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Empresarios conservadores, militares sin escrúpulos, jerarcas católicos y dirigentes de organizaciones ultraderechistas conforman en América Latina las huestes antidemocráticas que pretenden imponer un nuevo fascismo, basado en el militarismo, la manipulación religiosa y la defensa de los grandes intereses económicos.

Así ha ocurrido en Honduras, con el reciente golpe militar, que ya recibió la bendición del episcopado de ese país, donde la jerarquía católica se opone al depuesto presidente Zelaya y avala las “instituciones” representadas por el gobierno golpista.

Identificados como opositores de Obama (a quien, haciendo gala de su racismo, el nuevo canciller hondureño ha llamado “un negrito que no sabe nada”), los mandatarios golpistas pretenden seguir desarrollando las líneas de la política internacional de Bush, basada en agresiones militares para imponer gobiernos derechistas, aun cuando ese personaje ya no sea presidente de Estados Unidos.

Como han demostrado los sucesos del país centroamericano, tal proyecto no es descabellado, pues subsisten las fuerzas que sustentaron esa política ultraderechista.

En particular, hay redes conformadas por organizaciones de apoyo a la ultraderecha, muchas de ellas financiadas desde Estados Unidos por el IRI (Instituto Republicano Internacional) y por el Fondo Nacional para la Democracia, que conocieron su auge en la época de Bush, cuando apoyaron las agresiones contra Haití, Venezuela y Bolivia, y respaldaron a partidos derechistas como Acción Nacional en México.

Algunos de los personajes y grupos de ese sector, que estuvieron activos en la llamada “guerra sucia” de la derecha contra Andrés Manuel López Obrador, en 2006, ahora aparecen como partidarios del gobierno de Micheletti, emanado del golpe militar en Honduras.

Entre esos personajes ­–enemigos de Obama, de Chávez, de Evo Morales, etcétera– se cuenta el venezolano Alejandro Peña Esclusa, quien en 1998 fue candidato presidencial en su país, y ahora aparece al frente de organizaciones como UnoAmérica (Unión de Organizaciones Democráticas de América) y Fuerza Solidaria, que forman parte del entramado del nuevo fascismo latinoamericano.

En junio de 2006, Peña Esclusa estuvo difundiendo en redes electrónicas un mensaje donde atacaba a López Obrador, a quien relacionaba con Hugo Chávez, Fidel Castro y la guerrilla colombiana de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia; entre otras patrañas, el antichavista afirmaba: “De ganar López Obrador, México dejará de ser un país libre y soberano. Agentes cubanos y venezolanos tomarán el control de las instituciones…” (Alejandro Peña Esclusa, “Carta abierta al pueblo mexicano”, www.cubademocraciayvida.org/web/article.asp?)

Ahora, UnoAmérica, encabezada por Peña Esclusa, ha felicitado a los autores del golpe militar en Honduras, donde según la organización de corte neofascista “…no se ha producido un golpe de Estado, sino una sucesión constitucional, perfectamente legítima…”

Pero la historia política de Peña Esclusa, típica de la ultraderecha latinoamericana, es mucho más larga, pues tiene sus orígenes en el grupo paramilitar Tradición, Familia y Propiedad; se le vincula con el intento de asesinato de Juan Pablo II, orquestado por ese grupo en Caracas, Venezuela, en 1984 (Ernesto J Navarro, “Tradición, Familia y Propiedad quiso asesinar al papa en Venezuela”, Red Voltaire, 5 de agosto de 2004), en una época en que sectores de la ultraderecha pensaban que Wojtyla no estaba en su mismo bando, y también se le relaciona con el intento de asesinato contra Evo Morales en abril pasado.

Por su parte, Fuerza Solidaria, otro de los grupos que encabeza Peña Esclusa, tiene como objetivo “librar una lucha internacional” contra el gobierno de Hugo Chávez, para lo cual descarta la vía electoral y privilegia métodos violentos. Dicho grupo dice contar con una filial en Washington y con otra en la ciudad de México, creada el 6 de marzo de 2007 por un grupo de venezolanos antichavistas.

El grupo opera también en El Salvador, donde a principios de este año, Peña Esclusa apoyó, como parte de una guerra sucia contra la izquierda, la repartición de 1 millón de discos compactos titulados “Yo no entrego a El Salvador”, con mensajes contra el presidente venezolano Hugo Chávez Frías.

La ultraderecha latinoamericana, predominantemente militarista, católica y empresarial, está organizada en redes bien identificadas, que centran sus consignas en el ataque a la izquierda, que personifican en Hugo Chávez, Evo Morales y Fidel Castro, entre otros, y en el apoyo a gobiernos derechistas como el de Uribe en Colombia y el de Calderón en México.

*Maestro en filosofía con especialidad en estudios acerca de la derecha política en México

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