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Rosario Flores Mares acompaña a clases a Victoria Isabel Dávila, quien estudia la carrera de Leyes en la Facultad de Derecho de la UANL.

Entre un cúmulo de estudiantes se puede ver ir y venir a doña Rosario Flores Mares. Parece una estudiante más por la preocupación con la que trata de conseguir los apuntes, pero no, su labor está dirigida en reunir todo lo necesario para que su hija Vicky termine las tareas, mientras toma las clases correspondientes al séptimo semestre de la carrera de Derecho.

La vida para doña Rosario se vislumbraba difícil desde que se enteró que iba a ser madre soltera; aún así estaba dispuesta a salir adelante, sin saber lo que le tenía reservado el destino.

De entrada la noticia de ser madre llegó por partida doble, lamentablemente el período de gestación se vio interrumpido poco después de los seis meses y ahí comenzaron las dificultades.

“Tuve un parto gemelar, la otra muchachita está bien, pero pues ella (Vicky) es la que tiene su problema con discapacidad, nacieron a los seis meses y 10 días “Ella al nacer tuvo desprendimiento de retina del lado derecho. Los doctores me dijeron que la llevara a la Clínica 25, pero ahí en vez de arreglármela le desgarraron su ojo del lado izquierdo.

“Yo no sabía cómo era eso, de la ansiedad que tenía uno de que ella tuviera sus ojos, hasta que la llevé con otro especialista y me dijo: ‘señora, ¿quién la operó? porque no le estuvieron operando lo que debería de haber sido, la estuvieron auscultando y lo que hicieron fue desgarrarle su ojo de lado izquierdo”, recordó aún lamentando este hecho.

Indudablemente, doña Rosario lo que buscaba era encontrar el remedio para su pequeña, desgraciadamente su intento no rindió frutos y el único camino que ella creyó factible era apegarse a la niña de apenas ocho meses de nacida, a pesar de que los médicos no le auguraban más de tres meses de vida.

“Ella duró tres meses en la incubadora y el oxígeno le desprendió la retina del lado derecho, en ese trayecto de los ocho meses la llevé a que la estuvieran operando, y al final de cuentas supe que le habían desgarrado su ojo. Luego luego se me vino a la mente ´¿qué va a hacer el día que yo no esté?´, y desde muy chiquita la llevé a estimulación temprana”, dijo.

Después de la escuela de estimulación temprana Vicky pasó por la escuela para ciegos para posteriormente entrar a preescolar. El objetivo principal de doña Rosario era integrar a su pequeña para que pudiera salir adelante si algún día ella le faltaba.

Afortunadamente, el contar con una hermana y los programas gubernamentales dirigidos a personas con discapacidad, hicieron que las cosas fueran fluyendo, aunque no con facilidad.

“En tiempos de Zedillo se anunció la integración a la sociedad de todas las personas con discapacidad y pues yo me apegué a eso porque no me la aceptaban.

“He batallado bastante para que a mi hija la acepten. Si la han aceptado ha sido por su gemela, porque la condición en todas partes siempre es que ella no les dificultara el paso a los niños que estaban bien, que no los fuera a tumbar, nunca me decían nada positivo, todo era negativo, y pues yo siempre lloraba por ella”, señaló recordando esos momentos de aflicción.

Las ganas de sacar adelante a una de sus primogénitas hizo incluso que dejara su empleo para dedicarle más tiempo a la educa ción. Vicky tenía tres años en aquel entonces y doña Rosario buscaba que aprendiera a leer y a escribir; sin embargo, reconoce que ahora no sabe hasta dónde la lleve su hija con las ganas de salir adelante.

Primero superó el reto de pasar de una escuela especial a la primaria Edelmiro Rangel; posteriormente vino la secundaria, ambas etapas acompañadas de los sueños de cualquier niño normal.

“Fue una chica con discapacidad que llegó a esta escuela y que puso el ejemplo para todo, ella es una niña feliz en su mundo, incluso jugaba con su hermana Gabriela y se subía a los patines, a la bicicleta, estaba en el columpio.

De repente un día ella se salió en los patines y me dijo que quería ser como su hermana y patinar, y pues a consecuencia de eso yo la quise ir integrando”, expresó sorprendida.

A pesar de que cada paso recorrido por Vicky ha sido flanqueado por la presencia de su madre, doña Rosario no ha roto el compromiso que se hizo: enseñarla a caminar sola.

Por ello, a pesar de que los mentores escolares le ofrecen acompañar durante clase a su hija, ella prefiere que sola tome esa responsabilidad.

“Yo la llevaba siempre, nunca he entrado al salón porque ella si hace bien o mal, ella sabe.

Todos los maestros me han invitado a entrar, pero no es porque no quiera, está mejor que ella entre sola porque va a ir a un trabajo y ¿cómo voy a estar sentada ahí con ella?, no es que se vea mal porque por su caso a veces se necesita, pero aparte hay muchachos que se molestan porque hay otra gente y ellos quieren su privacidad en el salón y pues no me meto”, argumentó.

Un día normal

Ellas vivien en la colonia Nueva Santa Catarina y comienzan su día a las seis de la mañana.

Mientras Vicky se arregla, doña Rosario prepara el desayuno para ella, su esposo y la estudiante.

Deben estar preparados para el día que comienza con 40 minutos de trayecto en camión para llegar a la sala Tiflotécnica (para invidentes y débiles visuales) ubicada en la Capilla Alfonsina de la Universidad Autónoma de Nuevo León, a donde acuden desde que inició la secundaria.

Sus clases de séptimo semestre de Derecho comienzan poco después de 10 de la mañana en el denominado turno piloto de la Facultad de Derecho y Criminología. Mientras Vicky atiende las lecciones en el aula, su madre revisa los temarios para juntar el material que su hija necesitará más tarde para estudiar.

“A veces por la casa no puedo engargolar, aquí ando corriendo por las facultades a ver dónde lo puedo hacer, me quedo consiguién dole todo para que nada más vayamos a casa, todo lo que tenemos pendiente de la semana lo ordeno ahorita, por ejemplo, estamos con Juicio de Amparo y Derecho Administrativo.

“Ella ya me dice tengo pendiente este libro o tengo que sacar este tema o las unidades y pues mientras que ella está en clases veo el temario de Leyes y ya me fijo en los autores, las unidades y ver si lo que viene ahí me convence (dice entre risas), y pues también las chicas de biblioteca se han portado bastante bien y me ayudan”, explicó.

Entre la ayuda de los aparatos de la sala Tiflotécnica y las lecturas diarias de su madre, Vicky ha podido salir adelante en el mundo de las leyes. La joven de 22 años explica que la defensa de las personas ha sido su objetivo, mientras su madre agrega que desde que oyó de Leyes no se le quitó de la cabeza.

“Me gusta mucho defender a las personas, defender a los que me rodean y ser más independiente en cuanto a mi modo de ser con las personas y siempre con valores.

“Todas las materias me gustan; en la secundaria mi fuerte era español y ahorita me gustaría derecho familiar, me gustaría hacer una maestría y luego litigar”, agregó sin titubear.

Pero antes, advierte, están las prácticas mismas que planea hacer en un centro de conferencias que es parte del Centro de Justicia Familiar ubicado en el municipio donde residen.

Vicky agrega que gracias al derecho ha ganado fortaleza, paciencia y dedicación, que conjugadas con la compañía de su mamá la han llegado a estar en donde está.

Por su parte, doña Rosario aún se muestra sorprendida por los logros de su hija, ya que el campus de ciudad universitaria siempre imaginó pisarlo, pero en compañía de su otra hija.

“Mi otra hija nada más estudió hasta la preparatoria y Vicky fue la que se apegó duro e insistía en que quería prepa y facultad. Gabriela ya está casada, aunque a las dos les dimos las mismas oportunidades.

“A veces la gente me dice que yo acoso a Vicky para que salga adelante, pero pues no, yo le digo a ella que si se quiere salir ahorita a estas alturas que lo haga, ella sabe lo que hace”, advirtió.

Con los libros de su hija en las piernas y un tejido que se asoma por el bolso, doña Rosario confiesa que a ella le hubiera gustado ser maestra; sin embargo, la familia tenía que alimentar a nueve hermanos más y no había oportunidad; concluyendo sólo secundaria.

“En ese entonces no había nada, y pues no tuve más oportunidad porque mis papás no tenían dinero, a mi me hubiera gusta haber sido maestra, y quién iba a decir que yo iba a ser su maestra de mi hija, yo me adjudico que soy como su maestra, su asesora, en lo bueno y en lo malo.

“Por eso le digo: ‘Hija, si tenemos errores pues échame la culpa a mí, y pues si salimos bien pues que bueno porque ella le ha echado ganas’”, enfatizó.

– ¿Entonces también usted está estudiando Derecho? – “Pues muchos me dicen eso”, responde penosamente entre risas.

“Ella me ha arrojado a vivir un mundo que no conocía. Es maravilloso, mientras tú lo hagas todo con amor a Dios, porque Dios nos ha puesto muchas pruebas en el camino con ella y creo que las hemos superado”, puntualizó.

La conversación termina y el día sigue para ella. Hay material que recopilar, libros que escanear, pero antes se da fuerzas alimentándose con duraznos y peras, ya que bien dice: “Ahorita nos ves frescas, pero ya para las dos y media que salimos estamos agotadas y todavía siguen los 40 minutos de regreso en camión”.

RECUADRO:

La herramienta para los invidentes

Es bien conocido que el sistema braille es la opción para que los invidentes y débiles visuales se internen al mundo de la lectura, pero ¿qué hay de aquellos que quieren concluir una carrera? Desde hace siete años la Universidad Autónoma de Nuevo León pone a alcance diversas herramientas para que los invidentes puedan estudiar con los mismos libros que lo hacen sus compañeros.

Paula Pérez Salas y Javier Rodríguez Martínez están a cargo de la llamada sala Tiflotécnica, ubicada en la capilla Alfonsina, misma que presta su servicio de manera gratuita de lunes a viernes de las 8 de la mañana a las 9 de la noche. Pérez Salas señala que actualmente atienden alrededor de 57 alumnos en diferentes horarios.

“Tenemos alumnos desde prepa, facultades y también atendemos a quienes son de jardín de niños, primaria y secundaria para que aprendan lo que es el braille, en el día tenemos unos cinco o siete alumnos que van y vienen, no se les implanta un horario, es a la hora que ellos puedan venir.

“La ventaja es que la mayor parte de los alumnos que llegan de secundaria continúan con la carrera profesional, por decir de siete alumnos, algunos dos se meten al sistema abierto, los demás al normal y hasta ahorita han terminado, con dificultades y todo pero terminan, si acaso suspenden un semestre pero vuelven a reinstalarse”, explicó.

Incluso, dijo que ellos también presentan un examen de admisión, mismo que ella les lee para que lo puedan contestar.

Entre los aparatos con los que cuentan en esta área está el Galileo, que reproduce los textos en voz, equipos que amplifican la imagen para los débiles visuales, impresoras en braille, realzadora de imagen y máquinas de escribir en sistema braille..

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