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Trasnacional italochilena disputa territorios a pueblos indios de Chile. Energía calórica y recursos hídricos, la principal riqueza de la zona de géiseres más importante de América del Sur y la tercera a nivel mundial. En las comunidades, la división entorno a los beneficios o perjuicios de la instalación de la geotérmica gana terreno

Daniela Estrada / IPS-IFEG

Santiago, Chile. El turístico campo de géiseres de El Tatio, en la norteña región chilena de Antofagasta, está en el centro de la polémica por un proyecto geotérmico que se desarrolla a 4 kilómetros de distancia. Todo el territorio es reclamado por comunidades indígenas atacameñas, hoy divididas.

“Para nosotros, los géiseres son fuente de vida”, explica Julio Ramos, presidente del Consejo del Pueblo Lickanantay-Atacameño, que agrupa a 25 comunidades de esta etnia en Antofagasta.

El Tatio es el campo de géiseres más grande del hemisferio Sur y el tercero del mundo, con más de 100 manantiales en erupción a más de 4 mil metros de altura, en la Cordillera de los Andes.

Chile es rico en esta energía calórica del interior de la tierra, por estar en el Cinturón de Fuego del Pacífico. La geotermia produce unos 9 mil megavatios en el mundo, con Estados Unidos, Filipinas y México a la cabeza. Distintos estudios indican que el potencial de aprovechamiento chileno ronda los 3 mil megavatios.

El Tatio, ubicado en la comuna de Calama y propiedad del Ministerio de Bienes Nacionales, fue declarado en 2002 zona de interés turístico. Pero como el territorio es reivindicado por comunidades atacameñas, en 2006 su administración se entregó a dos de ellas: Toconce y Caspana.

Según Ramos, la mayoría de los atacameños rechazan la perforación profunda que el consorcio Geotérmica del Norte inició en julio de 2008 en la Quebrada del Zoquete, a 4 kilómetros de las fumarolas.

De hecho, la gubernamental Corporación Nacional de Desarrollo Indígena emitió un informe negativo en el proceso de evaluación de impacto ambiental.

No obstante, dirigentes de Toconce y Caspana llegaron a un acuerdo con Geotérmica del Norte, controlada por la Empresa Nacional de Geotermia, un consorcio cuya propiedad se reparte en 51 por ciento para la estatal eléctrica italiana ENEL y 49 por ciento para la Empresa Nacional del Petróleo de Chile.

Gilberto Anza, presidente de Caspana, asegura que el proyecto les ha traído beneficios, como la colocación de señales orientadoras en el campo de géiseres. Las comunidades contrarias “no se han informado bien”, alega.

El plan de Geotérmica del Norte, de 18 meses, consiste en perforar cuatro pozos a una profundidad de 2 mil a 2 mil 500 metros y luego permitir el alumbramiento de fluidos geotérmicos para evaluar la factibilidad técnica y económica de la generación eléctrica. Parte de los fluidos extraídos son reinyectados a la tierra.

Si se obtienen resultados positivos, la empresa tramitará los permisos necesarios para construir una central geotérmica. La decisión podría tomarse a fines de año.

“El proyecto, que ya se encuentra en ejecución, demostró en la práctica que no tuvo ningún efecto ni en la disponibilidad de agua ni en la biodiversidad”, declara a IPS-IFEG una fuente de Geotérmica del Norte.

La firma también descarta cualquier futuro impacto en los géiseres porque “las manifestaciones termales de superficie son alimentadas principalmente por agua proveniente de precipitaciones o deshielos” y “estas fuentes no son intervenidas por el proyecto”.

Según el ministro de Energía, Marcelo Tokman, la escasez hídrica y el interés turístico justificaban la preocupación ciudadana. El gobierno contrató a una consultora estadunidense para analizar el estudio de impacto ambiental presentado por la empresa.

“Lo que nos han informado es que se están llevando a cabo las perforaciones siguiendo todas las restricciones impuestas, y que no ha habido, como se anticipaba en los análisis científicos, ningún tipo de impacto sobre los géiseres y la disponibilidad de agua”, asegura Tokman.

En cambio, los indígenas que rechazan el proyecto, apoyados por organizaciones ecologistas, autoridades locales y operadores turísticos, están convencidos de que tarde o temprano los trabajos contaminarán las aguas superficiales y subterráneas, perjudicando a los géiseres e impactando en vegetación y animales.

En esa zona altoandina de vegas (tierras húmedas) y bofedales (formaciones vegetales que se nutren de aguas superficiales y subterráneas) se destacan la llareta (Azorella compacta), que crece como una alfombra verde sobre el suelo, y las vicuñas (Vicugna vicugna) y vizcachas (Lagidium viscacia).

Para frenar el proyecto, el Consejo atacameño y la Red de Mujeres de El Loa protagonizaron manifestaciones callejeras y recurrieron a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

La desconfianza ciudadana aumentó en marzo, cuando la Comisión Regional del Medio Ambiente de Antofagasta sancionó a la empresa con una multa equivalente a 180 mil dólares por irregularidades e incumplimientos, que ésta se niega a pagar.

En 2000 se promulgó una ley de concesiones geotérmicas y, en el marco de su política de diversificación de la matriz energética del país, el gobierno de Michelle Bachelet dispuso incentivos para las exploraciones de esta energía renovable no convencional.

Además de la Quebrada del Zoquete, hay otras dos zonas con proyectos de perforación. El 1 de junio se abrió una licitación internacional para adjudicar otras 20 áreas de exploración, 15 de ellas en el norte.

El futuro de El Tatio también inquieta a los científicos. Los académicos Pedro Zamorano y Rubén Araya, de la Universidad de Antofagasta, estudian bacterias que sobreviven en sus géiseres a 80 grados, con gran potencial biotecnológico para procesos industriales.

Los investigadores se abstuvieron de pronosticar eventuales efectos negativos de la geotermia en El Tatio. El principal problema para ellos es la falta de protección al patrimonio biológico de microorganismos, puesto que investigadores extranjeros constantemente visitan la zona detrás de muestras de estudio, dijeron.

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