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Un corredor de varias comunidades indígenas del norte del Cauca, en Colombia, es recorrido por grupos armados con el objeto de robar, amenazar e intimidar a los pobladores. Las tierras, arrancadas en la década de 1970 a los terratenientes, son ahora codiciadas por multinacionales

Actualidad Étnica / IPS

Esther Corinto, Colombia. Pese a ser un tierra fértil, habitada por una comunidad indígena pacífica y tener la fortuna de gozar de una mezcla de paisajes entre bosques y semivalles, la comunidad de Esther Corinto vive amenazada por la presencia de grupos armados que intimidan con su accionar violento y roban la tranquilidad que la madre tierra les heredó a sus habitantes.

La Esther es una vereda del corregimiento de Los Andes que forma parte de las 43 localidades del municipio de Corinto al norte del Cauca, y a nivel organizativo está bajo la jurisdicción del cabildo indígena del mismo municipio.

Desde la parte alta de la Esther se puede observar un paisaje muy variado, diversas montañas, bosques, semivalles y también se alcanzan a observar veredas cercanas como: Santa Elena, Los Alpes, La Esmeralda, Carrizales, La Siberia, El Danubio, Palo Negro y La Cristalina.

La Esther es una de las primeras tierras recuperadas por el movimiento indígena de manos de los terratenientes en la década de 1970. Estas tierras marcaron el inicio del proceso de recuperación territorial, ahora liberación de la madre tierra, que se dio en el norte del Cauca y se extendió a todo el Cauca.

Esta comunidad, por estar ubicada casi en límites con el resguardo de Tacueyó, posee un clima entre calido y frío. Las familias que allí habitan cultivan hortalizas (repollo, zanahoria, arveja, ullucos, papa, entre otros) y frutales (mora, tomate de árbol, fresa y lulo). En las casas no pueden faltar las gallinas, los patos, los pavos y en algunos lugares también se crían cerdos. Igualmente, las comunidades tienen ganado y sacan algunos derivados de la leche como el queso.

Con estos productos subsisten las familias y los excedentes los llevan al mercado de Corinto para comprar lo que no producen. La Esther tiene una tierra muy fértil donde también se cultiva el café; posee varios nacimientos de agua y algo de bosque.

Las 46 familias que habitan esta vereda se sienten muy afortunadas de formar parte de este territorio y de esta comunidad. Son familias que hace muchos años han estado aquí; algunos vienen de veredas vecinas y otros, muy pocos, son gente de otros municipios o cabildos; todos trabajadores, amables, solidarios y sencillos.

Al conocer esta parte de la historia y cómo viven en la vereda Esther Corinto, pareciera que todo estuviera muy bien. Sin embargo, durante una actividad comunitaria realizada en la escuela de la vereda, padres de familia, niños y demás miembros de la comunidad manifestaron que se sentían muy contentos de estar allí, pero no estaban tranquilos.

Sus rostros reflejan la preocupación y la angustia que sienten, especialmente los niños, cuando sus territorios son escenarios de frecuentes enfrentamientos entre diferentes grupos armados, y cuando esos hombres con armas se pasean por la vereda tomándose las casas de las familias, intimidando a los comuneros, impidiendo que se desplacen libremente por los caminos, y que puedan ir a sus parcelas a trabajar.

Los actores armados, además de meterse a las casas, violando el principio de distinción del derecho internacional humanitario, tras los combates abandonan artefactos explosivos a lo largo del territorio, poniendo en alto riesgo a los habitantes, que por desconocimiento los manipulan causándoles heridas mortales.

“Con todo esto que pasa no se puede ni dormir, mucho menos vivir tranquilos”, manifestó Miguel, coordinador de la guardia indígena de esa comunidad y comunero de la Esther.

En abril pasado, la comunidad citó a los miembros del Cabildo Indígena de Corinto, de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) y del Tejido de Comunicación para expresar públicamente a las autoridades las preocupaciones frente al conflicto en su territorio y pedir orientación y acompañamiento.

¿Qué está pasando en otras comunidades? ¿Cómo está la organización? ¿Qué están haciendo las autoridades indígenas? ¿Qué hay que hacer desde la Esther para seguir fortaleciendo el proceso y la organización propia? Fueron las inquietudes manifestadas por las personas que participaron en esta reunión.

Jorge Arias, consejero mayor de la ACIN, expuso la situación en la zona norte. Se refirió inicialmente al plan de ocupación del territorio, a la militarización, a las contradicciones internas que se presentan en las comunidades, “situaciones que si no se les presta la debida atención confunden la comunidad, desestabilizan y dividen el proceso”, afirmó.

El líder de la ACIN mencionó los efectos y consecuencias del conflicto armado que se generan a partir de los intereses económicos de las multinacionales sobre el territorio y los recursos naturales, y finalizó su intervención llamando a la comunidad al diálogo y a la unidad desde las familias para continuar fortaleciendo la comunidad y el proceso.

“Todos somos parte de este proceso, no olvidemos a los que han estado antes de nosotros; ayudemos a orientar a los que vienen después”, fue la reflexión inicial de Rafael Coicué, líder del proceso de socialización de la Minga Social Comunitaria a nivel nacional e internacional.

Coicué recordó las leyes y hechos significativos en la historia del proceso organizativo del Cauca. Se refirió, de manera especial, a la última acción relevante del movimiento indígena y compartió a la comunidad todo el proceso de la minga: logros, avances, dificultades y tareas que han surgido desde los diferentes sectores que se han sumado a esta iniciativa para continuar caminando la palabra de los pueblos.

Para cerrar la actividad, el Tejido de Comunicación expuso el aporte de la gestión de la comunicación como una herramienta estratégica de resistencia y dio a conocer el trabajo que, desde una visión indígena de la comunicación y la creación de medios propios en radio, internet, impresos y audiovisuales ha articulado una estrategia de comunicación para visibilizar, fortalecer y proteger los planes de vida y el proceso comunitario.

Durante la actividad se proyectó el documental de la minga realizado por el Tejido de Comunicación: País de los pueblos sin dueños, cumpliendo así no sólo con el acompañamiento a las comunidades, sino también con la tarea de socializar de manera puntual las acciones colectivas que adelanta el movimiento indígena, donde la comunidad es la protagonista.

Al culminar el encuentro, el presidente de la Junta de Acción Comunal, Moisés Indó, un joven sonriente y atento, agradeció a la comunidad por la participación, y a los invitados por la visita y la información que socializaron con los asistentes.

Indó manifestó la intención de continuar trabajando en unidad desde las familias y pidió el apoyo y acompañamiento de las autoridades tradicionales para superar las dificultades y seguir construyendo juntos una comunidad nueva.

La comunidad de Esther Corinto reafirmó su propósito de unidad y resistencia para poder vivir tranquilos y construir cada día un mejor futuro para los que vienen después.

Fuente: Revista Contralínea 137 / 28 de junio de 2009

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