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El 17 de febrero, en apenas notas minimizadas, apareció la información sobre la publicación del último número del matutino Monitor (13 de febrero de 2009): el mismo nombre del que durante 33 años fuera el exitoso noticiero, ambos dirigidos por José Gutiérrez Vivó.

El foxismo y Calderón (con Maximiliano Cortázar) acosaron y apretaron para ahorcarlo, al obligar a empresarios y al sector público a cancelarle toda publicidad, después de que jueces del fuero común y federal (en complicidad con Fox, Calderón…

y el Partido Acción Nacional) se negaron a darle curso a un fallo de la Corte Internacional para que Radio Centro –de la familia Aguirre, coludida siempre con el poder presidencial en turno– le cubriera un adeudo millonario.

Esta historia la escribe Alejandro Toledo en su libro La batalla de Gutiérrez Vivó. El acoso foxista a la libertad de expresión (editorial Grijalbo, 2007).

El calderonismo y todo el panismo, como los más decididos enemigos de las libertades constitucionales de prensa, terminaron de hundir a Gutiérrez Vivó, comprando el edificio donde se editaron El Heraldo de México y después Monitor, para las instalaciones de la PGR.

Así, Diario Monitor y el Noticiero Monitor (el nombre, tal vez, tenga su origen en lo que recoge la ficha sobre El Monitor Republicano, en el diccionario de Humberto Musacchio Milenios de México) dejaron de estar entre los medios de comunicación.

Fox y Calderón, amparados en Acción Nacional, en la derecha y encaramados en el poder y sus abusos, fueron cercando las empresas Monitor y lograron quebrarlas económicamente por medios políticos propios del más rancio autoritarismo.

Una vez más se evidencia que los gobernantes no toleran el ejercicio de la información ni los análisis, ni la crítica. Debilitado Gutiérrez Vivó por su lucha judicial contra Radio Centro y su imperio más sus complicidades con el foxismo-calderonismo, fue fácil asestarle al comunicador toda clase de embestidas para meterlo a un callejón sin más salida que retirarse de la radio y ya refugiado en su periódico, también cerrarlo.

Vendió sus propiedades y con eso cubrió las demandas de sus trabajadores, sin saberse si logró que todos ellos recibieran lo que les correspondía. En cambio, la opinión radioescucha (la televidente, cuando Gutiérrez Vivó accedió temporalmente a ese canal) y la lectora se vieron privadas de esa opción.

El no aceptar la consigna de negarle espacios a la oposición que representaba López Obrador y su auge político-electoral fue la gota que derramó el vaso ya colmado de censuras y llamadas de atención de Fox y Calderón, y lo hizo acreedor al “castigo” que esos dos panistas decretaron desde el abuso del poder presidencial, participando en el ataque los tribunales de los poderes judicial del Distrito Federal y los federales.

Foxismo y calderonismo mostraron sus odios y venganzas contra quienes ejercen las libertades de prensa. Ellos, cuando fueron oposición, alababan los derechos de prensa. En cuanto se hicieron del poder, traicionaron sus principios ideológicos y traicionaron a los electores que los votaron (y que en éstas y las próximas elecciones los botarán), y ensayaron todos los medios para censurar y hacer de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra Periodistas un instrumento para darle más impunidad a los gobernantes que agreden y matan periodistas.

Una vez más, es urgente replantear la necesidad del defensor de los derechos de los periodistas para, al menos, llenarles de recomendaciones por la violación a los derechos establecidos en los artículos 6 y 7 constitucionales.

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