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Defensor del Periodista

El uso más común de la palabra bozal se refiere a las correas entrecruzadas de cuero y remaches que se colocan alrededor del hocico de los perros y otros animales para que no muerdan: cuando mucho, ladren. Camisa de fuerza y bozal deberían ponerle al perverso de Manuel Espino si los panuchos quieren quitárselo de encima, porque “cuando la perra es brava, hasta a los de casa muerde”. Esta tarea –quemados todos los disparos-mensajes y ultimátum de Calderón a Espino– corresponde como última instancia al secretario de Gobernación, Fernando Francisco Gómez-Mont Ureta (exasesor de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo), sustituto emergente del fallecido Juan Camilo Mouriño y exitoso penalista que fue llamado por su amigo Calderón para mantener la nave calderonista a flote (mientras el velero de Calderón está anclado en el puerto de Acapulco). Y es que “lo duro y tupido” alarma al panismo- calderonista en vísperas de que los ciudadanos vayamos a las urnas, mismas que serán el termómetro político para confirmar lo que es vox populi: que Calderón y los suyos, en el manejo de jefe de gobierno y jefe de Estado, no han dado resultados y apuntan a un severo descalabro electoral. Gómez-Mont anda muy activo en reuniones públicas, privadas y ultrasecretas. Tuvo una semipública con los directores de Comunicación Social del Poder Ejecutivo federal, cortados a imagen de su jefe nato, el escurridizo Maximiliano Cortázar (Max), quien impone total censura e intolerancia especialmente contra la prensa escrita que informa verazmente y ejerce la crítica con fundamento en las libertades constitucionales. A ellos les dijo (como en el refrán aquel de “te lo digo a ti, mi hijo, para que lo entiendas tú, mi entenado”) que las nuevas reglas del Instituto Federal Electoral (IFE) sobre comunicación gubernamental “no pueden ni deben ser bozal de nadie” (El Financiero, 16 de enero de 2009). En la reunión estaban, en el lugar equivocado, dos consejeros del IFE (Virgilio Andrade y Gómez Alcántar) quienes se encargaron de llevarle la indirecta a Valdés Zurita. Gómez-Mont se refirió al bozal impuesto desde el IFE a la propaganda de Calderón (“Vivir mejor”, bordado hasta en las camisas que usan los funcionarios en actos públicos). Pero no tocó las maniobras para silenciar a la prensa ni mucho menos ha cancelado las “reglas no escritas” (¡oh, Hipias!) y que es el derecho natural tan caro para los de la Escuela Libre de Derecho, referentes a la lista negra de Cortázar para no entregarles publicidad oficial y hasta intimidar a los de la publicidad privada, para negarla a esos medios. La pandilla de Cortázar quiere ponerle bozal a la prensa, para que ésta ceda a las pretensiones (al estilo de Peña Nieto) de filtrar supuesta información gubernamental que es propaganda política. No quiere bozal para los funcionarios que controlan y maniobran con la información del gobierno federal. Gómez-Mont olvida que Cortázar insiste en ponerle bozal a los periodistas y, cuando esto se le dificulta, ablanda a los editores con publicidad oficial a cambio de censurar a reporteros y comentaristas, como hace el director de Pronósticos Deportivos, entre otros. Que Gómez-Mont le quite o el bozal o a los hombres y mujeres de Cortázar para burlar la reglamentación propagandística del calderonismo, es ilegal y antidemocrático. Y debería impedir que desde Los Pinos se ponga bozal a las libertades de prensa y mantener vigente ese derecho positivo para “no estar revisando las reglas del juego democrático”.

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