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Un hecho más que deja al desnudo el sistema que domina al mundo. Un sistema del egoísmo, de la avidez, de la injusticia. El débil se jode, como principio. Si es pobre, por algo será, como lema

Osvaldo Bayer, autor de trabajos como La Patagonia rebelde, Rebelión y esperanza o La única salida es la violencia

Los neoliberales son irreformables. Forjados a golpes de hacha en el único catecismo económico que conocen, el monetarismo, que ha fracasado una y otra vez en cualquier lugar donde se aplica, siempre vuelven a jugar sus mismas batallas en épocas de crisis, de las cuales son en gran medida responsables, que no sólo resuelven los problemas, sino que terminan complicándolos. Para enfrentar la gran depresión capitalista sistémica, atenuar sus costos sociales y tratar de acelerar la reactivación de sus economías, una gran cantidad de gobiernos, sobre todos los industrializados, decidieron quitarse la “camisa de fuerza” que representa la ortodoxia neoliberal, que exige un Estado autista para mantener las finanzas públicas equilibradas. En su lugar, desempolvaron los antiguos instrumentos keynesianos anticíclicos. Aplican una política monetaria y fiscal activa. Bajaron las tasas de interés reales a cero por ciento o un nivel negativo. Pero como saben que sus efectos esperados –uno de ellos, la recuperación del crédito– pueden tardar demasiado tiempo en manifestarse y que, además, son limitados, recurrieron al otro instrumento conocido cuyos resultados son más rápidos: la ampliación del gasto público en la cantidad que sea necesaria, con el objeto de estimular la demanda (la inversión productiva y el consumo), apoyar a la población afectada por la crisis y contrarrestar el desempleo (seguros contra el desempleo, subsidios para mantener las plazas laborales existentes y otros apoyos sociales), olvidándose temporalmente de la magnitud del déficit público y la deuda estatal que puedan derivarse de esa estrategia contingente, así como sus eventuales efectos inflacionarios.

Los “motores” paralizados de la economía: el derrumbe de las exportaciones y del consuimo y la inversión privada

Neoliberalismo foxista-calderonista: aumento de precios y evoluciòn de los salarios reales

El dilema es claro ante la grave crisis actual: recesión, inflación y alto desempleo, con un balance fiscal cero, y dejar que la economía se recupere por generación espontánea, cuando pueda, o una intervención activa del Estado, con el gasto contracíclico para acelerar la reactivación y reducir el desempleo, aceptando un mayor déficit público y un nivel de inflación socialmente tolerable. Son los equilibrios macroeconómicos neoliberales contra la sociedad o es la subordinación de aquéllos a los intereses y necesidades de ésta.

Felipe Calderón y sus Chicago Boys, con la complicidad de los panistas y priistas del Congreso, vuelven a recurrir al viejo expediente fácil fondomonetarista, tal y como lo hicieron desastrosa y antisocialmente todos los gobiernos neoliberales, de Miguel de la Madrid a Vicente Fox, durante las crisis de 1983, 1985, 1988, 1995 o 2001, para compensar la caída de los ingresos del Estado y contener el déficit fiscal: recortar el gasto programable no el financiero (el costo de la deuda pública) y reducir los subsidios a la población, medidas que serán complementadas con el aumento de los precios de los bienes y servicios públicos y de los impuestos indirectos, los del consumo, no los directos, el de la renta de las empresas y los sectores de altos ingresos.

Las secuelas de esas medidas que ya impuso, y que aplicará en lo que resta del año y en 2010, son harto conocidas. Salvarán las precarias finanzas públicas a costa de hundir más a la economía y sacrificar a la sociedad, sin eliminar el riesgo de una crisis fiscal del Estado. Provocarán una mayor recesión y retrasarán la reactivación económica; generarán un mayor desempleo, aumentarán la inflación que, junto con los mayores impuestos y sin aumentos salariales de emergencia, reducirán aún más el poder de compra de los salarios reales y robustecerá la miseria, la pobreza, el malestar social, la delincuencia. Las mayorías se verán obligadas a reducir (o dejar de adquirir) aún más su consumo de bienes y servicios básicos, los duraderos y otros servicios indispensables: salud, educación vivienda, diversión, etcétera.

Un peor nivel de vida para subsidiar los menores ingresos públicos y el equilibrio fiscal.

Lo anterior fortalecerá el “círculo vicioso” descendente: menor crecimiento, inversión, empleo y consumo implicarán menores ingresos fiscales y mayor debilidad fiscal que obligaría a nuevos recortes y nuevos aumentos. A menos que se rompa con ese esquema por algún lado.

Antes del anunciado recorte del gasto programable por 85 mil millones de pesos, sin tocar el financiero, las medidas contingentes habían sido infecundas. El relajamiento monetario ha colocado los cetes reales a 28 días y la tasa objetivo del banco central en cero por ciento o ligeramente negativas. Pero el crédito real vigente de la banca privada continuó desplomándose. En junio su tasa real anual cayó 4 por ciento (2.3 por ciento en lo que va de 2009). La cartera vencida anual aumentó 25 por ciento. La ineficacia de la medida se debe a la incertidumbre, el desempleo, el menor salario real, pero sobre todo, a la usura bancaria, los altos réditos y el cúmulo de comisiones cobradas que los priistas y panistas del Congreso no quisieron tocar por temor a perder la “confianza” de la oligarquía. En el primer semestre de 2009, el gasto público real total aumentó 5.7 por ciento, el programable, 14.5 por ciento, y la inversión física directa, 73.4 por ciento. Del lado de la demanda, el consumo público real creció 2.2 por ciento en el primer trimestre de 2009 y la inversión estatal, 29 por ciento; en el último de 2008 lo hizo 31 por ciento.

Sin embargo, ni la política monetaria ni el gasto y otros supuestos apoyos evitaron la profundización de la recesión. En el último trimestre de 2008 la economía decreció 1.6 por ciento y los dos primeros de 2009, en 8.2, y 10 por ciento-12 por ciento. Ni el desplome del consumo privado en 1.3 por ciento y 9 por ciento en el último trimestre de 2008 y el primero de 2009, ni de la inversión empresarial en 10.4 por ciento y 14.4 por ciento. Tampoco impidieron un mayor subempleo y desempleo abierto o de los desmovilizados disponibles, que pasaron de 10 millones a 11.3 millones entre septiembre de 2008 y marzo de 2009.

En ese escenario depresivo era claro que se reduciría la recaudación y se seguirá cayendo por la misma razón… menos para un monetarista. Los ingresos reales presupuestales cayeron 7.8 por ciento en la primera mitad del año, debido a una reducción de los petroleros en 22.2 por ciento –por menores precios de exportación en 52.3 por ciento respecto de los estimados y la baja en la producción y las exportaciones en 6.9 por ciento y 14.6 por ciento– y los no petroleros en 13.6 por ciento. Globalmente, el Impuesto sobre la Renta, el IETU y el IDE se redujeron en 10.4 por ciento y el Impuesto al Valor Agregado, en 20 por ciento. Los petroleros equivalieron a 32.3 por ciento del total. La combinación de un mayor gasto programable y el financiero (17 por ciento mayor al programado, por las devaluaciones) y un menor ingreso arrojó un déficit público por 94.6 miles de millones de pesos o un superávit por 69.3 mil millones si se excluyen las inversiones de Petróleos Mexicanos (Pemex).

Ahora Hacienda se ve obligada a reconocer que la pérdida anual de los ingresos podría ser de hasta 480 mil millones, que pretende compensar con la reducción del gasto en 2.8 por ciento. Pero esa situación que tendrá que pagar la sociedad es responsabilidad de los calderonistas y de los congresistas que aprobaron las metas de política económica y la presupuestal para 2009, debido a su pésimo diagnóstico de la crisis mundial y local; la desastrosa “planeación” al basarse en supuestos erróneos; el maquillaje electoral; su negligencia por realizar una reforma fiscal integral que hubiera implicado fortalecer estructuralmente los ingresos y egresos del Estado, reducir la petrodependencia fiscal, elevar los impuestos a las empresas y los sectores de altos ingresos, herejía que aterra a la oligarquía y sus siervos del gobierno y el Congreso; la ambición por privatizar a Pemex; controlar la evasión y elusión tributaria del bloque de poder y la corrupción con el erario, y la decisión por convertir en ley el rígido dogma neoliberal del balance fiscal cero que le impide cualquier cosa a los neoliberales, quienes de todos modos no hubieran intentado mancillarlo, merced al horror que le tienen al desequilibrio presupuestal, porque significa mayor intervención estatal en la economía. No hay que olvidar que dicho dogma fue aprobado por el Congreso ante el riesgo de que triunfara Andrés Manuel López Obrador en 2006. Con ellos quisieron atarle previamente las manos.

Los recortes para salvar el rancio fetiche ideológico de los neoliberales, el balance equilibrado, son tendenciosos. No tocan la nociva plaga que saquea el presupuesto, la corrupción (las guarderías, Proárbol, Pemex, el desvío de recursos hacia la iglesia católica, sindicatos como el de los maestros) o los insultantes ingresos de los funcionarios, entre multitud de tropelías. Por ejemplo, los voraces jeques del Tribunal Electoral, María del Carmen Alanís, Flavio Galván, Manuel González y demás podrán seguir ganando sus 410.5 mil pesos mensuales de sueldo base, más sus compensaciones: 837 mil en prestaciones nominales, 59 mil en primas vacacionales, 330 mil de aguinaldo, 745 mil en asignaciones adicionales. Ni la corrupción en las concesiones. Los altos mandos de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y los de los gobiernos estatales y municipales seguirán enriqueciéndose a costa de nuestros impuestos.

¡Que se joda el resto!

Nada de ese gasto corriente; tampoco el destinado a la seguridad nacional y pública, la base del Estado policiaco empresarial-calderonista-panista-priista, de la estabilidad del sistema. Pero sí se pasará la tijera por el gasto de bienestar, de por sí deteriorado –la educación, la salud pública, las guarderías–, el administrativo (14.6 mil millones), los subsidios (15 mil millones), la inversión (19 mil millones), las participaciones fiscales de los estados, entre otros conceptos. Como no será suficiente, aumentarán los precios de los bienes y servicios públicos. Ya se resiente el de la electricidad que, por cierto, siempre ha sido superior al índice general de precios; las gasolinas, el gas, el agua. ¿Se tocará el dinero escondido en los diversos fondos, alejados del escrutinio público y de la Auditoría Superior de la Federación?

Agustín Carstens ya lanzó la otra amenaza: “Estamos pensando en la necesidad de aumentar la recaudación tributaria a través de una reforma tributaria”; “vamos a tener que recurrir a algunos impuestos adicionales sobre todo para reponer la caída de los ingresos petroleros”. ¿Calderón, los panistas y priistas aprobarán la estocada del IVA a alimentos y medicinas? ¿Qué otro nos elevarán o inventarán?

Que pague el pueblo lo que resta de 2009 y 2010

Porque también Carstens ya nos amenazó con otro año más de “austeridad” fiscal, el próximo presupuesto se definirá por precios más altos, más impuestos, más deuda pública, menos gasto, peores bienes y servicios estatales, equilibrio fiscal. Pura ortodoxia monetarista.

Más garrote policiaco-militar por si intenta quejarse

Como en este país todos somos “democráticos”, humanistas, todos queremos el bien del prójimo, Calderón tendrá el respaldo de los “representantes” del pueblo, los congresistas panistas, priistas y demás mercenarios. Bajo esos altos principios, salvarán al Estado y joderán a las mayorías que votaron por ellos o contra ellos. Dulce venganza democrática.

Hasta antes de julio se habían anunciado recursos adicionales por unos 137 mil millones de pesos, equivalentes a 2.8 por ciento del gasto total, supuestamente para contrarrestar la recesión a la economía, principalmente destinados a la infraestructura, subsidiar a los empresarios víctimas de su obcecada especulación y alguno que otro peso en “beneficio” de la chusma. Ahora hay que restar 85 mil millones, más lo que se vuelva a reducir, lo que abate aquel monto a 50 mil millones, si es que realmente se ejercieron, porque habla de un subejercicio de, al menos, 4.3 mil millones. Una bicoca, comparada al gasto anticíclico ejercido en otras naciones.

Al desinflarse el fantasioso globo del gasto adicional, el recorte invierte sus efectos multiplicadores. Esos sí serán reales. Según César Castro, del Centro de Análisis y Proyecciones Económicas para México, afectarán negativamente al crecimiento en 0.7 puntos porcentuales; es decir, más recesión. Por añadidura, inhibirá la inversión privada y el empleo, el consumo. Se dice que un 83 por ciento de los casi 2 mil 500 municipios están en o al borde de la insolvencia financiera, que afectará a sus habitantes, debido al desplome de las participaciones fiscales. Ya tendrán que ver como resuelven sus problemas.

En otras palabras, los calderonistas reforzaron el ciclo descendente hacia el infierno económico.