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Los calderonistas no saben cómo mantener a raya a quien sus paisanos duranguenses (estando de alumno fósil en el Tecnológico regional) apodaron “el alacrán”, por lo belicoso y ponzoñoso. Electricista para sólo cambiar focos, Manuel de Jesús Espino Barrientos no quita su aguijón de su mira: clavárselo a Calderón.

Esto mientras persigue al “periodista” en turno del Partido Acción Nacional (PAN) (como fue Espino durante su reinado en la Presidencia del blaquiazul) y llama, con sus tambores, a la guerra tribal contra los nuevos dueños de los azules. Ya se autopropuso para una candidatura federal (nada tonto, pues tendría asegurada una local que le ofrece su padrino y manager el “gober” Robinson-Bours).

El exjefe de los giros negros en Ciudad Juárez, cuando empezaron los feminicios, y después jefe policiaco en Hermosillo, donde afiló sus tenazas para aprisionar a sus enemigos, calienta motores. Lo lanzaron del edificio del PAN, al parecer un piso, y ya consiguió como domicilio de su (vacía de militantes) Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), un inmueble propiedad de un empresario foxista y a quien, asegura, le pagó por adelantado un año de arrendamiento (20 pesos por mes) y sarcástico le confesó a los reporteros Elena Miche y Víctor Hugo Michel (Milenio: 7/I/09), que “la renta es muy, muy cara” y el supuesto prestador del servicio es “un muy buen amigo”.

Espino compró y cortó en solitario la rosca y el reportero gráfico lo captó cuando engullía, con tremendo mordisco, un trozo del pan, mientras no dejó de morder al PAN y exigirle a Germán Martínez (éste en la colaboración del mes pasado que le escriben para un periódico, se disculpó por su odio a los israelitas) que más le vale y le reserve una diputación pluri (para no tener que hacer campaña y salga derrotado en las urnas) o tendrán que verse cara a cara y no responde de “chipote con sangre”.

El pseudosonorense, sólo porque se fue a refugiar a Hermosillo desde que el mal tino de Calderón lo mandó dizque a organizar a los panistas, hizo complicidades con Robinson-Bours, y el “gober” de los pollos a la cocaína y los huevos le ha ofrecido que busque la candidatura por la gubernatura de Sonora a través de Acción Nacional.

De no darle la diputación, Espino amenaza con irse con todo contra los calderonistas y atenazar a Calderón para no soltarlo hasta inyectarle su veneno. Prepara su reelección como presidente de la fantasmagórica ODCA, que es, dice, su “plan B”, y continuar comparando a Calderón con Hugo Chávez.

Engullendo, pues, la rosca, Espino aparece en su sala de acuerdos, con las fotografías de Vicente y Felipe en la pared, haciendo burla de que su nuevo domicilio fue la casa de campaña de Calderón. Y con su carta a Germán, Espino quiere una diputación, desatendiendo el refrán de que “Dios no les dio alas a los alacranes”.

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