Autor:

Carlos A. Sánchez / Prensa Latina

En la época de las cavernas, cuando la sequía o una plaga atacaban, el brujo mayor trataba de apaciguar y alejar a los demonios que traían tales calamidades lanzándoles sus conjuros y maldiciones más efectivos, aunque con poco éxito

En la actualidad, cuando la recesión económica global ha comenzado a hacerse sentir en todo el mundo y en todos los sectores, los jefes de los siete principales países donde se originó esta grave calamidad y se le permitió tomar fuerza, se reunieron en Londres a principios de abril con representantes de otras 13 naciones, junto con las cuales forman el Grupo de los 20 (G20), a fin de lanzarles a las nuevas fuerzas del mal, comunicados, declaraciones y promesas de enmienda pero, sobre todo, millonadas de dólares para aplacarlas.

Los brujos eran más humildes y menos prepotentes que los actuales gobernantes del poderoso grupo de las siete naciones más ricas del planeta. Aquellos no pretendían saberlo todo, pero ahora resulta que éstos saben, según su comunicado del 2 de abril de 2009, que la falta de regulaciones sobre el crédito bancario y grandes fallas en la supervisión de muchas operaciones compraventa de valores financieros provocaron fuertes trastornos en las bolsas, pero que ya se tomaron todas las previsiones para superar esta crisis y evitar una nueva en el futuro.

El texto del comunicado de Londres parece de una seriedad impecable, pero es mentira. Las autoridades de los países ricos no sabían ni querían saber la magnitud que estaba alcanzando el endeudamiento de las principales firmas inmobiliarias con la colocación en los mercados internacionales de valores respaldados por las hipotecas subprime, de alto riesgo de impago.

Además, el Fondo Monetario Internacional (FMI), al que se le asigna el papel de supervisor de la ética y la limpieza legal de los negocios financieros, durante toda la gestación de la crisis global actual no advirtió sobre los peligros que podrían traer, y trajeron, gigantescas inversiones y préstamos, sumamente riesgosos en los mercados de bienes raíces y que llevaron a la quiebra a firmas como Merrill Lynch, Fannie Mae y Freddie Mac, estas dos últimas eran las dos inmobiliarias más grandes de Estados Unidos, y la AIG, la aseguradora más grande de ese país, la financiera Lehman Brothers.

Muchas otras firmas fueron rescatadas por el gobierno, pero un buen número cerró o está todavía en riesgo de colapsar, repletas sus carteras de papeles de deudas incobrables, “tóxicas”, como se da en denominarlas ahora.

Ni el FMI ni los gobiernos de los países ricos advirtieron el tremendo impacto negativo que podrían causar las compañías petroleras dominantes con su alza especulativa de precios que catapultaron el barril de crudo hasta los 147 dólares, lo que encareció todo y jugó un papel importante al crear una situación insostenible para millones de deudores de hipotecas y les llevó a una suspensión de pagos masiva.

Tuvo que venir la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), acusada sistemáticamente por las grandes cadenas de prensa de Estados Unidos de desabastecer el mercado, para poner en claro en el otoño de 2008 que el alza del oro negro era culpa de otros y acordó congelar la producción de sus 13 países miembros.

Para sorpresa de los angustiados consumidores, a partir de esa decisión, las cotizaciones del crudo comenzaron a caer en todos los mercados. Los precios del crudo bajaron hasta niveles entre 30 y 40 dólares el barril, aunque en los días finales de abril mostraban un repunte cercano a los 50 dólares.

Lo peor de las decisiones del G20 es el entusiasmo y el énfasis con el que insisten en asignar al FMI el papel preponderante como regulador y supervisor de la economía, particularmente la de los países de nivel ingreso bajo de Asia, África y América Latina, lo que equivale para esas naciones a poner “la Iglesia en manos de Lutero”, como dice el Vaticano cuando algo es totalmente desacertado.

El acuerdo del G20 de inyectarle al fondo poco más de 1 millón de millones de dólares para incrementar sus posibilidades de préstamo y suministrar dinero a los bancos para aumentar sus créditos y a las empresas sus inversiones va a repetir el fenómeno de una crisis parecida a la actual dentro de pocos años.

La cuestión es que con estos nuevos recursos se mantienen las viejas condiciones de sus préstamos, que conllevan el virus neoliberal y de libertad de acción, desregulación, especulación y todo lo que generó la desastrosa situación económica mundial que estamos viviendo.

Y es que el FMI, aunque tiene 185 miembros y formalmente es una entidad del sistema de Naciones Unidas, en realidad es una organización al servicio de Estados Unidos y de una decena más de países ricos. Más precisamente, de los más poderosos intereses empresariales y políticos de estas naciones.

No es un organismo que presta para el desarrollo de sus miembros, para eso está el Banco Mundial, pero su ámbito de acción es el no menos importante de mantener la estabilidad de la cotización de las monedas y vigilar que las naciones manejen la tasa de cambio dentro de límites no inflacionarios y mantengan reservas suficientes para pagar su deuda interna pero, sobre todo, su deuda externa sin retrasos.

Ser miembro del FMI equivale a otorgarle al gobierno de Estados Unidos el derecho a dictar la política económica de cada Estado asociado al fondo, en vista de que los países necesitan frecuentemente préstamos que les permitan mantener la convertibilidad monetaria dentro de determinadas tasas y hacer el pago de su deuda externa con puntualidad.

Ahí es donde el fondo exige, para conceder sus préstamos, que los gobiernos solicitantes le informen de la política económica que se proponen seguir mediante una “Carta de intención” que redactan los propios países, pero que tiene que ser aprobada en Washington, donde radica la oficina central de este organismo. Naturalmente, los términos de esa carta habrán de estar acorde con los intereses estadunidenses, europeoccidentales y japoneses, de lo contrario, sencillamente no habrá préstamos.

Para que no haya malentendidos, el FMI envía misiones técnicas que asesoran a los gobiernos sobre los puntos que a las autoridades de Estados Unidos les gustaría ver reflejados en la “Carta de intención” y que son básicamente los siguientes: ningún obstáculo a la inversión, ningún obstáculo al comercio exterior en todos los sectores, ningún subsidio a la producción agrícola, libertad absoluta a la empresa privada, nacional y extranjera, privatización de las empresas estatales que interesen al capital privado, libre movimiento de capitales de inversión, así como de remisión de utilidades.

Hay algunas que están incluso en contradicción con la conducta del propio gobierno de Estados Unidos, como los subsidios agrícolas, que prohíbe a otros, pero que en su territorio practica abiertamente, igual que en los países de la Unión Europea, destinando a ello centenas de millones de dólares o euros todos los años.

Incluso a países como México, con el cual mantiene, junto con Canadá, un tratado de libre comercio, se le prohíbe que ingresen a territorio estadunidense camiones de carga mexicanos para transportar mercaderías importadas por empresarios estadunidenses; además le bloqueó la compra de aguacate y de atún con pretextos ambientalistas.

Aunque se le hayan hecho algunas concesiones a Estados Unidos, la relación con este país siempre es difícil, no sólo para los mexicanos.

Con todos los millones de refuerzo que se le van a asignar, el FMI no hará más que continuar imponiendo a los prestatarios la política neoliberal, donde sólo se tolera que sea “la magia del mercado” como único elemento de regulación y equilibrio de la actividad económica y mercantil. El aparato estatal, cuanto más chico, mejor; y todo esté a la libre empresa.

Sobre regulaciones y controles a la actividad económica, mientras menos, mejor. Es decir, se reintroducirán o se mantendrán dentro de las economías todos los elementos que hicieron florecer, con vigor de selva virgen, la actividad especulativa desbocada, las crisis de impagos inmobiliarios, el endeudamiento acelerado y la consiguiente quiebra de empresas gigantes, el desempleo, caída de producción y la recesión a escala planetaria.

Volviendo al FMI, como parte del sistema de Naciones Unidas, su accionar en la toma de decisiones es profundamente antidemocrático. Su Asamblea General no es de miembros iguales, sino una reunión de accionistas.

No existe el principio de un país un voto, sino que cada miembro tiene un porcentaje de votación de acuerdo con el porcentaje de su contribución al capital de la entidad.

Estados Unidos tiene casi el 15 por ciento de los votos y sólo necesita los votos de dos o tres gobiernos muy aliados a él a fin de obtener el porcentaje suficiente para ejercer un virtual derecho de veto sobre los préstamos y la fijación de las políticas del fondo que requieren de una votación del 85 por ciento del total de votos.

Administrador de recursos para la reactivación

El FMI es muy criticado por muchos países del Tercer Mundo por el doble rasero de su actuación de tolerancia hacia los ricos y dureza con los pobres.

Ese organismo fue creado en 1944 para establecer en la posguerra un sistema monetario que propugnaban Estados Unidos y sus aliados políticos y económicos de occidente, pero no está diseñado para sacar al mundo capitalista de sus crisis periódicas que padece, o para certificar la ética y legalidad de bonos, acciones que se comercian en las bolsas de valores y hasta vigilar que las políticas económicas que los países vayan a adoptar sean ecológicas.

En su cumbre de Londres, el G20 acordó el 2 de abril, en su párrafo quinto: “Los acuerdos que hemos alcanzado hoy constituyen un programa adicional de 1.1 billones de dólares de apoyo para restaurar el crédito, el crecimiento y el empleo en la economía mundial. Las medidas son las siguientes: triplicar los recursos a disposición del FMI hasta los 750 mil millones de dólares; apoyar una nueva partida de Derechos Especiales de Giro de 250 mil millones de dólares y al menos 100 mil millones de dólares en préstamos adicionales por parte de los bancos multilaterales de desarrollo; garantizar 250 mil millones de dólares de apoyo para la financiación del comercio; y utilizar los recursos adicionales de las ventas de oro acordadas por el FMI para la financiación concesional de los países más pobres.

“Junto con las medidas que hemos tomado cada uno en el plano nacional, esto constituye un plan global para la recuperación a una escala sin precedentes.” Y en el párrafo siguiente expresaba: “Vamos a emprender una ampliación fiscal concertada y sin precedentes, que salvará o creará millones de empleos que de otro modo se habrían destruido y que, para finales de año, representará 5 billones de dólares, elevará la producción en un 4 por ciento y acelerará la transición hacia una economía ecológica”.

Por las fallas de su gestión de supervisor financiero y económico global, muchos expertos y gobiernos están demandando una reforma del FMI para que sea un poco más útil a los países pobres, necesitados de recursos financieros, sin tener que pagar tan alto precio de sesión de soberanía económica.

De ahí parte el pedido, cada vez más fuerte, de que el fondo sea reformado y que lo sea pronto y, sobre todo, antes de recibir la nueva inyección de muchos millones, lo cual parece perfectamente sensato.

Que el FMI sea reformado primero, antes de recibir estos nuevos fondos y deje de sembrar minas neoliberales en las áreas y países donde presta, porque éstas estallarán más temprano que tarde, con graves consecuencias para todos.

En el New York Times, del pasado 24 de abril, apareció un análisis titulado “Primero, reformar el FMI”, en el cual se revela que esa entidad ha sido objeto de numerosas críticas por no haber respondido a tiempo con sus recursos desesperadamente necesitados para enfrentar las crisis en Tailandia, Filipinas, Malasia, Sudcorea, Indonesia, así como en Rusia, Brasil, Argentina y otros países.

Como resultado de esa deficiencia operativa reiterada, que causó la pérdida innecesaria de muchas producciones y puestos de trabajo, numerosos países de ingreso medio acumulan sistemáticamente montañas de reservas en divisas duras para no tener que “depender del fondo nunca más”.

Nadie fue hecho responsable por los errores que causaron tantas pérdidas de dinero, productos y empleos que se pudieron haber evitado.

A la entidad no hay quien le pida cuentas y tampoco hay dónde acudir para quejarse o formular críticas. “El Departamento del Tesoro de Estados Unidos es el principal capataz y supervisor del fondo, el cual junto con Europa y Japón poseen una cómoda mayoría en el total de 185 miembros de esta entidad”, el mismo número que el Banco Mundial, el que se gobierna igual.

El fondo clama que ha cambiado, expresa el artículo del New York Times, pero un vistazo a nueve préstamos Stand-by –su acuerdo de préstamo básico a corto plazo, desde septiembre último– muestran algunas conductas consideradas erróneas y contradictorias cometidas en los últimos meses de 2008 y principios del actual. Todos establecen el compromiso de recorte de gastos, pese a que el FMI había confesado su compromiso con un estímulo fiscal a nivel mundial.

Para alcanzar sus propósitos de un reglamento anticuado y burocrático, el análisis del importante diario neoyorkino señala que el fondo “quiere sacrificar empleos y aumentar la pobreza” en aras del equilibrio de las balanza fiscal y de pagos, negando créditos a países incluso con un nivel bajo de endeudamiento, como Ucrania, o imponerles recortes de gastos y alzas en sus tasas de interés como a Paquistán.

Concluye que los “los gobiernos no deberían comprometer más dinero al FMI sin requerirle una revisión de sus acuerdos de préstamo negociados recientemente y adoptar serias reformas que conlleven cambios en su política y responsabilidad” con sus clientes y con la sociedad.

El Estigma de Tratar con el FMI

No está muy claro, pero medios de prensa hablan de que en el comunicado en esta materia y en las reuniones de ministros de Finanzas del G20 y del G7 en Washington, previas a la acostumbrada Asamblea Conjunta de Primavera del FMI y del Banco Mundial en Washington, se harían más precisiones sobre los compromisos y cantidades de los países que van a hacer aportes. No se sabe bien, pero buena parte de los nuevos recursos anunciados el 2 de abril están por recabar.

La situación sigue siendo muy difícil y el propio FMI prevé un descenso del Producto Interno Bruto mundial (valor de todos los bienes y servicios que se produzcan en el mundo, medido en dólares) de 1.3 por ciento este año y mostrará una recuperación parcial de 1.9 por ciento en 2010.

Como una muestra muy gráfica y elocuente de lo que significa para un país del Tercer Mundo su relación con el fondo, su director gerente, Dominique Strauss-Khan, expresó el pasado 24 de abril que la institución destinará parte de los fondos a su nueva Línea de Crédito Flexible, un programa de préstamos destinado a países con una buena política económica que no les obliga a hacer reformas, como es lo común en los acuerdos con el fondo.

Strauss-Kahn dijo que ese programa “ha eliminado parte del estigma de tratar con el FMI”, según precisaron medios de prensa.

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