo del Ejército y de tener vínculos con el cártel del Golfo.

Chacaltianguis reveló al Ministerio Público contar con información sensible y confidencial de oficiales y jefes de la PFP adscritos al sector Tampico que colaboran con el cártel del Golfo y Los Zetas, principalmente con el jefe de la plaza de Matamoros, el JC, Juan Carlos de la Cruz Reyna.

Como parte de las operaciones de protección al grupo delictivo, refiere Chacaltianguis que Durán Juárez le dijo que Rodolfo Soriano le recomendó no poner retenes de la PFP en Tampico, ya que Los Zetas se mantiene alertas a través de vigilantes, conocidos como “Halcones”, intocables y al servicio del JC, responsables de reportar vehículos extraños, con placas foráneas, principalmente de las entidades del Pacífico, detenerlos y verificar si es gente de otro cártel de la droga.

Cano Valencia dijo que Francisco Durán y Soriano intercambiaban información, “ya que son amigos desde que trabajaban en la plaza de Zacatecas como policías federales preventivos, por lo que me pude dar cuenta de que Soriano es el enlace para hacer negocios entre el JC, el patrón de la plaza de Tampico, y la Policía Federal de Caminos”.

En otra ocasión, recuerda, el 27 de mayo de 2007, “el capitán Durán recibió una llamada a su Nextel, en la que le comunican que habían detenido a una persona en el Paso, Texas, frontera con Ciudad Juárez, Chihuahua, con armas y le pedía a Durán que como le había hecho un encargo, entones que lo alivianara porque lo tenían los gringos y le pedían dinero para dejarlo en libertad. No supe quién era”.

Chacaltianguis supo del homicidio del marino apodado el Panda, a quien le sacaron las tripas, le cortaron un dedo de ambas manos y arrojaron su cuerpo frente a una de las casas de seguridad que fue cateada y que pertenecía al JC, además de que incendiaron su carro, lo cual “no me pareció bien porque el capitán Durán lo había delatado con Soriano”. Al respecto, Halcón refiere que el Panda, a quien los miembros de los Gopes (Grupo de Fuerzas Especiales) llevaban encapuchado el día del cateo, había puesto (delatado) la casa del JC.

PFP al servicio de La Compañía

Héctor Javier Carreto González dijo el 1 de junio de 2007 en su declaración ministerial que cuenta “con información sensible y confidencial que pudiera servir para la captura de miembros relacionados con el grupo delictivo del cártel del Golfo y de Los Zetas que trabajan en Tampico, Tamaulipas”, y solicita que de acuerdo con la Ley Federal Contra la Delincuencia Organizada se le acoja al sistema de testigo protegido.

Se dice “dispuesto a colaborar en la investigación de la organización criminal del cártel del Golfo, encabezada por Osiel Cárdenas Guillén y Los Zetas”, y confirma que Soriano perteneció a la PFP, y lo identifica como Eduardo Rodolfo Gómez Soriano, al mando del JC, líder de Los Zetas, así como a otros elementos de la PFP de Tampico que trabajan para La Compañía.

Soriano –continúa Halcón– es el operador del JC ante los responsables de turno de la comandancia de la Policía Federal de Caminos de Tampico: Juan César Casillas Escobar, los subinspectores Francisco Durán Juárez, Roberto Estrada Velázquez, Alberto Dueñas Montecillas y los oficiales Marco Antonio Ochoa Contreras y Luis Rodolfo Rendón Valdez, “a quienes les pagan diversas cantidades de dinero de parte del JC, para que hagan llegar a los 32 elementos del destacamento las instrucciones de trabajo”.

Las instrucciones son: “Evitar molestar a los indocumentados, ya que el pollero con clave 82 o Rafael, de la plaza de Tampico, paga derecho de piso a Los Zetas, quienes a su vez se comprometen a que los policías federales preventivos, división caminos, no paren los vehículos que transportan a indocumentados”.

Al respecto, el oficial de la PFP Juan César Casillas Escobar refiere que un suboficial del grupo del capitán Velásquez Estrada se quejó con él de que le habían dado solo 600 pesos por dejar pasar un trailer que transportaba unos 100 indocumentados, y que era protegido por Los Zetas desde Chiapas, cuando se cobran 1 mil 500 pesos por cada indocumentado que dejan pasar.

De las actividades de Los Zetas en la plaza de Tampico –indica Halcón– las instrucciones que recibíamos de los RT era de no detener vehículo alguno que pareciera sospechoso u ostentoso, sin placas o con placas superpuestas, ya que si los molestábamos, la propia gente amedrentaba al personal de la PFP, actividad por la cual cada elemento de tropa, es decir de oficial para abajo, recibía 5 mil pesos mensuales, el subinspector, 9 mil”.

De los retenes de entrada y salida de la ciudad, “debíamos avisar si en la revisión se detenía a gente con droga, con dinero o armas y llamar a Los Zetas para preguntarles si era gente de ellos o no. Si no son de su gente, los mismos Zetas compraban todo: drogas, armas, dinero y hasta a los detenidos. Tanto control tienen Los Zetas del destacamento, que si los miembros de la PFP queríamos salir a divertirnos a un centro nocturno, debíamos avisar a qué lugar, quiénes iríamos y por cuánto tiempo, para evitar que Los Zetas levantaran al personal que salía sin permiso”.

En torno al operativo conjunto antinarcóticos, cada vez que se activa en la ciudad o en sus inmediaciones, señala el testigo protegido, se habla por teléfono o se avisa a fin de mantener informada a la gente de la plaza de los movimientos que se realizan y así poder evitar ser detenidos. De esto se encargaban los responsables de turno.

Halcón detalla que en el operativo conjunto quien lleva el mando es el Grupo de Operaciones Especiales de la PFP, por lo que el encargado de turno sólo avisaba que eran ellos los que llevaban el mando, de tal manera que no podían decir dónde estaban, pero sí que andaban en un operativo.

Buena relación entre el JC y PFC, Eduardo

Chacaltianguis describe físicamente al JC: un tipo bragado, de 32 años de edad, 1 metro con 78 centímetros, de complexión robusta, tez moreno claro, de bigote medio marcado, usa lentes y viste de mezclilla con botas. Eduardo detalla algunas de sus excentricidades: gusta de coleccionar armas de fuego, entre ellas una de oro y plata con San Judas Tadeo grabado en las cachas y la leyenda ‘Jefe Supremo’; otra dorada con negro con una cabeza de toro grabado en las cachas, y otra ‘muy rara’, además colecciona plumas Mont Blanc, y porta un llavero de oro en forma de sirena, su inhalador personal.

Eduardo operó bajo el mando del JC en la célula de Tampico del cártel del Golfo desde finales de 2005. Dice, el 1 de junio de 2007 ante el Ministerio Público federal, que “la organización delictiva encabezada por Osiel Cárdenas Guillén, así como el JC, traficaban cocaína, comprada en Colombia, y marihuana, con la finalidad de venderla al menudeo por pases o un 100, el precio por una dosis en las tienditas de la ciudad”.

Revela que “me di cuenta de que el JC tenía buena relación con los agentes de la Policía Federal de Caminos, pero quienes se encargaban de mantenerla de manera directa eran Gerardo o Segundo, Ángel Salvador Gómez Herrera, el Chava Gómez, cuya función era controlar todo lo relacionado con el transporte de la droga”.

Quien atendía a los contactos colombianos en la ciudad de México era el Fuji o Z-47, encargado de transportar la droga del Distrito Federal a Tampico y de aquí a Estados Unidos, bajo el mando del JC. Éste operaba en Tampico con el Coss, quien fungía como jefe de la plaza y sustituyó a Osiel Cárdenas tras su captura el 28 de septiembre de 2007, y posterior extradición a Estados Unidos, donde enfrenta 17 cargos por importación y distribución de drogas, así como tres más por amenazar al agente federal estadunidense Joseph Marión Dubois, y uno por lavado de dinero.

Eduardo detalla que el equipo del JC está conformado por Alfredo Martínez, el 58, responsable de conseguir las casas donde duerme el JC, y de acompañarlo en sus viajes por Tamaulipas, Puebla, Tlaxcala y la ciudad de México. De las finanzas se encarga Julio César Escobedo China, el 90, tanto de pagar al personal como a las autoridades. José, el 94, del grupo de seguridad del JC, así como Sergio, el Pichón, quien renta casas y bodegas, resguarda vehículos y les da mantenimiento. De checar las guardias e informar de los movimientos de la policía y el Ejército se encarga Daniel el Travieso, clave 20, así como el Soldado, clave 50; el Cano, clave 33, y Pancho Luke, clave 70. El responsable de bares y cantinas de Tampico es Aarón, el Grande, clave 52, quien recaba el dinero de estos sitios para su entrega al JC.

Las plazas donde opera este grupo compacto son Tampico, Ciudad Madero, Altamira, Matamoros, en Tamaulipas, así como Naranjos, Cerro Azul y Tuxpan, en Veracruz, “pues la ruta para el trasiego de droga es de la ciudad de México, pasa por Poza Rica y sube por el Álamo o por Tuxpan a Tampico y de ahí a Estados Unidos, en vehículos particulares a cargo de Miguel, clave 02.

Otra función que desempeñaba Eduardo era rentar casas de seguridad, entre ellas las ubicadas en la calle de Nayarit, en la colonia Guadalupe, en Tampico, otra en la calle de Naranjos, colonia Vista Hermosa.

Entre sus consideraciones ante el juez de la causa, el Ministerio Público federal argumentó que tanto lo dicho por los testigos protegidos como los sujetos incriminados, “queda establecida la existencia de una organización criminal instituida y comandada por Osiel Cárdenas Guillén, cuando menos a partir de 1999, la cual para su operación se divide en células, quedando al mando de la plaza de Tamaulipas Juan Carlos de la Cruz Reyna, el JC, quienes se dedican a las actividades vinculadas con el narcotráfico internacional y tráfico de indocumentados en forma permanente; dicha empresa criminal se encuentra organizada en forma piramidal, donde cada miembro tiene una actividad determinada, unos cuentan con funciones de administración, dirección y supervisión…”


Historia de La Compañía

El cártel del Golfo, dice la Procuraduría General de la República (PGR), es una banda criminal fundada por Juan Nepomuceno Guerra en la década de 1940 que comenzó como contrabandista. Al paso de décadas, la organización creció hasta posicionarse políticamente, lo que le ha permitido mantener un control de jefes de la policía y directores de penales, así como un estrecho vínculo con políticos sobre todo en Tamaulipas, que lo han convertido en uno de los entes del crimen más poderosos de México y del mundo.

En 1982, debido a diferencias con los cabecillas del cártel, es baleado Casimiro Espinoza, el Cacho, y liquidado por un comando armado en la clínica Raya, donde se encontraba convaleciente. En 1994 asume el mando de la organización Juan García Ábrego, quien se mantuvo hasta 1996.

A la caída de García Ábrego se desata una lucha por el poder, en la que asesinan a Antonio Ávila, el Comandante, quien estaba destinado a ser el líder del cártel, lo que llevó a Salvador Hernández el Chava Gómez a convertirse en un importante líder del narcotráfico en México. Sin embargo, Juan N Guerra, molesto por el asesinato de Ávila, dio su apoyo a Osiel Cárdenas, con lo que éste se convirtió en enemigo de su anterior socio Gómez, al que mandó a ejecutar.

En marzo de 2003, después de un tiroteo, es detenido Osiel Cárdenas. Lo sustituye Manuel Costilla, el Coss, y su brazo ejecutor Rogelio González Pizaña, el Kelín. Su principal base de operaciones se ubica era área Este de Matamoros, en lo que los lugareños llaman la carretera a la playa, la cual abarca los ejidos Canasta, Longoreño, El Refugio, La Bartolina, Huizachal y los ranchos San Juan, Santa Rosa, La Piedra, así como la Playa Bagdad. Hasta agosto de 2008 se reconoce como líder del cártel a Heriberto Lazcano Lazcano, el Lazca o Z-3, asistido por Jorge Eduardo Costilla Sánchez, Antelmo Lázaro Rodríguez, el Chamoy, y Antonio Ezequiel Cárdenas Guillén. (JR)