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Documentos desclasificados de la inteligencia alemana revelan las ligas de tres de los principales dirigentes políticos de Kosovo con el crimen organizado. Pero los expedientes también dejan al descubierto que las relaciones de los políticos kosovares con la mafia siempre fueron conocidas por los gobiernos de la OTAN, quienes las toleraron y, en algunos casos, las fomentaron

Jürgen Roth* /Red Voltaire

Tres de los políticos más importantes de Kosovo están profundamente involucrados en el crimen organizado, en particular, del tráfico de droga. Esto es, precisamente, lo que demuestran los documentos secretos de los servicios de inteligencia alemanes, de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y de la Kfor (Kosovo Force), una fuerza internacional de estabilización.

Los documentos inculpan a Ramush Haradinaj, quien ocupó el cargo de primer ministro hasta marzo de 2005; a Hashim Thaçi, primer ministro desde enero de 2008 hasta la fecha y líder del Partido Democrático de Kosovo, y a Xhavit Haliti, miembro de la Presidencia del Parlamento. Cada uno de ellos hizo carrera en el Ejército de Liberación de Kosovo, vivieron varios años en Suiza y, hasta hoy, mantienen relaciones de negocio y personales en ese mismo país.

En el análisis de las 67 páginas del informe de los servicios de inteligencia alemanes, del 22 de febrero de 2005, se puede leer, por ejemplo: “Gracias a actores claves (como Haliti, Thaçi y Haradinaj) existe una relación estrecha entre la política, la economía y estructuras criminales que operan a nivel internacional. Las redes criminales que la sostienen propician la inestabilidad política, porque no tienen, evidentemente, interés en que se instaure un orden estatal eficaz que podría perjudicar sus prósperos negocios. Fácil de entender por qué los principales actores del crimen organizado aspiran a puestos de primera importancia dentro del gobierno o dentro de partidos y/o mantienen muy buenas relaciones con esas esferas”. El crimen organizado se transforma, de este modo, en “un medio político propicio”.

Éste es el análisis que los Servicios de Inteligencia consideran “información clasificada”.

Uno de estos personajes clave, Hashim Thaçi, apodado la Serpiente, es el presidente del Partido Democrático de Kosovo y muy conocido en Suiza. Según los servicios de inteligencia alemanes, éste controla parte importante de las actividades criminales de Kosovo. “Se presume que Thaçi, junto a Haliti, es uno de los financiadores del asesino profesional Afrimi”, presunto responsable de, al menos, 11 asesinatos por encargo.

Thaçi, de 36 años, vivió en Suiza desde 1995 en calidad de refugiado. Gracias a una beca, hizo estudios en la Universidad de Zúrich en historia de los países del Este. En 1992 fue uno de los fundadores del Ejército de Liberación de Kosovo y, más tarde, se convirtió en su líder. En 1999, se hizo súbitamente conocido por su participación, en calidad de jefe de la delegación de la tienda albano-kosovar, en las negociaciones de paz albano-serbias de Rambouillet. Allí se dio a conocer por la comunidad internacional como hombre político.

En esta misma época, de acuerdo con los servicios de inteligencia alemanes, Thaçi controlaba un “servicio de seguridad”, “una red criminal que operaba en todo Kosovo”. “Es probable que en 2001 mantuviera contacto con la mafia checa y la albanesa. En octubre de 2003 habría estado estrechamente ligado, en el marco del tráfico de armas y droga, a un clan al que se le acusa de lavado de dinero y chantaje”.

El clan de los albaneses de Kosovo

El segundo personaje clave, Ramush Haradinaj, de 37 años, es, sin duda, uno de los políticos más controvertidos de Kosovo. En el informe de los servicios de inteligencia alemanes se le hace mención de la siguiente forma: “La estructura que rodea a Haradinaj es, fundamentalmente, un clan familiar de la ciudad de Decani que se dedica a todo tipo de actividades criminales, políticas y militares, que influyen, considerablemente, en las condiciones de seguridad de todo Kosovo. El grupo comprende alrededor de 100 miembros implicados en el tráfico de droga, armas y mercancía sometida al régimen aduanero. Además, Haradinaj controla gobiernos comunales”.

En un informe secreto del 10 de mayo de 2004, la Kfor designa a este grupo como “la más poderosa organización criminal” de la región y agrega que Haradinaj ha puesto su mano, también, en la distribución de la ayuda humanitaria y la ha utilizado como instrumento de poder.

Gracias a la colaboración activa de la comunidad internacional y, particularmente a la de Estados Unidos, Haradinaj ha podido abrirse camino. Llegó a Suiza en 1989, hablando inglés y francés de corrido, en calidad de trabajador inmigrante. Se desempeñó como guardia en una discoteca de la estación de ski de Leysin. En febrero de 1998 volvió a Kosovo y organizó operaciones militares del Ejército de Liberación de Kosovo. Después de la guerra, se hizo conocido por estar involucrado en enfrentamientos armados con otros clanes, hechos que inmediatamente fueron interpretados por la ONU como “actos de venganza y ajuste de cuentas”. Efectivamente, se trató de un caso de lucha de poder entre familias mafiosas, como lo muestra el ejemplo siguiente.

La Central Intelligence Unit (CIU), el servicio de inteligencia de la ONU, describió, en su informe del 29 de diciembre de 2003, un caso en el que ve implicados a diplomáticos. El 7 de julio de 2000, Haradinaj atacó la casa de un clan rival que le hacía competencia en el tráfico de drogas. Según la CIU, Hadinaj pretendía robar 60 kilos de cocaína que esta familia escondía. Resultó herido en intercambio de balas y escapó.

Antes de que Haradinaj pudiera ser interrogado por los policías de Naciones Unidas, fue puesto en un helicóptero militar italiano y llevado a una base de la armada estadunidense, en una operación rápidamente organizada por dos presumibles agentes de la Central Intelligence Agency. La policía de Naciones Unidas recibió, desde su cuartel general en Pristina, la orden de “renunciar a todas las medidas en su contra”.

La policía se abstuvo de realizar lo pertinente al caso porque temió que su arresto, que pudo convertirse en la imputación de un “héroe de combate por la liberación”, caldeara los ánimos en una situación que ya era tensa. Después de este incidente, Haradinaj fue puesto a salvo en Estados Unidos. “Durante su estadía, recibió entrenamiento y Estados Unidos le prometió ayudarlo en su carrera política; si Kosovo lograba independizarse, él sería su candidato favorito”.

De regreso en Kosovo, el protegido de Estados Unidos fundó un nuevo partido, la Alianza por el Futuro de Kosovo, y en diciembre de 2004 se convirtió en primer ministro conforme al deseo de Estados Unidos. Sin embargo, no duró más de tres meses en el cargo. En marzo de 2005 renunció y se presentó ante el Tribunal Penal Internacional de la Haya. Se le acusó por haber cometido, de manera sistemática, crímenes de limpieza étnica acompañados de torturas y violaciones en contra de serbios y gitanos. A pesar de ello, bajo la fuerte presión de Estados Unidos y contra la voluntad de la fiscal en jefe a cargo del caso, Carla del Ponte, fue liberado de la prisión preventiva y pudo dedicarse de momento a la actividad política. El proceso en su contra comenzó en la Haya en marzo de 2007 (fue absuelto el 3 de abril de 2008). Ninguna denuncia ha sido presentada, hasta el momento, por crimen organizado.

El atentado de Zúrich

Xhavit Haliti, apodado Bunny, también es uno de los personajes que juegan un rol importante en Kosovo. Según la Kfor, este miembro de la Presidencia del Parlamento y vicepresidente del Partido Democrático de Kosovo “es un criminal conocido, implicado en tráfico de drogas y armas”. El informe de los servicios de inteligencia alemanes afirma que “Haliti está involucrado tanto en el lavado de dinero, el tráfico de drogas, armas y de humanos, como en asuntos de prostitución, además de pertenecer al principal círculo de la mafia. Como personaje clave en el crimen organizado, manipula, siempre, grandes sumas de dinero”.

Al igual que Haradinaj y Thaçi, Haliti comenzó su carrera en Suiza. Estudió sicología en ese país a fines de la década de 1980. En 1990 fue víctima de un atentado con motivaciones políticas. Un año más tarde fue parte de la Presidencia del Movimiento Popular de Kosovo y organizaba el Ejército de Liberación de Kosovo desde Suiza. Se cree que antes y durante la guerra abasteció de armamento a esa organización y controló el Homeland Calling Fund. Inmigrantes albano-kosovares de Suiza y Alemania donaron, más o menos voluntariamente, 400 millones de dólares a este fondo.

La Kfor escribió: “Una vez que las donaciones disminuyeron después de la guerra, Haliti se arroja a la actividad criminal organizada a gran escala”. Según la misma fuente, Haliti no representa un caso único; “lo sorprendente es que casi todos los cabecillas del crimen organizado son comandantes o jefes de unidades especiales del Ejército de Liberación de Kosovo”. Respecto de Haliti, tampoco se cuenta, aún, con nada que justifique una querella penal.

Estos tres ejemplos demuestran, una vez más, que Suiza fue un centro de actividad del Ejército de Liberación de Kosovo. Es allí donde, antes del conflicto, se recolectaron millones destinados a la compra de armas y a la propaganda y, también, donde se reclutó a los combatientes para la “lucha por la libertad de los albaneses oprimidos de Kosovo”. En el verano de 2001, el Consejo Federal decidió que los representantes de las organizaciones albano-kosovares debían descontinuar su actividad política y la recaudación de fondos. Respecto a Haliti, el Consejo Federal emitió la prohibición de su entrada a territorio suizo.

Opio para Europa

Los informes secretos de los servicios de inteligencia alemanes hacen suponer que, a pesar de la administración de la ONU y la Kfor, Kosovo es uno de los principales centros de convergencia del crimen en Europa. Una de las razones es que el tráfico de drogas es altamente lucrativo. Gran parte del opio que se cosecha, de manera creciente, en Afganistán llega al mercado europeo convertido en heroína desde Albania y Kosovo. Según Klaus Schmidt, jefe de la Misión de Asistencia de la Comunidad Europea, llegan cada día de 500 a 700 kilos de opio a Albania y Kosovo para ser transformados en sus laboratorios. Diariamente, 1 millón de euros provenientes de la droga se intercambian en el mercado gris de la capital albanesa de Tirana. Los especialistas afirman que se trata del cártel de droga más importante formado en curso de los últimos años.

De acuerdo con el informe de los servicios de inteligencia alemanes, incluso los desórdenes de 2004, que llevaron a Kosovo al borde de una nueva guerra civil, fueron fomentados por criminales que quisieron continuar dedicándose al tráfico con toda tranquilidad. “A principios de abril de 2004 sabíamos, gracias a medios encargados de la seguridad en los Balcanes, que los disturbios de Kosovo habían sido planeados y ejecutados a petición del crimen organizado. Durante los disturbios, camiones repletos de heroína y cocaína pasaron las fronteras sin ningún control, porque la policía de la ONU y los soldados de la Kfor estaban totalmente ocupados en el control de los disturbios”. Este hecho lo confirmaron policías de la ONU en Pristina, quienes prefirieron guardar sus identidades por seguridad. La policía de la ONU se queja de que no se ha hecho nada, hasta el momento, en contra de los criminales.

La ONU y la Kfor no han resuelto el problema, ni siquiera una parte de él. La policía de la ONU carece, particularmente, de medios. “Vamos a la batalla con espadas de madera”, se lamenta un policía de alto rango. Pero, sobre todo, carece de apoyo político para actuar, de manera eficaz, contra los clanes mafiosos. Según los servicios de inteligencia alemanes, ni los gobiernos regionales ni el Ejecutivo están interesados en la lucha contra el crimen organizado, “porque están vinculados a él”. Un jefe de policía de la ONU, encargado de la lucha contra el crimen organizado, declaró a Weltwoche que “personeros de renombre, incluido el exprimer ministro, fueron propulsores de los disturbios de marzo, que fueron organizados por una estructura criminal conocida. Numerosos servicios lo saben, sin embargo, nada se hace en contra de esta estructura”. Ésta es su explicación: “Evitan que se desaten nuevos desórdenes, que se producirían, sin duda, en el caso de que se iniciara una investigación criminal en contra de Ramush Haradinaj”.

Una de las consecuencias que trae el dejar las cosas tal como están es que en Europa, especialmente en Suiza, Alemania e Italia, los clanes albanokosovares constituyen un poder criminal dominante. Los servicios de inteligencia alemanes consideran que aquello representa “un gran peligro para Europa”. Muchas comisarías de policía de la ONU se restituyen a los servicios de la policía kosovar. El problema es que los antiguos encargados permanecen en sus puestos y son los mismos que están bajo sospecha por mantener lazos estrechos, a menudo familiares, con jefes conocidos de la mafia.

Los documentos citados descansan en el resguardo de los cajones de los tribunales.

*Periodista alemán autor de numerosos libros sobre el crimen organizado. Su última obra publicada: Ermitteln verboten!

Traducción: Francisca Carmona

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