La “fortaleza financiera”

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Los tres créditos por 77 mil millones de dólares que el Fondo Monetario Internacional (FMI), los bancos Mundial e Interamericano de Desarrollo y la Reserva Federal estadunidense han puesto a disposición del gobierno mexicano sólo tendrán tres utilidades, en caso de que lleguen a utilizarse:

1) Reforzar el mundo onírico de los calderonistas que quieren mostrar hacia fuera, ante las desprestigiadas calificadoras de riesgo y la “comunidad” internacional, los que con su concupiscencia derrumbaron al capitalismo neoliberal, que México es “una fortaleza financiera”, mientras que, en su parte terrenal, se hunde rápidamente en una de las peores recesiones con alto desempleo registradas desde la década de 1920 o 1930. Será como disponer de préstamos que eventualmente pueden utilizarse para comprar pintura y arreglar la fachada de una casa que se desploma internamente, sin que le preocupe a sus habitantes, a los cuales sólo les interesa la apariencia externa de la misma y la percepción de sus vecinos, aunque éstos los vean como a un mendigo con pretensiones de opulencia.


2) Tranquilizar a los siempre nerviosos “inversionistas”.

A partir de este momento, sin presiones emocionales, sin el temor de que los 79 mil millones de dólares de las reservas internacionales se agoten prematuramente, antes de saciar su inagotable voracidad, tendrán potencialmente a su disposición hasta 157 mil millones para que especulen en contra del peso con el singular entusiasmo que los caracteriza. Esa cuantía de recursos serena a cualquiera. Mientras no se evaporen en el pago de adeudos en divisas y en los bolsillos de los especuladores, por supuesto. Incluso a Guillermo Ortiz y Agustín Carstens, miembros de la Comisión de Cambios, quienes podrán seguir dilapidando alegremente las reservas del banco central –los 22 mil millones que ya sacrificaron, los otros 20 mil millones más que correrán la misma suerte en 2009, y las que sean necesarias, merced a la “generosidad” foránea–, sin el pánico que luego se apodera de alguien cuando percibe que sus recursos están próximos a terminarse y no tiene enfrente una nueva vía de ingresos. Como sucede, por ejemplo, con los 2.5 millones de desempleados que existen actualmente en el país; los 538 mil que perdieron su empleo entre noviembre de 2008 y febrero de 2009, es decir, 4 mil 484 por día; los 152 mil desmovilizados en el primer bimestre de este año. Hasta Felipe Calderón hizo a un lado su acrecentado mal humor para ponerse bucólico, agradecer la “enorme confianza de (los) inversionistas y los mercados” y elogiarse a sí mismo al afirmar que el “abrumador” crédito del FMI es el reconocimiento a su política económica, a la “democracia plena” mexicana y a su modelo de “economía abierta en profunda transformación”, los cuales, obviamente, él encabeza. Como uno de los últimos irredentos y suicidas neoliberales que no se avergüenza de su trasnochada militancia fundamentalista, tal y como lo hicieron los “renegados” del grupo de los 20. Su declaración fue como una especie de ataque de un iluminado entre las ruinas de la economía nacional e internacional y los nuevos “herejes” de circunstancia.


3) Aumentar la deuda externa, más sus respectivos intereses, en el monto en que llegue a disponerse de tales créditos. Para febrero, la del gobierno federal, fue de 39.5 mil millones de dólares.

La del sector público, de 27.7 mil millones o de 83.6 mil millones; se agregan los inconstitucionales Pidiregas (proyectos de infraestructura diferida en el registro del gasto).

El lirismo se expandió como una epidemia entre los calderonistas y sus atribulados chicago boys con el salvavidas financiero que le arrojó el FMI. En el comunicado de la Comisión de Cambios, Ortiz y Carstens hicieron cuentas alegres para consumo público. Afirmaron que el “blindaje financiero” que está dispuesto a prestar el FMI tiene “el propósito de apoyar el empleo, el acceso de las empresas y hogares al crédito, la estabilidad económica y el crecimiento”.

Es un complemento “de las acciones que (se) han venido tomando para atenuar el efecto adverso de la crisis económica y financiera proveniente del exterior”.

Como si fuera una compensación de los de afuera, causantes del desastre, que perturbaron al paraíso calderonista, donde religiosamente sólo pasan cosas buenas y bonitas. Como si –emulando a Cristo, el panadero– los calderonistas fueran a repartir alrededor de 435 dólares a cada uno de los casi 108 millones de mexicanos, o 1 mil 454 de los 157 mil millones para “blindarlos”.

Ortiz, empero, se encargó de dejar claro –sólo fue como contar los dólares ante los pobres– que las líneas de crédito únicamente servirán de “apoyo” a las reservas internacionales; es decir, para usar las divisas cuando los ataques especulativos desestabilicen aún más la moneda, se eleve el precio del dólar y se reduzcan más las reservas internacionales: para alimentar a los especuladores. A la mayoría restante de la población sólo le corresponderá pagar, con sus impuestos, la deuda externa adicional que implicará cada dólar que se utilice de los créditos.

También es claro que las potenciales líneas de crédito, además de tratar de desalentar una devastadora fuga de capitales y evitar la quiebra de las grandes empresas, tienen otro sentido: contrarrestar los riegos de una menor entrada de divisas que puedan provocar una mayor macrodevaluación y una crisis de balanza de pagos. Esto debido a: 1) la reducción de las remesas que se agudizará en el año: entre octubre de 2008 y febrero de 2009 cayeron 31 por ciento; 11 por ciento en enero; 3 por ciento en febrero; 7.4 por ciento en el primer bimestre; b) el deterioro de la balanza comercial: las exportaciones totales bajaron 31 por ciento en el primer bimestre; las petroleras, 55 por ciento; las no petroleras, 26 por ciento; las agropecuarias, 10 por ciento; mineras, 26 por ciento, y manufactureras, 26 por ciento. De mantener su ritmo, el déficit comercial podría superar los 12 mil millones de dólares este año, aunque puede atenuarse con la recesión y el desplome del consumo; c) el menor ingreso por concepto de servicios como el turismo; d) el déficit en cuenta corriente que podría superar los 20 mil millones; e) la disminución en los flujos de inversión extranjera directa registrada desde el último trimestre de 2008, y desde el tercero en los de cartera (bursátil y de dinero); la salida de capitales por el renglón de errores y omisiones.

Pero cabe preguntarse: ¿cuál es la “fortaleza”, la “solidez y la estabilidad del sector financiero” de las que hablan Calderón y su equipo? ¿A qué “estabilidad, crecimiento, empleo o acceso al crédito” se refieren? Las potenciales líneas de crédito, la subasta de dólares cuando el precio de la moneda estadunidense sube más de 2 por ciento en el día, la petición a las Afore que sólo inviertan en el país (en títulos públicos) o el apoyo financiero a las grandes empresas, como Cemex, indican que, en efecto, la estrategia contingente del calderonismo trata a toda costa de mantener la estabilidad financiera. Sin ella la paridad estaría en 16-18 pesos por dólar e incluso ha logrado reducir las tasas de interés. Pero ¿puede considerarse exitosa y hablarse de una “fortaleza financiera” cuando la especulación y la volatilidad cambiaria han contribuido a alterar el programa económico para 2009, 2010 y posiblemente lo que resta del calderonismo? ¿Puede hablarse de “fortaleza financiera” cuando se ha sumado a los factores que han agudizado la incertidumbre, afectando la inversión productiva? ¿Cuando el peso se ha devaluado nominalmente en 46 por ciento ante el dólar entre agosto y marzo pasados, o en 10 por ciento en el primer trimestre de 2009, con sus secuelas recesivas, debido a la gran dependencia de la economía de las importaciones, al encarecer sus precios, además de elevar el costo financiero de las empresas endeudadas en moneda extranjera? Originalmente se proyectó una paridad media de 10.6 pesos por 1 dólar para 2009 y actualmente es del orden de 13.50. ¿Cuando la bolsa ha caído 39 por ciento desde mayo de 2008, o en 12 por ciento en lo que va del año? ¿Cuando los inversionistas extranjeros han reducido su tenencia de valores públicos en 71 mil millones de pesos? Es cierto que de momento no se han prendido los focos rojos en la banca transnacionalizada.

Pero habrá que esperar los siguientes meses, a medida que se agudice la insolvencia de pagos de los deudores para conocer hasta dónde llega la “fortaleza” de los intermediarios.

¿Cuál es la “fortaleza” de las finanzas públicas? En el primer bimestre, los ingresos mostraron las consecuencias de la rápida descomposición de la economía y de las percepciones de la población. Los petroleros decrecieron 0.2 por ciento; los tributarios, 9.1 por ciento. Entre estos últimos el Impuesto Sobre la Renta cayó 5.6 y el Impuesto al Valor Agregado, 22 por ciento; junto con los petroleros, son las principales fuentes de recursos para el Estado. Los ingresos totales se redujeron 6.7 por ciento o 1.2 por ciento, según las dos clasificaciones de Hacienda, y del gobierno federal, 47.9 por ciento o 24.3 por ciento. De mantenerse esa situación, en cualquier momento los calderonistas se verán obligados a recortar el gasto para evitar el desequilibrio fiscal; de imponerlo, contribuirán a que se profundice la recesión.

¿Acaso los calderonistas se creen que las empresas (des) calificadoras y los dueños de los capitales no se han dado cuenta de los desordenes que registran las variables macroeconómicas de la difícil situación que sufre México? Todas las medidas empleadas han sido defensivas. ¿Acaso no hubiera resultado más eficaz imponer una política cambiaria más agresiva y otras opciones “persuasivas” ante los especuladores, en lugar de recurrir al expediente del endeudamiento externo? No son muchos. Los calderonistas los conocen muy bien.

Pero lo anterior no es lo más grave, por decirlo de una manera. Lo peor es que en la elección de las prioridades de política económica, los calderonistas optaron por la protección de las variables financieras y dejaron a su suerte las productivas y el bienestar social.

El ritmo de la caída en el crédito, el consumo, la inversión productiva, las exportaciones o el ascendente desempleo abierto proyectan que el desplome de la economía será mayor al señalado oficialmente. Los calderonistas primero estimaron un crecimiento de 3 por ciento. Después lo bajaron de escala a 1.8 por ciento; ahora suponen que será una contracción de 2.8 por ciento. Sin embargo, ésta será del orden de 4 o 5 por ciento. La peor desde 1995, cuando fue de 6.2 por ciento y que fue similar a las más dramáticas después de la Revolución Mexicana (en 1927 fue de 4.2 por ciento; en 1930 de 6.6 por ciento, y en 1932 de 14.8 por ciento). Si mantiene su dinámica, los nuevos desempleados en 2009 superarán los 900 mil (1 millón 290 mil desde noviembre de 2008, cuando los trabajadores empezaron a ser arrojados a las calles).

Ni el malestar de los empresarios que lo apoyaron conmueve a Calderón para que cambie su política económica e instrumente una verdaderamente contracíclica.

Fuente: Semanario Contralínea 127 / Año 7 / 19 de abril de 2009