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Con la crisis económica mundial, las multinacionales justifican violaciones a los derechos laborales de millones de trabajadores. Sindicalistas, defensores de derechos humanos y observatorios de trasnacionales, consultados por Contralínea, alertan del latrocinio patronal

Belém Do Pará, Brasil. Trabajar hasta el triple por el mismo salario, reducción de la paga, pérdida de seguridad social y, en algunos casos, subyugarse a castigos corpóreos son las nuevas reglas impuestas por las trasnacionales a las que millones de trabajadores han tenido que sujetarse a partir de que se oficializara la crisis financiera mundial.

“Aceptas o pierdes la única vía de sustento, mientras que las trasnacionales negocian con los gobiernos locales millonarios apoyos económicos, créditos y exenciones fiscales para sacarlos de la crisis que ellos mismos provocaron”, dice Ramón Cardona, presidente de la Federación Sindical Mundial (FSM).

“Con la crisis económica mundial el modelo de trabajo se mexicanizó”, explica Mauricio Minolfi, integrante de la Transnational Information Exchange (TIE), organización dedicada a documentar el desempeño de las trasnacionales en el mundo con sede en Amsterdam, Holanda, y con representaciones en Alemania, Rusia, Brasil, Chile, Estados Unidos, Senegal y el norte de Asia.

El brasileño Minolfi recorrió, en los últimos 15 años, maquilatitlán: de Tehuacán a Tapachula, de Reynosa a Tijuana.

“Con la crisis, el modelo mexicano se extendió a todo el mundo, y está ahora en su nivel más bajo: primero porque se quiere que los trabajadores paguemos la crisis; segundo, con la justificación de la crisis se ha intensificado el discurso del Estado mínimo, a pesar de que el Estado máximo nunca existió.

Ahora es Estado mínimo para los trabajadores y Estado máximo para las empresas.

“Las trasnacionales presionan a los gobiernos con un discurso lloradero.

Dicen que están perdiendo ganancias sin aceptar que también son responsables de este colapso, mientras que los gobiernos buscan una salida negociada antirrecesiva, dejando de lado la parte social. Nunca repartieron sus ingresos pero sí sus pérdidas, como ha pasado en México durante años, y hoy ocurre lo mismo en Centro y Sudamérica, en Asia y hasta en Europa; por ello hemos adoptado una frase de que el mundo laboral se está mexicanizando”, detalla Minolfi, también asesor de organizaciones como la Coalición pro Justicia en la Maquila.

Sindicalistas, organizaciones gremiales y sociales, defensores de derechos humanos y observatorios de trasnacionales denuncian que, en medio de la crisis económica, lo vital es conservar el empleo. Agregan que en distintas regiones del mundo las empresas violan derechos laborales. Ello, alertan, significa el peor detrimento de las conquistas obtenidas en luchas como la de los Mártires de Chicago, que pelearon la jornada de ocho horas; o las masacres de Cananea y Río Blanco, que lograron los salarios mínimos y contratos colectivos de trabajo; derechos que, a 100 años, son letra muerta.

La precarización laboral –como los sociólogos definen la incertidumbre del empleo, pérdida de garantías sociales, flexibilización de los modelos de contratación a destajo o por banco de horas, además de la pérdida del poder de negociación de los trabajadores o sus sindicatos con los patrones– es un esquema que se expandió con la imposición del modelo neoliberal en la década de 1980.

Xesús Ramón González Boán, de la Confederación Intersindical de Galicia, reconocido como uno de los principales líderes sindicales europeos, explica: “Ahora las empresas justifican todo con la crisis; como están en época de crisis no pagan salarios, no hay horas extras ni finiquitos. El parámetro es Europa, donde se tenía un mayor respeto por la seguridad social, pero desde el año pasado se deterioró mucho.”

Las peladoras de Tánger

Hace varios meses que la artritis deformó las articulaciones de sus manos. Los nódulos que bordean las muñecas y sus dedos índice y pulgar dan la impresión de que la mujer sufriera gigantismo. Su sistema óseo está prácticamente quebrado, así que el andar enjuto la hace ver anciana, aunque Fátima no rebasa los 40 años. El médico le ha dicho que en poco tiempo la artritis le afectará el corazón.

Fátima es una de las cientos de peladoras de camarones en Marruecos que padece esa enfermedad. Los anales médicos indican que la exposición a cambios bruscos de temperatura acelera la deformación y, durante 18 horas al día, Fátima descascara gambas refrigeradas 25 grados bajo cero.

Lo ha hecho los últimos 10 años. Tánger es actualmente uno de los mayores productores del crustáceo, cuyo destino final son los mercados europeo y norteamericano. En las maquilas se procesan unos 27 mil kilogramos cada cuatro horas. El 80 por ciento de la mano de obra es femenina. Casi el 40 por ciento, menores de entre 11 y 16 años. La artritis es una pandemia aun entre las más jóvenes.

Postradas en una silla y encorvadas durante horas, mujeres y niñas escarban los congelados crustáceos hasta desnudarlos dentro de las cajas de plástico que sostienen sobre sus rodillas. En pocos años desarrollan, además de la artritis, insuficiencia renal y respiratoria, alergias, infecciones en la piel y fallas cardiacas. Las que más antigüedad tienen en el oficio son menos hábiles: en su fase severa, la artritis provoca la pérdida de capacidad para desgarrar o pellizcar. Entonces las peladoras son desempleadas sin liquidación ni seguridad social. Por época de crisis los patrones les cancelaron el servicio médico.

Turistas frecuentes de maquilatitlán, a finales de la década de 1990, corporativos holandeses importaron el modelo a Marruecos. Se instalaron en Tánger, a 15 kilómetros de España, sobre el Estrecho de Gibraltar, aprovechando las exenciones fiscales que el gobierno les dio en esa zona, decretada como la zona franca del Mediterráneo.

Karima Erzini, del Cerid Marruecos (Centro de Estudios e Investigaciones sobre la Inversión y el Desarrollo), explica que las maquiladoras en Tánger no sólo copiaron el sistema de producción “de las maquilas mexicanas”, sino las políticas laborales: jornadas largas y salarios cortos.

Por si fuera poco –denuncia esta activista–, el anuncio de la crisis y la recesión en la que se declararon varios países de Europa dio a las compañías instaladas en el Magreb (región del Norte de África que comprende los países de Marruecos, Túnez y Argelia) el pretexto para imponer jornadas mínimas de 18 horas; se extinguieron los contratos y, con ello, toda obligación patronal. El salario base se sustituyó a pago por destajo. “En el caso de las peladoras de gambas se les paga por kilo pelado, lo que provoca riñas entre ellas para disputarse las mejores gambas”, precisa la representante de Cerid, asociación que documenta las prácticas de las trasnacionales asentadas en Casablanca, Argel, Túnez y Barcelona.

Desde que se impuso el pago a destajo, agrega Erzini, la remuneración mensual no supera los 1 mil dirhams (unos 100 euros), siempre y cuando las gambas sean buenas, la descascaradora hábil y que trabaje de forma ininterrumpida sin levantarse siquiera para comer o ir al baño (aunque sólo tienen derecho a orinar una vez al día). La cifra apenas cubrirá sus alimentos y difícilmente el alquiler. La mayoría vive en chabolas rentadas por 700 dirhams mensuales, ubicadas en las barriadas periurbanas, carentes de servicios básicos, en condiciones insalubres y sin medios de transporte.

Hasta antes de la crisis, las compañías proporcionaban transporte a sus trabajadoras, pero el año pasado fue la primera prestación suprimida. Para las obreras de Tánger el impacto no sólo fue económico, sino social: los turnos comienzan a las cuatro de la mañana y ellas viven a una hora de distancia en los suburbios que desde la década de 1980 se convirtieron en tierra de nadie.

“Es la Ciudad Juárez del mundo árabe”, relaciona Karima Erzini, quien intenta instruir a las obreras para que conozcan sus derechos.

Socialmente irresponsable

Los efectos de la crisis económica mundial en las condiciones laborales fue uno de los temas centrales de discusión durante las mesas de debate organizadas en el marco del Foro Social Mundial, celebrado en el corazón de la Amazonia, del 27 de enero al 1 de febrero pasados. Se denunciaron los abusos de grandes consorcios en países de diversas regiones y la impasibilidad de sus gobiernos.

En entrevista, el presidente de Multi Watch, organización no gubernamental de origen suizo, Hans Sliappi, dice que las compañías con el “peor comportamiento” durante la crisis han sido Nestlé, Glenco, Wal Mart, Ford, Chrysler, entre otras. Explica que el sector químico está ahorrando costos sacrificando los programas de seguridad industrial. “Se está acelerando como nunca la explotación de los obreros.

Para nosotros, el hecho de que en Suiza los connacionales hagan los trabajos más devaluados, que antes sólo hacían los extranjeros, nos da una idea del nivel de precarización en el mundo entero”.

A la lista de trasnacionales “con peores prácticas”, Sergio Ruiz Bertoni, coordinador de la TIE para América Latina, suma: Monsanto, Shell, Roche, Telefónica y Vodafone. Estas últimas manejan los call centers en Centro y Sudamérica, “donde los jóvenes son obligados a repetir scrips que ni ellos entienden; engañan a la gente para venderle productos. La presión para ellos es básicamente sicológica; tienen al patrón encima todo el día, y, aunque los salarios son bajísimos por la crisis, es de los empleos más disputados”.

El caso Ford

Ramón Cardona –presidente de la FSM, que agrupa sindicatos de Cuba, Brasil, Kuwait, India, Rusia, Costa Rica, Jamaica, Chile, Perú y México, entre otros– alerta que el derecho a la asociación sindical, garantizado por el Convenio 87 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se ha visto violentado en el contexto de la crisis mundial.

Detalla que en muchos países las negociaciones contractuales están suspendidas, y en otros, como Colombia, continúan los asesinatos de sindicalistas (que en los últimos 20 años suman 2 mil 500).

Un caso peculiar son las operaciones en Rusia de la Ford Motor Company (que tiene su sede en Dearborn, Michigan), donde supuestamente instalaría sus plantas modelo. En 2007, en la planta de San Petersburgo, los trabajadores, encabezados por su dirigente Aleksei Etmanov, iniciaron una “huelga italiana” (de brazos caídos) que duró cuatro semanas, entre noviembre y diciembre de ese año. Es la huelga más larga en la historia del consorcio automotriz. La reacción de la empresa fue solicitar la intervención de la policía del Estado.

Aunque la huelga fue prácticamente rota, la capacidad de organización de los trabajadores obligó a Ford a incrementarles un 16 por ciento el salario, regularizar la jornada y las pensiones.

Fue la primera conquista obrera desde la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Después se hizo oficial la crisis y, paralelamente, explica Etmanov, “se importó el modelo de trabajo mexicano”.

Aclara: “Un grupo de políticos y funcionarios, por orden directa del actual presidente, crearon sindicatos amarillos (conocidos en México como blancos o de protección). Cada vez hay más políticos y funcionarios sobornados por las trasnacionales; con esto, ellos se sostienen en el poder político y las empresas en el económico, como también se hace en México”.

En noviembre de 2008, Aleksei Etmanov sufrió dos atentados.

Apenas libró la muerte, pero el presidente Dimitri Medvédev lo declaró “enemigo del Estado”. Poco después, los obreros de la Ford en Genk, Bélgica, imitaron la estrategia de Etmanov.


México, más rezago

Como parte de la política de austeridad, en México las maquiladoras suprimieron los insumos para la seguridad: uniformes, mascarillas, tapones para los oídos. Los casos de obreros con afectaciones en oídos y garganta por la pelusa de las telas se incrementaron. Se eliminó el transporte y el servicio médico.

Las maquiladoras desconocieron los contratos colectivos de trabajo. Algunos dirigentes aseguran que la Secretaría del Trabajo y Previsión Social congeló los registros de las incipientes organizaciones sindicales.

Entre 2007 y 2008, en las maquilas de Tamaulipas casi el 50 por ciento perdió el empleo, detalla Guadalupe Vásquez Camacho, presidenta de la Coalición de Trabajadoras y Trabajadores Pro Justicia y Defensa de Nuestros Derechos Laborales.

“Primero corrieron a los mayores de 50 años, luego los de 40 para arriba, casi todos tenían 12 años en la planta. Hacíamos cinturones de seguridad, bolsas de aire, palancas y volantes.

Los que nos quedamos teníamos que hacer el trabajo de otros dos que despidieron, o sea, trabajábamos por tres sin que nos subieran el salario ni nos pagaran horas extras. A mí no me corrieron por los recortes, sino porque descubrieron que estábamos organizando la coalición; hasta nos echaron a la policía municipal”.

Este año el gobierno federal, a través de la Secretaría de Economía, destinó 2 mil 500 millones de pesos al Programa de Preservación del Empleo para las maquiladoras (en su mayoría del sector automotriz). Un programa de “paro técnico” oficial, que simple y llanamente consiste en reducir al trabajador el 33 por ciento de su salario a fin de “no despedirlo”.

Con esta medida se protegerían, supuestamente, 500 mil empleos.

Según spots difundidos por la Presidencia de la República, “se han logrado proteger 60 mil empleos”.

Luego se anunció el apoyo crediticio a través de Nacional Financiera, por 9 mil 500 millones de pesos, a intermediarias automotrices y distribuidoras de vehículos. “En la práctica –según Vásquez Camacho– no se están respetando los compromisos y menos lo harán porque, cuando se denuncian despidos injustificados, la Secretaría del Trabajo congela los juicios; tiene detenidos los registros sindicales de varias organizaciones de las maquiladoras mientras se despide a sus dirigentes”.

Desempleo

“Los trabajadores no queremos pagar la crisis, que la paguen los ricos, que la paguen los empresarios, no los ciudadanos”, fue el reclamo en el Foro Social Mundial, tesis incluida en la Declaratoria de los Movimientos Sociales de Belém Do Pará.

De acuerdo con los últimos datos de la OIT, hacia finales de 2009 se perderán 50 millones de empleos, con lo que el número de desempleados llegaría a 230 millones. Hasta ahora, observa el organismo de Naciones Unidas, el mayor impacto ha sido en Estados Unidos, México, Chile, Colombia; en los países de Europa, con economías emergentes como Letonia, Bulgaria, Grecia; y en aquellos cuya economía parecía más sólida, como España, Francia, Bélgica, Islandia. Entre las compañías con mayor número de despidos se cuentan General Motors, Chrysler, Ford, Kodak, AOL, Starbucks, Caterpillar, Boeing, Nextel, Pfizer y Toshiba.

Entre 2009 y 2010, según las estimaciones demográficas de la OIT, hará falta crear 90 millones de nuevos empleos.

En México, reporta el Instituto Mexicano del Seguro Social, entre enero de 2008 y enero de 2009 se perdieron 436 mil empleos formales, la mayoría en el sector manufacturero, con 336 mil 137 puestos; seguido del de la construcción, con 84 mil 382, y luego el agropecuario, con 7 mil trabajadores.

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