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El narcotráfico y la narcopolítica en Sonora han convertido a la entidad en otro de los centros principales del tráfico de drogas con protección de policías y funcionarios de los municipios priistas y de la administración y gobierno del Estado. Los cárteles del Golfo, Chihuahua y Sinaloa –con el cártel sonorense y sus ramificaciones– se diputan el control del territorio y compiten por pagar sobornos multimillonarios a las autoridades locales, para consolidar complicidades que les permitan disputar la hegemonía de uno u otro cártel.


Es tal el dramático problema, que el (des)gobernador Bours buscó a un entonces secretario del despacho presidencial para contarle del mismo y de que Calderón no atendía sus peticiones, cuando es un hecho que las fuerzas federales, policías y soldados, son las únicas que han estado operando para cuando menos mantener detrás de la raya a la delincuencia.

Tan es así que en la nariz de Bours (sus intereses y mansiones a todo lujo están en el sur de la entidad, precisamente en el municipio de Cajeme, con su cabecera Ciudad Obregón) estaba un inmenso terreno funcionando como aeropuerto, talleres, almacenes, pista de aterrizaje y otros servicios, donde se encontraron 19 avionetas propiedad de los narcos que a la luz del día realizan sus ilegales actividades.

A sabiendas de ese espacio que hasta con armas contaba, las policías municipales ni las del estado nada dijeron, hasta que militares de la Cuarta Zona Militar le siguieron el vuelo a seis avionetas que se dirigían a ese aeropuerto clandestino y dieron con el hallazgo. Hubo dos detenidos. Y la información sobre el hecho lo hizo Marcelo Beyliss, reportero-corresponsal (Reforma, 14 de noviembre de 2008).

El gobierno de Bours dejó crecer el narcotráfico y sus funcionarios se coludieron a través de la narcopolítica, por lo cual ni avisaban de las actividades de los cárteles. Empero, Bours, que ya tiene encima las elecciones para la sucesión de gobernador, presidentes municipales, diputados federales y Congreso local, no sabe ahora cómo controlar al Frankenstein de las drogas y que bien puede intervenir en ese proceso electoral, condicionando el triunfo de su sucesor (Elías Serrano, senador con licencia) a menos que el Partido Acción Nacional logre con su candidato, salirle al paso y ganar la gubernatura que parece posible.

Los militares lograron intervenir el aeropuerto de los narcos y decomisar las naves con las cuales se transportaban la droga y los dólares que se “lavan” en Sonora sin que la administración de Bours, supuestamente, esté enterada.

Los sonorense, sin embargo, comentan que la familia Bours, radicada en Ciudad Obregón, saben cómo los narcos han establecido en el sur sonorense sus bases para que uno de sus cárteles disponga de protección. El arsenal de transporte aéreo y demás elementos estaban a la vista del desgobernador y éste solamente, para lavarse las manos, fue a comentarle al secretario de Calderón, cuando su obligación es poner al tanto a los funcionarios federales.