Yo acuso al desgobernador Bours

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Lo que sucedió el viernes 5 de junio de 2009 en una guardería del municipio de Hermosillo, Sonora, pasadas las quince horas, es equivalente a un genocidio de niños, de entre unos cuantos meses de nacidos y no más allá de los cuatro años.

Ya que empezando por la ubicación del galerón-casa donde había una maquiladora, y que se habilitó como albergue infantil, que enfrente está una gasolinera y esta rodeado por dos predios donde se almacenan desperdicios de la Secretaría de Hacienda sonorense y una llantera, se tenía el propósito de cometer homicidios contra no menos de 79 niños y que por ser menores de dieciséis años (artículo149-bis del Código Penal Federal) tipifica ese delito con el agregado de que fueron homicidios con todas las agravantes.

Hasta el día de esta edición de Contralínea-Sonora, puntual medio de información y crítica que ha mantenido desnudando al despótico y depredador sexenio del desgobernador José Eduardo Robinson-Bours Castelo, el saldo es de 45 muertos y otros tantos marcados de por vida por las secuelas físicas y psicológicas de los sobrevivientes que sufrieron quemaduras hasta en un 80 por ciento de sus cuerpos.

Ese día infernal, el señor Robinson-Bours estaba de vacaciones en Tucson, Arizona, para donde la emprende cada final de semana, harto de estar en un cargo que obtuvo por la vía del fraude electoral y que desprecia, como negociante de huevos y pollos en la empresa familiar y cuyos transportes han sido pillados, por los retenes militares, llevando cocaína.

Robinson-Bours había abandonado sus obligaciones y avisado por sus súbditos llegó a la capital sonorense una hora y pico después del pavoroso siniestro, yéndose a visitar (¡a visitar!) a los niños hospitalizados, mientras no menos de 30 madres y padres, para ese momento, privados de sus hijos recién nacidos, desesperados, lloraban la muerte de quienes en vida fueron su ilusión amorosa y que habían fallecido abrasados por las llamas en sus cunas.

Una guardería, llamada ABC, subrogada por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), pero que tenían la obligación y responsabilidad el desgobernador y el alcalde hermosillense, de tenerla constantemente vigilada y que, por negligencia, por omisiones, nunca se informaron de que el inmueble carecía de salidas de emergencia, de extintores, tenía sobreproblación (porque Bours cerró otra guardería, la “Caperucita Roja” y envió a los niños de ésta a la ABC) y sin el personal suficiente para atender a esos infantes. Con alarmas que no funcionaron. Y sin la presencia, sobre todo, del multimillonario y depredador de la riqueza sonorense, de Robinson-Bours.

El incendio de la guardería, con todo y el precedente del infierno bíblico y el dantesco fue, realmente, un auténtico e infernal drama. El periodista Juan Arias (El País, 3 de junio de 2009) recordando el evangelio de Mateo, nos informa que Jesús refiriéndose al cuidado que se debe tener para con los niños, sentenció que “al que escandalice a uno de estos pequeños, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar”.

Los homicidios de hasta el momento más de 40 niños y los otros más de 30 muertos en vida son imputables no sólo a los funcionarios menores, como pasa siempre, sino ante todo a Robinson-Bours y este YO ACUSO se sustenta en la negligencia del desgobernador, su ausencia el día del espantoso genocidio, porque su administración tenía que estar al tanto de las guarderías y no solamente de cómo sus empleados, las esposas de éstos y los del IMSS (de Molinar Horcasitas y Daniel Karam), los parientes de las esposas de Calderón y Robinson-Bours fueron premiados por el tráfico de influencias, con los contratos de subrogación con los que han ganado millones de pesos.

Herodes-Bours y sus cómplices han de ser puestos en la picota de las imputaciones penales y, Robinson-Bours, además, sentado en el juicio político. No debe dárseles impunidad y los tribunales han de sancionarlos con todo el rigor de la ley, para que se pudran en la cárcel. Es lo menos que debe hacerse como precedente y para que las madres y padres de esos niños, al menos, sepan que los homicidas de sus hijos son delincuentes que cometieron tráfico de influencias, son genocidas o, en última instancia, partícipes en la criminal privación de la vida de esos niños y de las lesiones de por vida que le causaron a los demás.

YO ACUSO al desgobernador José Eduardo Robinson-Bours Castelo del incendio de la guardería ABC y las muertes de los niños sonorenses.

Y esto, así como se titulaba la columna del finado periodista sonorense… “Dígalo que yo lo dije”.

Álvaro Cepeda Neri