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A dos meses de la turbulencia que afectó al país por el virus de la influenza humana A1N1, elevando las alertas sanitarias a todos sus niveles, casi nadie ha vuelto a utilizar tapabocas porque el tema parece ya un asunto olvidado. Especialistas advierten que los brotes pueden volver en cualquier momento


Reynosa, Tamaulipas

Apenas el 16 del mayo pasado Hora Cero publicó el que presumiblemente fue el primer fallecimiento salido a la luz pública causado por la influenza, un virus que conmocionó a México, al mundo y que en otros países como Argentina sigue causando estragos.

Se trató del deceso de Jorge Siete Plancarte, un joven avecindado en la ciudad de Aguascalientes, y quien en un santiamén perdió su vitalidad para enseguida quedar fulminado por una neumonía atípica, según consta en el acta de defunción.

A pesar de que las autoridades de salud en ese Estado negaron que la causa de su fallecimiento se debiera al virus A1N1, lo cierto es que los deudos recibieron cuidados especiales y el suministro de medicamentos exclusivos para atender la llamada “pandemia del Siglo XXI”, como el Tamiflu.

Ciudades enteras se paralizaron con el temor a los contagios: las actividades académicas fueron canceladas, espectáculos, trayectos en terminales camioneras, aéreas y portuarias. Asimismo, numerosas industrias cerraron provisionalmente sus puertas, como también diversos comercios.

A las únicas que la influenza no les afecto, al contrario, fueron las farmacias, que reportaron ventas históricas.

En las carreteras del centro del país podían mirarse kilométricas filas de trailers transportando productos médicos, básicamente antivirales, cubrebocas, desinfectantes y guantes elásticos.

Los más importantes noticiarios también alcanzaron notables niveles de audiencia tras el brote. Al menos una de cada cuatro personas en edad de razonamiento quería informarse de lo que pasaba, según estudios informales.

El pánico entre los mexicanos fue de tal envergadura que a dos días de declararse la “tragedia nacional” las boticas ya habían sido vaciadas.

Una botella de alcohol en gel se llegó a cotizar hasta en los 80 pesos, mientras que las mascarillas pasaron de .50 centavos a 25 pesos.

La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) aseguró que castigaría a los establecimientos que cometieran atropellos, pero nada de esto ocurrió, porque evidentemente para los funcionarios no era lo mismo una queja interpuesta por un oneroso cubrebocas, que por una motocicleta defectuosa o un refrigerador.

Polaridad y freneticismo

La efervescencia por la influenza avivada por los medios de comunicación difundió multitud de teorías sobre el origen de la enfermedad e incluso, hasta canciones sobre el tema fueron compuestas.

También circularon rumores en las redes sociales de Internet de que el virus, como al “Chupacabras”, se lo había inventado el gobierno para disuadir del ojo público las millonarias erogaciones de la administración calderonista contra el crimen organizado, superando el paquete de ayuda económica que Estados Unidos le dio a México en la crisis del 94.

Peor aún, la Secretaría de Salud Federal bombardeó a la nación con escandalosas cifras de muertos e infectados a causa de la influenza y que al final terminaron siendo mucho menores.

Por tal razón, toser sin cubrirse la boca llegó a considerarse una gran falta de respeto, aunque en materia de seguridad irónicamente en el mes de mayo disminuyeron los índices delictivos y muertes con violencia.

Podría retornar

Para Javier Ramos, experto en asuntos sanitarios y coordinador del Servicio de Infectología del Hospital Universitario de Monterrey, los brotes de la influenza pueden volver en cualquier momento, pero para ello el país ya está más entrenado.

Argumenta: “Tenemos acciones educativas, de insumos, de recursos para atender una nueva contingencia aviar”.

No obstante, el secretario de Salud Federal José Angel Córdova Villalobos mencionó recientemente que en México terminó la pandemia y se pasó a una fase endémica, que se caracteriza por brotes aislados y de fácil control.

Lo cierto es que ya casi nadie porta el cubrebocas al andar en la calle, asistir al cine o a clases. Tampoco en mercados ni tiendas de autoservicio.

Tal parece que en un par de meses el temor a enfermar de la influenza se ha vuelto mucho menor al de ver palidecer la economía familiar, que resultó seriamente afectada por el paro de labores.

En ciudades turísticas las pérdidas ascendieron a miles de millones de pesos de acuerdo a reportes de prensa. Muchos pequeños comercios quebraron por el escaso margen de utilidades. Las industrias como la del transporte y el plástico también sufrieron mermas, al igual que la manufacturera.

Según especialistas la opinión pública sufrió un hartazgo de información que la dejó empalagada.

De acuerdo a datos de la Secretaría de Salud en México se detectaron seis mil 403 infectados por la influenza entre abril y mayo, pero sólo 109 personas fallecieron.

Por lo pronto, el virus que puso en jaque a las autoridades sanitarias y poblaciones de la República Mexicana se fue como “pelotita” a otras naciones -como Paraguay, Argentina, la India, Tailandia y Bolivia por citar algunas-, que atraviesan por la misma ola de pavor, interrupción de funciones y dispendios en medicamentos.

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