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Abstencionismo, sufragios a favor de candidatos ficticios, boletas tachadas por completo, frases descorazonadas, manifiestos enérgicos, mentadas de madre o grafías catárticas… Al final del proceso, las manifestaciones de repudio no son leídas por nadie más que por los funcionarios de casilla, quienes las contabilizan como “errores”. Promotores del voto en blanco dicen que el movimiento podría intensificarse en 2012

El voto nulo es la huella que dejarán las elecciones mediante las cuales se renueva la Cámara de Diputados, la Asamblea Legislativa, los congresos locales, presidencias municipales, seis gobiernos estatales y 16 delegaciones políticas del Distrito Federal. El movimiento anulista es, según los analistas, un punto de quiebre en el proceso electoral.

A la par de las campañas, un sector de la sociedad mexicana anunció abiertamente que ninguno de los partidos se ganó su voto, e instó a todos los inconformes a que en la jornada del 5 de julio votaran por ninguna de las opciones impresas en las boletas. Aunque tradicionalmente el 3 por ciento de los electores, en promedio, anula su voto, ahora derivado de las campañas por el voto nulo, dicha opción podría ganar entre el 8 y 10 por ciento del padrón, de acuerdo con las últimas estimaciones.

“El abstencionismo no significa una protesta necesariamente: lo practicará la gente que se mantiene al margen de los procesos electorales, que es totalmente pasiva y que decidirá mejor quedarse a ver el futbol que ir a votar. Anular el voto es una expresión de los mexicanos más insatisfechos y mejor informados, porque no basta con estar insatisfechos, sino que se requiere estar informados”, considera Sergio Aguayo Quezada, uno de los impulsores del voto nulo, investigador de El Colegio de México y autor de numerosos libros especializados en temas electorales, entre ellos Urnas y pantallas. La batalla por la información.

El “movimiento anulista” –que el 17 de junio se convirtió en Asamblea Nacional por el Voto Nulo–, nació en internet en febrero pasado, cuando aparecieron numerosos blogs, páginas personales y redes sociales en las cuales los cibernautas manifestaban su rechazo a los políticos y, aludiendo a casos específicos de corrupción que involucran a funcionarios de todos los partidos, su decisión de no otorgarle a ninguno el voto.

“Se trata de un movimiento en el cual muchísimos jóvenes están participando por primera vez en votar y anular su voto, lo cual significa que participan de las reglas de la democracia, pero con un voto de protesta por lo que está ocurriendo en el país”, según Aguayo.

En efecto, la anulación está considerada en la Ley Electoral, que en su artículo 252 establece que las boletas deben contener un espacio para candidatos o fórmulas no registradas. En tanto que el artículo 274, que en su numeral uno determina el procedimiento para el escrutinio y cómputo de los votos, señala que los integrantes de cada mesa contarán el número de votos nulos.

Aguayo, presidente del consejo directivo de Fundar, Centro de Análisis e Investigación –institución dedicada a la investigación, difusión y enseñanza en torno a aspectos relacionados con la democracia y la participación ciudadana– impulsó el cruce de la boleta a favor de la candidata ficticia Esperanza Marchita. Su razón: “Considero que ya es insostenible lo que está sucediendo con el sistema político mexicano”, explica.

Las contracampañas

El descrédito de los políticos, los exorbitantes sueldos y prebendas, el nulo trabajo legislativo, la ausencia de vínculos con la ciudadanía, la corrupción e impunidad de los servidores públicos y sus familias, y en general la pérdida de confianza, motivaron el hartazgo e indignación de los ciudadanos, que vieron en la anulación del voto la vía de protesta.

Una de las tempranas manifestaciones por esta opción fue la del ilustrador y caricaturista Edgar Clement, colaborador de Marvel Comics y de revistas y diarios de circulación nacional. Lo suyo empezó como catarsis. “Platicaba con una amiga del asunto del góber precioso, Mario Marín, lo de los hijos de Marta Sahagún, y tantos otros casos de corrupción que han quedado impunes, y de repente pensamos hacer algo para hacer patente nuestro repudio a los políticos y decidimos que debíamos condicionar el voto”, explica.

El 5 de febrero, Edgar Clement, considerado uno de los mejores novelistas gráficos de México, colocó su primer post con el lema “Yo anularé mi voto”, y las razones por las cuales ninguno de los partidos tendría su sufragio. En unos días, su blog recibió miles de mensajes de ciudadanos que, como él, se decían insatisfechos con el trabajo de los políticos.

“No podría dar alguna razón en específico para anular el voto, porque en realidad son muchas. Es la impunidad que hay en el país, por ejemplo, el caso más reciente y que es uno de los más brutales, el incendio en Hermosillo, que dejó al descubierto a políticos y sus familiares haciendo negocios a costa de tantas vidas. Lo que más me molesta es la inmoralidad de la cual ya no se salva nadie.”

Vota en blanco

En mayo, la organización Vota en Blanco impulsó otra campaña. Su representante, Luis Pérez Acha, un abogado oriundo de Sonora, dice que su grupo, al cual define como “un verdadero movimiento de oposición”, surgió “de la evaluación que un grupo de ciudadanos hicimos a la ineficiencia y la corrupción de los funcionarios del gobierno”. Señala que “éste es un movimiento de oposición a todos los partidos, un rechazo a la partidocracia mexicana; así, el trabajo que no hace la oposición política, lo estamos haciendo los ciudadanos en estos momentos”.

¿Qué te molesta de cada partido?

Lo que me molesta a mí y a los remitentes de los 4 mil mensajes diarios que recibimos en la página de internet de Vota en Blanco es la complicidad del gremio político con el empresarial, su complicidad con el narcotráfico, con el sindical y el eclesiástico para encubrir sus actos de corrupción. Y no es un partido en específico, son todos en conjunto, operando en su provecho exclusivo y en perjuicio de los ciudadanos o sin tomar en cuenta a los ciudadanos, o a la distancia de los ciudadanos, siempre subidos a un pedestal.

La catarsis

Basta leer los mensajes a los post de las principales campañas anulistas para entender los factores que provocaron que miles de mexicanos –principalmente entre los 18 y 40 años de edad– voten por un candidato que nunca ocupará ni casa de gobierno, alcaldía, curul, ni oficina delegacional. Los hay desde quien propone movilizaciones a partir de este 6 de julio, hasta quien habla de ajusticiar a los malos políticos.

Muchos se quejan de que en los últimos años sus colonias se convirtieron en grandes corredores de droga, al amparo de los alcaldes y policías locales. “Cuando lo denunciamos al diputado de la colonia, los mañosos de los picaderos nos amenazaron. ¿Cómo supieron que nosotros denunciamos? Mejor nos fuimos de la colonia, por eso yo no pienso darle mi voto a nadie”, dice Raúl, un anulista.

“Mi candidato a diputado federal por el Partido Acción Nacional (PAN) está en la cárcel acusado de cohecho y peculado de cuando era presidente municipal; el del Partido Revolucionario Institucional es un total desconocido; el del Partido de la Revolución Democrática, ni idea.

“Podemos tratar también el tema de la luz eléctrica acá en Mexicali donde hay incluso un frente cívico que hizo firmar a los candidatos, que llegaron a venir en campaña, para que hubiera tarifas más justas una vez que llegaran a la Presidencia, y ahí lo tienen: el documento firmado por Felipe Calderón. ¿Y de qué sirvió? La firma de Calderón, en su momento, mandó el mensaje de empatía con los mexicalenses; ahora que lo ha ignorado, después de más de dos años de gobierno, el mensaje percibido es que nos hicieron güeyes otra vez”, escribe Delia, otra anulista.

Edgar Clement comenta que en estos cuatro meses recibió correos de jóvenes que planteaban que el sistema mexicano es tan decadente que sólo mediante una revolución mejorará la situación. “Decían, primero anulamos el voto, luego hacemos la revolución; yo les decía: ‘Calma, sólo se trata de anular el voto, no vamos a asaltar el Cuartel Moncada’”.

Otros apelan al espíritu de la democracia: “En la democracia mandamos los ciudadanos. Es cuestión de utilizar nuestras prerrogativas: libertad de expresión, libertad de asociación y sufragio efectivo, de manera inteligente. Ya es tiempo de imponer nuestro mandato a la clase política”, cita otro cibernauta.

En el occidente del país, uno de los movimientos que tomó mayor fuerza fue Anulo mi voto, encabezado por Carlos Páez. Como parte de su campaña, repartieron pequeñas cajas como si fuesen pastillas con el texto: “Anulo mi voto. El medicamento ideal para la revitalización política y la recuperación democrática de una nación. Recuperador democrático instantáneo. No se deje al alcance de políticos corruptos. Para políticos nulos, votos nulos”.

Los anulistas

Entre los anulistas hay gente de todas clases sociales: como el ama de casa guanajuatense que militó 30 años en el PAN, concibiendo la idea de que el partido, que en 1939 se fundó como fuerza de oposición, era la vía para un proyecto de nación más justo. Ilusión quebrada, explica, con el saldo que dejó el primer presidente de él emanado. Está también el joven taxista de Tampico, que a sus 26 años de edad dice que la anulación de su voto es su primera oportunidad de encarar al sistema que no le dejó opción para decidir su futuro. También está la politóloga que replicó al hombre más rico de México su “voracidad leonina”.

Hay otros que alguna vez también fueron votados y cuyos lazos familiares dejarían por sentado que debían estar del otro lado. Su nombre: Gabriel Hinojosa Rivero, primo hermano del presidente Felipe Calderón, y uno de los principales anulistas de Puebla. En entrevista, Gabriel se deslinda de su primo, asegura que no comparte su ideología política, aunque una vez lo hizo: fue el primer alcalde que Acción Nacional tuvo en Puebla (en 1997).

A finales de febrero, la organización G2G (gobierno de segunda generación), que preside Hinojosa, lanzó la campaña Tache a Todos. Ésta estuvo encaminada “a lograr que todos aquellos ciudadanos que se abstienen de votar, por no tener confianza en el sistema de partidos, optaran por asistir a votar, pero de forma que quede constancia de su inconformidad con las opciones: rechazo a los partidos y sus candidatos, pero no a la democracia”.

¿Por qué tachar a todos?

Porque ya comprobamos que votar por “el menos peor” no nos ha dado buenos resultados. Votar y anular es mandar un mensaje de rechazo al Congreso, que es la representación de la sociedad y está secuestrado por los poderes fácticos, y es un método que ya se usa con éxito en otros países. No tiene otra lectura más que la protesta social, por eso hicimos un llamado a que todos los que quisieran protestar anularan su voto.

“Porque toda la gente ya se dio cuenta de que la mayoría de los legisladores son la escoria política de los partidos. En el Congreso, por muy buenos o malos que sean los diputados, no son los que deciden, sino los que reciben órdenes, y el mejor ejemplo es el testimonio patético donde Dulce María Sauri reconoció que ella votaba leyes con las que no estaba de acuerdo para que no la vetaran”.

Los soldados del voto

El fenómeno se desbordó. La anulación del voto se transformó de propuestas aisladas entre blogueros a un “movimiento nacional”. El 17 de junio, tras su participación en las mesas redondas “Voto razonado”, organizadas por el Instituto Federal Electoral, los politólogos Sergio Aguayo, Denisse Dresser y José Antonio Crespo, junto con 34 organizaciones, formaron la Asamblea Nacional por el Voto Nulo. Cinco días antes de las elecciones, la asamblea expuso su pliego petitorio y acordaron movilizaciones a desarrollar en los días posteriores a la jornada electoral.

A la par, emergieron los defensores del voto. “Es muy significativo que para condenar el voto nulo se hayan unido Marta Sahagún, Vicente Fox, Jesús Ortega y Andrés Manuel López Obrador, además de Germán Martínez y todos los partidos, la jerarquía católica; y eso que las leyes electorales admiten el voto nulo. Pero lo que están defendiendo son intereses económicos muy concretos, quieren seguir disfrutando las prerrogativas y los altos salarios, no todos por supuesto, pero si un sector bastante amplio”, explica Sergio Aguayo.

El IFE se vio obligado a pronunciarse al respecto. “Aunque es una forma legal de participación electoral, es también una fórmula que los margina de las decisiones fundamentales del 5 de julio”, dijo el consejero presidente Leonardo Valdés Zurita. Argumentaba que el voto en blanco no debía convertirse en un tema “que divida a la sociedad, debilite a las instituciones y, en el peor de los escenarios, descalifique el trabajo que lleva a cabo el Instituto Federal Electoral”.

La influencia

Si es un solo voto o millones de ellos los que se anulen en la jornada electoral de este domingo, en términos prácticos no incidirá en el resultado electoral. Al final del día, seis candidatos serán electos gobernadores de Campeche, Nuevo León, Colima, San Luís Potosí, Querétaro y Sonora; 500 diputados federales obtendrán una curul en San Lázaro; habrá 558 nuevos alcaldes, y 379 diputados locales, porque el voto nulo “es sólo una forma de manifestarse políticamente, pero no tiene, por desgracia, ninguna garantía de incidir en la misma política”, explica Arnaldo Córdova, investigador emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México, doctorado en filosofía del derecho por la Universidad de Roma, Italia.

Córdova, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, argumenta el valor del sufragio a favor de un candidato o partido: “El voto tiene un significado constitucional y político, es decir, el voto es el origen de todas las instituciones del Estado, y el voto es algo que no simplemente significa darle algo a algún candidato o algún partido, sino que significa la intervención del ciudadano en la edificación de las instituciones, y ésa es una consideración del voto que no toman en cuenta los anuladores o anulistas, porque creen nada más que se trata de darle algo a algún candidato o partido y dicen ya basta. Pero no es solamente eso, el voto tiene un significado más amplio y más institucional del que se pretende darle”.

El problema del sistema mexicano, dice Arnaldo Córdova, “no está en el voto”, así que, “más allá de anular o no, el problema real está en las instituciones del Estado, que hay que reformarlas, y todo el mundo tiene que darse cuenta de eso. Mientras no se haga y sigan las cosas como están, vamos a tener la misma gata y revolcada de mil maneras”. Explica que también se requiere “que la gente tome cauce en otras formas de participación directa de los ciudadanos en política: el plebiscito, el referéndum, la revocación del mandato y la iniciativa popular. Es decir, hay varias vías necesarias para que el Estado sea vigilado”.


Entre la fe y el IFE

Durante todo junio, la iglesia católica instrumentó una subrepticia campaña contra el voto nulo. Las homilías se convirtieron en tribuna para “animar la participación ciudadana en las elecciones”.

En su portal de internet, en abril, el Episcopado Mexicano lanzó su campaña “Con justicia y participación ciudadana hay democracia”. Como parte de ésta, en un documento suscrito por Gustavo Rodríguez Vega, obispo de Nuevo Laredo y presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social, alude al artículo 130 de la Constitución Política, que prohíbe “la formación de toda clase de agrupaciones políticas cuyo título tenga alguna palabra o indicación cualquiera que la relacione con alguna confesión religiosa. No podrán celebrase en los templos reuniones de carácter político”.

Así que “nuestro ministerio pastoral, en tiempos electorales, lo viviremos como un auténtico servicio en la medida que asumamos responsablemente nuestra tarea de formar la conciencia de los fieles católicos, respetando en todo los derechos políticos de la ciudadanía, cuidándonos de no identificar nuestro ministerio en favor de los pobres y de la justicia con posiciones partidistas, y fortaleciendo en los distintos espacios la vida comunitaria, la participación y formas civilizadas de convivencia, fundadas en el respeto a la dignidad de las personas”, signó Rodríguez Vega.

No obstante, en junio, algunas diócesis e iglesias se convirtieron en foros donde los obispos y párrocos se lanzaron abiertamente contra quienes promovían el voto nulo. Onésimo Cepeda, obispo de Ecatepec, fue de los más insistentes. Durante una homilía dominical sentenció: “No le hagan caso a esos estúpidos que dicen ‘voten en blanco’, eso es una estupidez”. El cardenal Norberto Rivera calificó las campañas anulistas como “una verdadera irresponsabilidad”.

Posteriormente, los órganos de difusión de la iglesia católica emitieron numerosos documentos con el mensaje explícito de condenar la anulación. Uno de ellos es el denominado “No hay democracia verdadera y estable sin participación ciudadana y justicia social”, suscrito por monseñor José Luis Chávez Botello, arzobispo de la Arquidiócesis de Oaxaca, difundido el 22 de junio por el Episcopado Mexicano:

“En el proceso electoral que estamos viviendo, no basta con alzar la voz ‘a medio tono’, es momento de ‘gritar’ con todas nuestras fuerzas que elegir a los representantes en los poderes es un ejercicio ciudadano en el que todos debemos comprometernos: saber a quien elegimos y por qué lo hacemos. Anular o abstenerse de votar hace de nuestra democracia un acontecimiento desesperanzador y cercano a la deriva”, consigna. (ALP)



Aumentar la calidad de democracia: intelectuales anulistas

Denise Dresser asegura que la relevancia histórica del movimiento anulista “dependerá de nuestra capacidad para asegurar que así sea. Dependerá de nuestra capacidad de convocatoria, de ser propositivos, de movilizar a la gente y de entender que esto no se acaba el día de la elección”. Abunda: “La batalla por aumentar la calidad de la democracia mexicana es una batalla que lleva mucho tiempo, y éste es sólo un frente más”.

Por su parte, José Antonio Crespo sostiene que, a pesar de lo que digan el IFE y algunos analistas políticos, respecto a que el voto en blanco no es inútil, “puede determinar qué partidos se quedan y qué partidos se van, dependiendo del número de votos nulos que haya, sobre todo de los que vienen de los abstencionistas”. Es decir, “si por el número de votos nulos se determina que en lugar de ocho partidos se quedan cinco, pues fue un impacto brutal sobre la composición de la Cámara de Diputados, incluso más que el decir si hubo 10 curules más o menos para tal o cual partido”.

Eso afectaría, sobre todo, a los partidos chicos que “han contribuido muchísimo al desprestigio de los demás y al malestar que tenemos los ciudadanos”. Y a los grandes les restaría legitimidad, que podrían recuperar si incorporan las reformas del movimiento anulista, apunta.

La abstención es enorme, del 60 por ciento, pero al IFE no parece importarle porque es pasiva, no tiene efectos jurídicos. “La abstención es muda, el voto nulo es ruidoso. La abstención no tiene ningún efecto jurídico, el voto nulo sí que lo tiene”.

Para sancionar a los partidos, el movimiento quiere que pongan un espacio en la boleta electoral para la opción “ninguno”, como en Chile, Colombia y España, porque “eso tiene efectos sobre el presupuesto de los partidos, es decir, a un mayor número de votos nulos se reduce el presupuesto global de los partidos. Es uno de los instrumentos que tienen los ciudadanos para multar a los partidos por su mal desempeño”.

José Woldenberg, exconsejero presidente del IFE, señala que “no hay un solo campo de batalla y ni un solo diagnóstico de lo que sucede en México. Ahora bien, yo no le temo al movimiento anulacionista. Para nada. Lo que no me gusta es la retórica antipolítica. De veras, la frase ‘todos los políticos son iguales’ ha sido empleada por movimientos antipolíticos que han utilizado un malestar incubado en la sociedad para, en muchas ocasiones, erosionar instituciones democráticas”.

Alguien puede usufructuar las contradicciones del movimiento y “eso es lo que no se nos ha aclarado con suficiencia al resto de los mexicanos.

“Concedamos: hay malestar. Muchos mexicanos anularán el voto. Ésa es una llamada de atención. Eso expresa un malestar legítimo, pero todavía nos deben el sí. ¿Con qué quieren reformar, sustituir, mejorar, cambiar lo existente? Y hasta que no conozcamos eso, la cara democrática de ese movimiento potencial todavía no habrá emergido. Es solamente un potencial porque, insisto, a la gente se le conoce por lo que sí, muy difícilmente por lo que no”, señala.

El consejero electoral Arturo Sánchez reconoce que hay un nuevo actor en el proceso electoral: un movimiento –organizado, desorganizado– por anular el voto, que se posicionó rápidamente de manera alegre, vivaz, técnicamente eficiente, a través de internet, sorpresivo para muchos. (Fernando Ortega Pizarro)


Reclamos de algunos anulistas

1) Reducción del número de diputados de 500 a 300. Que cada puesto desaparecido de un legislador se convierta, con todas sus prerrogativas, en uno nuevo para un científico avocado al tema de la conservación ambiental, alimentación o estudios sobre energía.

2) Disminución de la Cámara Alta a un solo senador por estado. Y que esos recursos se les otorguen a las escuelas de educación superior que presenten los mejores programas de investigación en tales temas.

3) Cancelación de los seguros médicos privados de legisladores y funcionarios públicos. Que acudan al ISSSTE o que paguen un servicio privado de sus bolsillos, y que el ahorro derivado de este seguro se destine a becas de posgrado en ciencias.

4) Disminuir la subvención a los partidos políticos a la mitad. Habiéndose reducido el número de candidatos y además habiendo sido exentados ya los partidos de pagar los tiempos en los medios masivos de comunicación, utilizar esos recursos para becas de excelencia en el grado medio superior de educación técnica.

5) Desaparición de candidatos plurinominales en todas las legislaturas. Que los ciudadanos de cada estado decidan a qué destinar los recursos que se ahorren.

6) Limitar a tres las fechas de elecciones para un sexenio, para disminuir los tiempos de confrontación política y aumentar los tiempos para los acuerdos. (ALP)