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La violencia juvenil ya es un problema de salud pública en México. Informes de organismos nacionales e internacionales demuestran que este sector de la población vive expuesto al maltrato físico y sicológico, perpetrado por familiares, autoridades y docentes, principalmente, sin que exista un programa público que los atienda

“Viví una experiencia horrible. Fui violada por un familiar; la verdad, a mí no me gustó por el simple miedo que tenía hacia esa persona. Le conté a mi mamá lo que me había pasado, y me dijo que a ella le había pasado lo mismo” (sic), revela una estudiante de 16 años ante el anonimato que le da una encuesta que busca conocer los niveles de violencia a los que se enfrentan los jóvenes.

Éste es uno de los 186 relatos (relacionados con la violencia familiar) escritos por mujeres y hombres en edad adolescente, para el Diagnóstico sobre la violencia en la educación media superior, y las relaciones entre estudiantes y docentes, para la promoción de los derechos humanos y las relaciones igualitarias, elaborado en 2008 por la Academia Mexicana de Derechos Humanos (AMDH).

El informe de la AMDH, vinculado con la Cátedra Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés) de Derechos Humanos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dice que “los jóvenes no están exentos de sufrir o perpetuar la violencia. A su vez, la escuela tampoco está exenta, por el contrario, regularmente los establecimientos escolares son escenarios de violencia, a veces sutil, a veces manifiesta y, en ocasiones, incontrolable”.

“Ahorita en la escuela tengo muchos problemas con las materias, porque he faltado mucho y no me quieren justificar las faltas. Ya les expliqué y les traje los papeles de la demanda que le metí a mi padrastro, que desde los ocho años me ha estado violando. Ahorita mi mamá ya lo sabe… ahora se asusta, pero antes no me creía (sic)”, dice el testimonio de otra joven de 15 años de edad.

La AMDH, presidida por Gloria Ramírez Hernández, doctora en ciencias sociales por la Universidad Sorbona de París, Francia, aplicó 1 mil 700 cuestionarios en 18 planteles CETIS (Centro de Estudios Tecnológicos, Industriales y de Servicios); la hipótesis fue: “La violencia, la discriminación, la injusticia social y de género provocan una radical desigualdad de oportunidades; la escuela puede contribuir a acrecentar esta situación cuando no es debidamente atendida”.

Los resultados obtenidos sobre 800 encuestas validadas por la academia indican que los alumnos expresaron que habían sido víctimas de violencia: 412, en el trato que reciben de las y los docentes al dar clase; 362 más, en la convivencia entre estudiantes; 267, al exterior del plantel (calles cercanas); 186, familiar; 99, en las relaciones de pareja; 85, en la relación con personal del plantel (directivos, administrativos y prefectos), y 228 más hablaron de experiencias ajenas.

La también coordinadora de la Cátedra UNESCO de Derechos Humanos de la UNAM, Gloria Ramírez, dice en entrevista: “Vemos una situación preocupante, que parece estar instalada en la absoluta resignación de la comunidad escolar. Los jóvenes siempre han sido un sector vulnerable, poco atendido. Cuando hicimos la encuesta, nos dimos cuenta de que no hay una oficina que se ocupe de esta situación”.

Datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), contenidos en el estudio Hechos sobre adolescentes y jóvenes en América Latina y el Caribe, indican que la trasgresión inicia desde la edad infantil y deja un saldo de 220 niños y adolescentes, menores de 18 años, que mueren todos los días víctimas de la violencia doméstica –el equivalente a 80 mil personas por año.

La Unicef también alerta que América Latina y el Caribe tienen la tasa más alta de homicidios entre adolescentes de 15 a 17 años en el mundo, con un promedio de 22 asesinatos (37.7 hombres y 6.5 mujeres) por cada 100 mil habitantes.

Acoso en las escuelas

El diagnóstico de la AMDH indica que de los 412 casos que dejaron sus testimonios del trato que reciben de las y los docentes al dar clase, el 58 por ciento corresponde a 239 mujeres. Mientras que 173 varones denunciaron algún tipo de violencia contra su persona y/o de sus compañeros.

Ejemplo de ello es el breve relato de una joven: “El profesor nos decía putas teiboleras, que estábamos feas y gordas, y que somos humanos”. Casos como éste fueron denunciados por 103 mujeres que dijeron haber pasado por alguna situación de violencia verbal. En tanto, este tipo de violencia se presentó en 239 varones.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la violencia juvenil está caracterizada como un problema de salud pública. El organismo internacional define a la violencia como el uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, otra persona, un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños sicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.

El diagnóstico de la AMDH también revela que el acoso sexual y el hostigamiento son otra de las situaciones a las que se enfrentan los estudiantes. De las acusaciones recavadas, sólo 43 mujeres dejaron muestra de ello: “Personalmente, este profesor me llegó a insinuar que yo le interesaba y que podía ayudarme para aprobar el curso. Después me enteré que no era la única alumna a la que acosaba; nunca se le denunció”, dice una joven de 18 años de edad.

Mientras, un varón de 16 años hace referencia al acoso que observa por parte de los maestros: “En la escuela es bien notorio que los profesores, sobre todo el de… es bien lanzado con las chavas… se hace el gracioso y se quiere pasar de listo. Ya platicamos con las que se les ha insinuado; les pide cuerpomático y además una lana para pasar” (sic).

De las relaciones entre el personal docente y los alumnos se desprende que 47 hombres denunciaron violencia sicológica, mientras que 55 mujeres se vieron agredidas de esta manera. “Hay maestros que nos dicen: son unos mediocres y nunca van a poder ser nada en la vida”, dice una joven.

La coordinadora de la Cátedra UNESCO de Derechos Humanos enfatiza que en el país prevalece la violencia de género en todos los ámbitos. “Aquí, a la mujer se le viola, se le maltrata y se le mata. Es la sociedad que estamos heredando, y las autoridades no han representado una figura de protección”.

Novios violentos

“Un día, él y yo estábamos bien, nos la estábamos pasando muy bien, pero a la hora de la salida (de la escuela) platiqué con un compañero y (mi novio) se puso muy mal. Me empezó a azotar en un carro, me fracturó la muñeca derecha, me gritó que yo lo provocaba (a enojarse), que era una golfa. Me aventó hacia la avenida, tiró todas mis cosas al suelo… intentaba pegarme hasta que una amiga me defendió y me llevó con ella”, dice una estudiante de 17 años de edad.

Según el Diagnóstico sobre la violencia en la educación media superior, y las relaciones entre estudiantes y docentes, 99 mujeres (entre 15 y 22 años de edad) manifestaron ser víctimas de violencia en las relaciones de noviazgo. De esta cifra, 42 dijeron padecer violencia verbal; 34, física; 15, sexual, y ocho, discriminación.

Una joven de 17 años, estudiante y que vive con su pareja, relata: “Llegaba a golpearme, y sus padres no decían nada. Las pocas cosas que tenía, me las robó para comprar su porquería (droga). Ahora estoy embarazada y tengo miedo de que mi bebé nazca con problemas. No sé qué hacer, él me sigue golpeando y abusa sexualmente de mí”.

El informe La violencia juvenil, elaborado por la OMS, dice que en casi todos los países, los adolescentes y los adultos jóvenes son las principales víctimas y los principales perpetradores de esa violencia. “Los homicidios y las agresiones no mortales que involucran a jóvenes aumentan enormemente la carga mundial de muertes prematuras, lesiones y discapacidad”.

Ello, indica el organismo mundial, daña profundamente a las víctimas y también a sus familias, amigos y comunidades. Sus efectos se ven en los casos de muerte, enfermedad, discapacidad y en la calidad de vida. “La violencia que afecta a los jóvenes incrementa enormemente los costos de los servicios de salud y asistencia social; reduce la productividad, disminuye el valor de la propiedad, desorganiza una serie de servicios esenciales y en general socava la estructura de la sociedad”.

En el caso de los jóvenes que violentan, explica que a menudo presentan problemas como el ausentismo escolar, el abandono de los estudios y el abuso de sustancias sicotrópicas. También suelen ser mentirosos compulsivos, conductores imprudentes, y estar afectados por tasas altas de enfermedades de transmisión sexual.

La sicóloga social Miriam Camacho Valladares, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, indica que los jóvenes “son un sector vulnerable, porque no hay atención a los múltiples conflictos que los afectan”.

La especialista en atención del sector juvenil indica que el “sujeto” es el reflejo de todas las dinámicas que se dan en la familia: de cómo se piden las cosas en casa o de cómo los padres resuelven los problemas. “La violencia es la forma en que los jóvenes han aprendido a solucionar los conflictos y nadie más que la familia es el ejemplo”.

Para la elaboración de este trabajo se solicitó entrevista con el Instituto Mexicano de la Juventud institución federal encargada de las políticas públicas de atención a los y las jóvenes– a través de Patricia Ferreira, directora de Prensa y Relaciones Públicas, sin que al cierre de la edición se haya obtenido respuesta.


Juventud y pobreza en América Latina y el Caribe

El estudio Hechos sobre adolescentes y jóvenes en América Latina y el Caribe, del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), indica que en la actualidad hay más de 158 millones de jóvenes, entre 10 y 24 años de edad, que representan el 30 por ciento de la población total de la zona, “el mayor número en la historia de la región”.

El organismo internacional indica que 15 millones de adolescentes entre 10 y 18 años viven con menos de 1 dólar al día. Además, estima que entre un 25 y un 32 por ciento de la población joven sufre las consecuencias de comportamientos riesgosos como: la deserción escolar, la maternidad adolescente, el desempleo, la adicción a las drogas o los conflictos con la ley.

En materia de empleo, el informe de la Unicef señala que 22 millones de jóvenes no tienen empleo y no asisten a la escuela.

Otro de los aspectos que muestra el organismo internacional es que el embarazo en adolescentes, entre 15 y 19 años, registra “la segunda tasa más alta del mundo”. Indica que el 20 por ciento de los nacimientos en la región es de madres menores de 20 años y el 40 por ciento es de embarazos no deseados.

También resalta que hay aproximadamente 420 mil adolescentes y jóvenes, de 15 a 24 años, que viven con el Virus de Inmunodeficiencia Humana /Sida. (ER)

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