Alimentación Amenazada

Autor:

Carlos Sánchez Flores

El 26 de enero en Madrid, España, el secretario general de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO), Jacques Diouf, calificó la inseguridad alimentaria en el mundo como “la crónica de una tragedia anunciada”, parafraseando un título de Gabriel García Márquez.

Con diverso grado de inquietud, agencias de la Organización de Naciones Unidas, así como reportes de prensa están publicando desde principios de año noticias y análisis sobre una caída en la producción mundial de alimentos en 2009 en varias importantes regiones cosechadoras y, por si fueran pocos los problemas que afectan al atribulado sector agrícola de la economía, se suma ahora la sequía registrada en casi todas ellas.

Ante representantes de unos 100 países, Diouf expresó que “será difícil lograr el objetivo de reducción del hambre”, debido al incumplimiento de compromisos en la materia.

Recordó que tres cumbres –la de 1996, la de 2002 y la de 2008– han revisado la crisis alimentaria que afecta a unos 1 mil millones –953 millones, precisó él– de personas “hambrientas en el mundo”.

En la primera Reunión de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria se advirtió ya del riesgo que se corre de no reducir a la mitad el hambre en el mundo para 2015 y con perspectivas de que tal meta no se alcanzaría sino hasta 2050.

El último compromiso de junio de 2008 en Roma, Italia, fue el de conseguir 22 mil millones de dólares de contribuciones para el Programa Mundial de Alimentos, la FAO, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola y otros.

Diouf destacó el caso de los países de África subsahariana, que suman 24 millones de personas con hambruna, con una baja producción de productos básicos, el aumento de importación de alimentos y el retraso en el desarrollo agropecuario.

Por su parte, el ministro español de Asuntos Exteriores y Cooperación, Miguel Ángel Moratinos, afirmó que es un “hecho incontestable que en la primera década del siglo XXI cerca de 1 mil millones de personas sufren hambre a diario sin acceso a una alimentación adecuada”.

Recordó que en 2008 se produjo un agravamiento como consecuencia de los precios y de la crisis financiera internacional, lo que explica un escaso avance en el cumplimiento de los Objetivos de desarrollo del milenio, el primero, la erradicación de hambre y pobreza.

Algunas de las causas de ese empeoramiento, según Miguel Ángel Moratinos, son: la caída de inversión en el sector agrario, los precios en energías, transformación de la demanda, especulación financiera y mercantil, así como los efectos del cambio climático.

“El 75 por ciento de 3 mil millones de pobres en el mundo está en un medio rural y malvive de la agricultura, y esta actividad sólo recibe el 4 por ciento de ayuda al desarrollo.” Coincidió en que si bien los precios de alimentos han bajado, las previsiones apuntan a que seguirán elevados y en muchos países aún no disminuyen.


Falta de crédito y bajos precios

La falta de créditos empeorará la situación de los agricultores.

Ya limitó su capacidad para comprar semillas y fertilizantes en 2008-2009 y limitará la producción en todo el mundo. Los efectos de la sequía también serán amplificados por la menor cantidad de semillas y fertilizantes utilizados para los cultivos, expresan también servicios de prensa en internet.

Los bajos precios a fines de 2008 impidieron plantar nuevos cultivos en 2009. En Kansas, por ejemplo, los agricultores sembraron 3.6 millones de hectáreas, la menor cantidad en medio siglo. La plantación de trigo de este año ha bajado cerca de 1.6 millones de hectáreas en todo Estados Unidos y cerca de 445 mil hectáreas en Canadá. De modo que, aun si no se consideran las pérdidas relacionadas con la sequía, esos dos países y otros cosechadores de alimentos enfrentan una producción agrícola más baja en 2009.


Europa no compensará el déficit de alimentos

Esa región, la única entre las grandes zonas agrícolas relativamente perdonada por la sequía, no sólo no compensará el déficit de alimentos, sino que espera una gran baja en sus propias cosechas.

Debido a la combinación de plantaciones tardías, malas condiciones del suelo, reducción de los insumos y pocas lluvias, la producción agrícola de Europa probablemente caerá entre un 10 y un 15 por ciento.

El mundo se dirige hacia una baja en la producción agrícola de 20 a 40 por ciento, dependiendo de la severidad y de la duración de las actuales sequías globales. Las naciones productoras están imponiendo restricciones a sus exportaciones de alimentos, cuyos precios aumentarán vertiginosamente y millones morirán de hambre en países pobres con déficit alimentario.


Se cambian estómagos vacíos por tanques de gasolina llenos Durante su gobierno, a George W. Bush se le ocurrió estimular la producción de etanol, un combustible hecho con base en alimentos básicos para gran parte de los habitantes del planeta, como son el maíz, el trigo, el arroz, la soja y la caña de azúcar, entre otros, y así ahorrar porcentajes crecientes de gasolina contaminante sustituyéndola por un combustible menos nocivo y, además, renovable. No importa si ello implica utilizar como materia prima alimentos que desesperadamente necesitan millones de personas.

Los productores agropecuarios, los que están laborando allí sobre las tierras, hoy deben afrontar precios que tienden a disminuir en mercados nacionales o extranjeros que otros controlan. Además, la falta de crédito, altos costos de abonos, pesticidas, equipos mecanizados para la siembra, regadío y cosecha, así como el encarecimiento del petróleo, prohibición rigurosa a los países del “tercer mundo” de establecer subsidios y medidas de protección a los agricultores como hacen Estados Unidos y la Unión Europea y, por si fuera poco, ahora también, la sequía, el enemigo más temido.

Según cálculos realizados por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, se prevé que para 2017 los hambrientos del mundo se elevarán hasta 1 mil 200 millones de personas.

La situación es dramática, cuando los informes señalan que la población mundial aumenta a un ritmo de 90 a 100 millones de personas por año, y las cosechas destinadas a los estómagos están siendo desviadas a la producción de combustibles.

En los últimos cinco años, Estados Unidos recortó sus donaciones de comestibles en 50 por ciento, indica un estudio de Fortunato Esquivel (“ALAI, América Latina en movimiento”, 4 de septiembre de 2008, El negocio de los combustibles matará de hambre al “Tercer Mundo”). El autor sostiene que “desde 2002 los alimentos comenzaron a incrementar sus precios mundiales, pero el año pasado la inflación fue realmente brutal: llegó a 42 por ciento, y todo aparentemente por los proyectos estadunidenses de destinar enormes cantidades de alimentos a la producción de combustibles”.

La situación aparece con tendencias a agravarse, pues los estadunidenses tienen planes para producir 110 millones de toneladas de biocombustibles alrededor de 2020, lo que afectará gravemente al suministro mundial.


El arroz

La FAO, en un informe titulado Seguimiento del mercado del arroz y publicado el pasado 25 de febrero en su sitio de internet, alerta que para los más pobres se dificultará el acceso a los alimentos básicos como consecuencia de la crisis económica.

Unos 2 mil 500 millones de personas en el mundo, cuya alimentación está basada en el arroz, se verán afectadas como consecuencia de los altos precios de este cereal. Veamos un ejemplo: en el mes de enero de 2008 la tonelada de arroz Thai blanco ciento por ciento B, que se toma como referente en el mercado mundial, costaba 385 dólares, mientras que en el mismo mes de 2009 alcanzó los 611 dólares.

El horizonte que se vislumbra en relación con la situación alimentaria mundial es incierto para los países más pobres.

Fuente original: Revista Contralínea

CONTRALÍNEA 128 | 26 DE ABRIL 2009

 


Comments

comments