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Harto del sabotaje golpista de Manuel Espino y su mafia político-religiosa, Calderón dejó atrás las indirectas y les imputó lo de ser una facción dedicada a las “mezquindades, envidias, ruindades… porque es muy fácil pontificar sentados, como dije alguna vez, desde la columna de mármol, desde el pedestal que se convierte, precisamente por la inacción, en pedestal de imbéciles”, como trascribieron las reporteras Claudia Herrera y Herminia Miranda (La Jornada e Impacto, 10 noviembre de 2008).

El rosario de adjetivos y lo de imbécil tenían, en primer lugar, a un destinatario en especial: Manuel Espino, quien no ha dejado de sabotear al calderonismo en nombre de la cruzada que encabeza para rescatar al Partido Acción Nacional (PAN) y purificarlo con baños de “los meones de agua bendita” y de los integrantes de El Yunque, que él dirige.

Resulta que Espino, con motivo de las acusaciones, en vivo y en directo de Calderón en una casi secreta reunión de la cúpula del PAN, de inmediato, como es su costumbre, montó en cólera y, buscapleitos, trató de quitarse la camisa de fuerza que le diseñó a su medida el inquilino de Los Pinos y donde Espino y su mafia cristera fueron, además de tildados de imbéciles, condecorados como mezquinos, ruines y envidiosos.

No contento Espino con ladrar se puso a morder a los calderonistas y directamente a Calderón en entrevistas por la radio: echó pestes. El reportero Horacio Jiménez (El Universal, 11 y 12 de noviembre de 2008) publicó información veraz sobre El Yunque y las incursiones de Espino para tratar de escapar de la camisa de fuerza. Le disgustaron sobremanera las palabras de Felipe Calderón y envió una carta-réplica (El Universal, 13 de noviembre de 2008) escribiendo supuesto desmentido, recibiendo la respuesta del reportero donde le recuerda al mentiroso Espino que lo buscó para que diera sus opiniones y “no hubo respuesta a las peticiones de entrevista”.

Se quiso, como siempre, pasar de listo el yunquista de Espino, pero no tuvo que ir hasta Santiago de Compostela (a donde peregrina como devoto del apóstol Santiago) para recibir el revés. Los reporteros buscan, para contrastar la información, a los protagonistas de la nota y si éstos se niegan a participar y dar su punto de vista, teniendo el derecho de réplica de su lado, no tienen por qué abusar del mismo, saliendo a destiempo y unilateralmente con su batidero de sinrazones.

Es el caso de Espino al que Calderón ingresó a la fila de los imbéciles que se esconden en la militancia de la ultraderecha panista. Ha quedado, además, exhibido como un mentiroso, ya que nunca atendió las solicitudes del reportero para replicar lo que considerara necesario y, de paso, aprovechar para negar la existencia de la organización no tan secreta de El Yunque y que él preside y con otros integra, como está demostrado en los libros-reportajes de Álvaro Delgado, sobre todo en El Yunque. La ultraderecha en el poder y en El Ejército de Dios. Nuevas relevaciones sobre la extrema derecha en México.

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