El negocio de las ce$áreas

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En Reynosa existen centros hospitalarios de bajo costo como la Clínica Lancet, que “abusan” de sus facultades para efectuar cesáreas de forma indiscriminada. Coincidentemente, un alto índice de bebés prematuros ingresados de urgencia al Hospital Materno Infantil –por no contar con tecnología necesaria para su atención–, provienen de dicho sanatorio.

José Manuel Meza Reynosa, Tamaulipas.

Cuando los intereses personales se anteponen a los humanitarios el resultado casi siempre es desastroso. De esto dan cuenta las guerras, los malos gobiernos o la desigualdad social.

“Y en el terreno de la medicina no es la excepción, porque igual de intolerable es valerse de una vida con fines lucrativos.

Sin embargo, esto parece no importarle a un sector de la clase médica, que lejos de enaltecer su profesión desafía los principios de la misma, practicando cesáreas en excesivas cantidades.

Todo inició a mediados de los 70, cuando la técnica más empleada para dar a luz era el parto natural, hasta que se descubrió que la intervención quirúrgica podía frenar la mortalidad en mujeres embarazadas y sus productos.

Este aporte marcó una era ginecológica a la que más tarde se le unió el ultrasonido, pero pronto los profesionales de la obstetricia comenzaron a utilizar la cesárea como un método más recurrente de lo normal.

Mujeres en condiciones óptimas para tener a sus bebés por la vía ordinaria se sumaron (inducidas) a quienes sí calificaban a la cirugía por el alto riesgo de su proceso gestacional, desatando una polémica que hasta la fecha da mucho de qué hablar.

En 1985, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que no había justificación para que las tasas de cesáreas en el número de nacidos vivos fueran mayores del 15 por ciento, independientemente de la región; sin embargo, dos décadas más tarde la cifra sigue siendo controversial, tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados.

Y México no queda excluido. Actualmente el 60 por ciento de los nacimientos producidos en territorio nacional no van relacionados al trabajo de parto sino a una cirugía, según definió Mario Pérez Ruiz, presidente del Colegio de Ginecólogos de Reynosa: “Conforme se mejoraron las técnicas de diagnóstico a través del ultrasonido se redujeron los nacimientos naturales. Hoy se nos expresa que el promedio de cesáreas en algunas clínicas está incluso en un 90 por ciento”, mencionó el especialista egresado de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG).

No obstante, un estudio de la Universidad de Aarthus de Dinamarca, publicado en el British Medical Journal, revela que “las madres tienen cuatro veces más probabilidades de morir por cesárea que por alumbramiento natural cuando éste no se requiere y es inducido.

“Al ginecólogo le conviene más terminar en una hora que permanecer varias o hasta doce horas atendiendo un parto normal”, revela el estudio.

La OMS añade que: “Las tasas de cesáreas responden ante todo a determinantes económicos”, que benefician desde luego a los médicos.

En promedio sólo dos Estados de la República presentan porcentajes inferiores al 30 por ciento. Zacatecas y San Luis Potosí con un 25 por ciento.

Las cifras oficiales muestran que solamente el programa IMSS-Oportunidades mantiene la tasa de cesáreas en el límite del 15 por ciento desde 1991. México presenta una profundizada problemática y al parecer no habrá vuelta atrás.

Temen al dolor

Al respecto José Isidro Vela Barrera, ginecólogo por el Centro Médico Nacional, comentó que la cirugía como medio de alumbramiento se ha tergiversado por dos principales razones: “En un 50 por ciento por la inducción de los médicos y el resto porque en realidad la mujer ya no quiere sufrir dolores de parto, aunque yo estoy convencido de que los niños deben nacer naturalmente. Es mejor, no me preguntes porqué”, dijo.

El especialista manifestó que la fiebre de cesáreas se ha desplegado por casi todos los hospitales y consultorios del sector privado.

“No sabemos quién es más culpable, si la paciente o el médico, pero aquí es necesario señalar que la ginecobstetricia se ha vuelto un problema, pues hoy en día se le da mayor importancia al ultrasonido que a lo que diga el médico en consulta.

“Hay personas que se presentan con el doctor (por primera vez) momentos antes de parir, pero eso sí, ya se hicieron 46 ultrasonidos por fuera y eso es una estupidez”, mencionó Vela Barrera.

El entrevistado instó a respetar las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.

“Lo que dice la OMS es cierto, que no se debe rebasar el promedio de cesáreas. En Estados Unidos, por ejemplo, cuando un ginecólogo se pasa del 25 por ciento le detienen el trabajo para revisar qué está sucediendo, pero en México es todo lo contrario”, sopesó.

Vela Barrera lamentó que en la actualidad existan médicos que piensen con el dinero y no con su vocación de servicio.

Antes uno iba a los ranchos a atender pacientes que duraban días para dar a luz y el único pago que recibía era unas gallinas. Se trabajaba con amor a la profesión, pero hoy falta de eso en los doctores modernos”, subrayó.

Capoteando a la muerte

Una fuente médica, quien solicitó el anonimato, señaló que el problema de las cesáreas injustificadas va más allá de lo que la gente imagina y establece la normatividad internacional, pues hoy en día se realizan (sin necesidad) cirugías a mujeres con seis, siete y ocho meses de embarazo.

“Existen médicos que están trayendo al mundo bebés prematuros adrede con el simple objeto de acaparar el mayor número posible de partos y poniendo en peligro la salud de las madres y sus productos.

“Les meten miedo diciéndoles que sus hijos están sufriendo dentro de su vientre y que deben sacarlos porque corren el riesgo de morir o registrar daños irreversibles”, mencionó.

El entrevistado citó como ejemplo el caso de la Clínica Lancet, la cual envía sus nacidos prematuros al Hospital Materno Infantil de Reynosa, pues no cuenta con el equipo suficiente para asegurar la supervivencia de los mismos.

“Esa es la consecuencia de acudir a las clínicas baratas, que cobran unos tres mil pesos por cesárea, pero que no garantizan la estabilidad de los bebés en caso de presentarse complicaciones.

Hay indicaciones de cuándo debe sacarse un bebé prematuro”, dijo la fuente.

Prematuros en peligro

En esa dinámica se entrevistó a Ernesto Cantú Cantú, director del Hospital Materno Infantil, quien reconoció que la mayoría de los bebés prematuros originarios de otras clínicas pertenecen a la Lancet.

“El índice de neonatos que nos llegan de fuera es del 35 por ciento. Un 80 por cien to tiene que ver con prematurez. Desde que abrió el hospital en mayo pasado tenemos uno o dos ingresos por semana al área de pediatría”, indicó.

Sin mencionar su procedencia, el funcionario dijo que han recibido bebés prematuros de bajo peso y sacado adelante. Un cinco por ciento fallece.

Cuando se le cuestionó sobre la relación que sostiene el Materno Infantil con la Clínica Lancet, el director de este Hospital afirmó que es exclusivamente de orden profesional.

“Nosotros no podemos negarnos a recibir niños prematuros provengan del lugar que sea”, acotó.

Al solicitarle acceso a los registros oficiales para confrontar el comportamiento del sanatorio en sospecha, Cantú Cantú se negó a proporcionarlos. Zanjó que “los expedientes son un instrumento legal y sólo pueden ser exhibidos con la autorización de un tribunal”.

Luego de una exhaustiva búsqueda en los apéndices del Registro Civil en Reynosa se comprobó que de 30 certificados médicos de recién nacidos expedidos en la Clínica Lancet, 27 fueron por conducto de cesárea.

Rara vez se recurre al parto normal.

A precio de ganga

En forma encubierta el reportero de Hora Cero acudió a la Clínica Lancet junto con una voluntaria que fingió estar embarazada a cotizar un parto normal y una cesárea.

A primera instancia el recinto de color blanco y azul –ubicado en el 1020 de la avenida Zertuche, en el fraccionamiento Virreyes, con Clave Única del Registro de Establecimientos de Salud (Clues) TSSMPOOO305 y Registro Federal de Contribuyentes GOAA-S10916-J45–, luce descuidado.

Una recepcionista mencionó que “el parto normal tiene un costo de dos mil 750 pesos. La cesárea estética siete mil 250 y la vertical seis mil 250 pesos, que incluye cirujano, habitación, alimento, medicamentos y pediatra”. La realidad es que en un hospital de mediana jerarquía los costos se incrementan en un 100 y hasta en un 300 por ciento en un centro hospitalario de prestigio.

A continuación la versión estenográfica de la grabadora del reportero: – Hacerme una cesárea, ¿es decisión mía o del médico? (pregunta voluntaria).

No, depende del doctor. Ahorita lo paso con él para que le explique (recepcionista).

Posteriormente se encauzó al comunicador y la supuesta embarazada con el doctor Álvaro Gómez Almaguer, quien junto a Rafael González Sosa, ostenta el mayor número de intervenciones en este lugar, casi todas cesáreas.

En un consultorio poco reluciente y casi a oscuras, el médico de tez blanca y escaso cabello habló con el reportero y su acompañante: – Pásele para acá, ¿qué edad tiene señora? Treinta y siete años.

– ¿Es su primer bebé? Efectivamente. Tuve un embarazo hace seis años pero no se logró.

– Es mucho mejor una cesárea, definitivamente.

Pues si quiere asegurarlo es lo más recomendable, porque es un embarazo valioso.

Y una cirugía estética… ¿Usted es quién hace las cirugías? (reportero).

– Yo mismo, tengo seis mil cesáreas realizadas.

Hay de todos los precios. Se le puede hacer vertical con casi cinco mil pesos. Si quiere hacerla estética le sale en siete mil 250 pesos.

Ok, estamos sacando presupuestos. Luego volvemos, muchas gracias (reportero).

– Si se anima ya sabe, aquí la espero… De casi 15 mil pesos es el vacío que existe entre las clínicas de bajo costo y los sanatorios de prestigio.

Alusivo al escenario que presenta la Clínica Lancet, el doctor José Isidro Vela Barrera opinó que “ésta no tiene los recursos y por ello se deshace de los niños prematuros.

“Lo único que la justifica es que hace las cesáreas más baratas que en el Sector Salud.

En mayoreo sí ha de ser negocio, pero yo tengo entendido que Álvaro es un cirujano muy luchón y le caen las pacientes desesperadas”, mencionó.

Aún así de algo no queda duda: mientras las autoridades sanitarias no investiguen la eficiencia de las clínicas de Reynosa, el riesgo lo seguirán pagando familias persuadidas por la codicia de los médicos o por su mismo deseo de sacarle vuelta al dolor de parto.

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