El clero en el Ejército

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La derecha católica, que hoy detenta el poder en México, busca desbaratar el estado laico, fortaleciendo la presencia del clero en las diferentes instituciones, incluyendo el Ejército Mexicano.

Desde 2000 –y especialmente desde 2006, con la llegada de Calderón al poder– la Conferencia del Episcopado Mexicano ha manifestado, de manera cada vez más abierta, su pretensión de establecer en nuestro país el binomio Iglesia-Ejército, encarnado en las llamadas capellanías militares, que son parroquias ubicadas dentro de los cuarteles, con apoyo gubernamental.

A diferencia de naciones del centro y sur de América, y gracias a la revolución liberal del siglo XIX encabezada por Benito Juárez, nuestro país ha ignorado las consecuencias de la presencia oficial de la Iglesia en el Ejército.

En las mencionadas capellanías se enseña la obediencia a los mandos militares, se “limpia” la conciencia de los soldados que cometen crímenes, y hasta se llega a colaborar en interrogatorios y torturas (lo cual ocurrió bajo gobiernos militares como el de Argentina en la década de 1970). En países como Colombia y El Salvador, que cuentan con esa institución, se bendicen las armas con las que los soldados van a matar a los supuestos “enemigos de Dios”.

Si bien los capellanes militares existen en otros países, como Estados Unidos (donde mucho han contribuido a cultivar el fanatismo de las tropas en las guerras de agresión contra otros pueblos), en América Latina tienen implicaciones muy concretas: fortalecer la posición política de la jerarquía católica; otorgarle grandes recursos del erario para recompensar su labor proselitista entre los soldados; apoyar a las fuerzas derechistas que enarbolan todavía proyectos teocráticos.

En México, el maridaje de la religión con la milicia llegó con la conquista misma, al grado de que Hernán Cortés se jactaba de que las masacres y crueldades que cometía eran por obra de Dios. En su carta dirigida al emperador Carlos V, el 30 de octubre de 1520, escribió: “Y como traíamos la bandera de la cruz y pugnábamos por nuestra fe (…) nos dio Dios tanta victoria que les matamos mucha gente, sin que los nuestros recibiesen daño”.

Esa mentalidad es la que heredaron los conservadores del siglo XIX; y en el XX los cristeros, siempre idealizados por la derecha, se jactaban de que Dios les ayudaba a exterminar a sus enemigos.

Hoy en día, las formas son menos cruentas, pero el espíritu es el mismo, como lo prueba el hecho de que el gobierno encabezado por Calderón ha fomentado la injerencia del clero en el Ejército, al grado de que en 2007 acudió un piquete de soldados a apoyar simbólicamente a los grupos Provida: hicieron “honores a la bandera” en un evento contra la despenalización del aborto. Es cada día más visible la presencia del clero en las filas castrenses a través de una parroquia ubicada en Legaria y Periférico, en las inmediaciones del Campo Militar 1-J.

Asimismo, en el marco de la militarización del país que se hace con el pretexto del narcotráfico, se estimulan las prácticas religiosas entre los soldados, cuya profesión por naturaleza pone en riesgo su vida. Han aparecido, así, entre los militares y cadetes, escritos como la oración del soldado y la del piloto.

Desde Guatemala

Por añadidura, la mencionada parroquia es atendida por un cura extranjero, el guatemalteco Otto Francisco Galicia Soto (ordenado en 1973, en Huehuetenango), dato que no es trivial, pues en dicho país la capellanía militar fue instituida legalmente apenas en 2003, sin mediar un acuerdo con el Vaticano, mediante un decreto presidencial (el número 357- 2003, publicado el 20 de junio de ese año).

En Guatemala, dicho servicio de capellanías está bajo el mando de militares, pero a cargo de curas católicos, que no cuestionan los abusos de los que muchas veces ha sido acusado el ejército de ese país. Baste recordar que el 6 de enero de 2006, el día mismo en que se inauguraron las instalaciones de ese servicio, con grandes alardes devocionales del capellán, quien decía que en esa parroquia los soldados contarían con la presencia de “Jesús Sacramentado” (en el sagrario), la prensa informaba que en la población de Jalapa, Guatemala, una niña de 13 años había sido baleada por soldados que cuidaban una propiedad privada.

Al parecer, el gobierno de Calderón está siguiendo el camino guatemalteco para imponer la alianza del clero con el Ejército, mediante una política de hechos consumados y decisiones impopulares y arbitrarias, que han sido la tónica de su mandato.

Aparte de ser una demanda histórica de la derecha, la injerencia del clero en el Ejército apunta peligrosamente hacia la actitud panista de enquistarse en el poder sea como sea, incluso mediante la militarización del país, para lo cual la jerarquía católica está brindando su complicidad como lo hizo a principios del siglo XX al apoyar el gobierno militarista de Victoriano Huerta, el asesino de Madero y Pino Suárez.

Edgar González Ruiz.

 

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