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Traileros arriesgan la vida en cada viaje y su sueldo se ha visto reducido por el aumento en el diesel y los impuestos como el IETU; piden apoyo y comprensión de las autoridades.Alejandra Mendoza

Porque los impuestos federales y la inseguridad en las carreteras los están acabando, miles de traileros se manifestaron en 43 ciudades del país a través de la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga.

Su principal queja es por el alza en la carga fiscal, aumento del diesel y pidieron la suspensión temporal del Impuesto Empresarial de Tasa Única (IETU).

En Monterrey, una caravana de 600 tractocamiones se unieron para protestar en forma pacífica; los operadores de estas unidades explican que son los más afectados pues sus sueldos se han ido reduciendo. Gregorio Muñoz, Alberto Gutiérrez e Isaías Izquierdo son conductores y cada uno narra sus experiencias frente al volante.

Gregorio Muñoz, de 55 años, ha sido operador de tráiler durante 28 años y en ese tiempo el originario de León, Guanajuato, ha sufrido cinco asaltos.

“El primer asalto fue hace 18 años, traía una carga de azúcar y me pararon unos hombres en una camioneta, me secuestraron, se llevaron el camión, lo descargaron y dos días después me soltaron y fui a levantar la denuncia.

“El segundo asalto fue en 1995, me interceptó una camioneta blanca en el periférico de Guadalajara, me quitaron el camión con tequila, me llevaron a una bodega para descargarlo y me fueron a tirar con todo y camión a la salida del Estado. Me dijeron que levantara la denuncia y los describiera de manera diferente porque si no mi familia iba a sufrir las consecuencias”, explica el operador del tractocamión.

Su más reciente asalto fue en 2004 cuando transportaba polietileno.

Aunque el trabajo de Gregorio Muñoz implica un riesgo, dice que esto es todo lo que sabe hacer y sólo piensa en que necesita proveer para su esposa y cuatro hijos.

“Algunas veces he pensado en renunciar pero también pienso en la familia y me pregunto en qué puedo trabajar si esto es todo lo que sé hacer, ése es el problema.

“Los sueldos en lugar de subir nos los están bajando, nosotros ganamos por porcentaje, ganábamos el 20 por ciento pero nos lo han ido bajando. Nos descuentan el 10 por ciento de un flete, en lugar de ganar un 20 por ciento ganamos el 15 por ciento”, dice el padre de familia.

Gregorio Muñoz agradece a Dios que haya cuidado su vida durante más de dos décadas de trabajo ya que sólo ha tenido un accidente que ocurrió en Guaymas, Sonora, y se volteó el tráiler mientras transitaba por ese lugar; sin embargo, si algo demanda este operador es seguridad aunque los choferes tampoco se confíen de los agentes.

“Que tengan más vigilancia en las carreteras, en los retenes los agentes federales nada más están viendo qué lleva uno y qué les conviene; tengo compañeros a los que los mismos federales les han quitado cosas, por ejemplo en el tramo de México a Tijuana hay muchos retenes y también de la policía judicial, pero a esos es a los que uno más le tiene desconfianza”, señala con impotencia.

UN ASALTO LE MARCÓ SU VIDA

Alberto Gutiérrez (nombre ficticio) es originario de Monterrey, tiene 50 años y durante 28 años trabajó en el volante; sin embargo, su vida cambió después de su primer asalto en Agua Prieta, Sonora.

“Tengo un año y medio de incapacitado y no poder trabajar como operador de tráiler, en la empresa me aceptan como ayudante de mecánico, pero en realidad ese no es mi trabajo.

“Estaba vacío el tráiler, recuerdo que me estaba quedando dormido y entonces quebraron el vidrio del lado del chofer, entraron y me amagaron con un rifle y me apuñalaron (señala su cara del lado izquierdo), recibí tres puñaladas en la espalda y dos en la cara. Afectaron mi nervio facial y no puedo sacar mi licencia de manejo”, dice con un dejo de tristeza.

Los asaltantes le quitaron los únicos dos mil pesos que traía en su cartera; Alberto Gutiérrez recuerda que fue a pedir ayuda al primer restaurante que encontró y fue trasladado a un hospital donde estuvo durante cuatro días y regresó a su natal Monterrey; sin embargo, se redujo más de la mitad de su sueldo y debido a sus lesiones ya no podrá ser conductor de un tractocamión.

“CON HAMBRE NO ENTRAN LAS LETRAS”

Isaías Izquierdo Palma es un joven de 26 años y trabaja desde hace tres años como operador de tráiler en la empresa Caesa transportando material peligroso como azufre líquido. Para este padre de familia, ser operador representa una forma de superación pues desde pequeño llegó a Tabasco desde su país natal, El Salvador.

“Mi vida es muy triste, no tengo hermanos, soy hijo único y mi padre murió, desde muy chamaco me hice cargo de mi familia. A los ocho años llegué a México, mi madre hacía tamales y churros y los vendía, poco a poco fuimos saliendo adelante.

“A los 11 años trabajaba barriendo, a veces anduve de ayudante de albañil y entré a esta empresa por un tío, empecé lavando fierros, lavando carros y poco a poco fui subiendo, empezando a mover los carros y pues aquí me dieron chance de aprender a manejar, los compañeros me enseñaron y así saqué mi licencia y me puse a laborar como todo un trailero”, dice el joven con satisfacción.

Pese a que empezó a trabajar desde niño, dice Isaías que no tuvo tiempo de asistir a la escuela y lo poco que sabe leer es gracias a sus compañeros, su conocimiento le permite comprender lo básico para trabajar.

“He ido aprendiendo a leer de los compañeros, dicen que cuando se tiene hambre no entran las letras y pues somos varios los que no sabemos leer pero trabajando honradamente hemos salido adelante”, afirma.

En cuanto a su tiempo de trabajo, explica que no lo han asaltado pero su inconformidad es el aumento en el costo de las licencias que le permiten trabajar como conductor.

“La Secretaría de Comunicaciones y Transportes nos pide muchos requisitos, el examen de Medicina Preventiva cuesta mil 400 pesos, la licencia ya subió, costaba como tres mil 500 pe sos, ahorita vale como cuatro mil. Esto es sin contar gastos de comida son como 6 mil pesos en total y cada año va aumentando”, apunta.

OTRA HISTORIA

Otra de las inconformidades, menciona Pablo de la Garza Villegas, de 42 años y originario de Nuevo Laredo, Tamaulipas, es que no cuentan con un seguro de vida y las empresas les dan menos diesel para los recorridos, lo que ocasiona que manejen presionados por las carreteras para que el combustible no se vaya a terminar.

“Tenemos las prestaciones de ley pero no el seguro de vida, en muchas empresas los quitaron.

Muchas veces nos mandan por las carreteras libres donde hay más riesgos, los patrones no quieren pagar casetas.

“Uno no puede hacer maniobras, no puedes dejar el carro encendido ni traer el aire acondicionado en donde hace calor, por lo mismo que no damos el rendimiento, a veces los compañeros se quedan tirados por lo mismo.

Nosotros somos los que movemos a México, hacemos nuestra labor y somos los más afectados y los últimos en la cadena”, afirma el padre de cuatro hijos.

Gustavo González, delegado estatal de la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga, dijo que han sido afectados por la crisis que ha ocasionado la disminución del 40 por ciento en los volúmenes de operación y de este trabajo dependen indirectamente cuatro millones de familias.

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