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Tráfico de drogas y de armas son las principales amenazas a la seguridad nacional queidentifica la población mexicana. Por primera vez se hacen públicas las percepciones de la ciudadanía acerca de un tema reservado a las elites gubernamentales y académicas

Por encima de la crisis financiera internacional, los ataques terroristas o los desastres naturales, la mayor parte de la población mexicana identifica el tráfico de drogas y el de armas como las dos principales amenazas que enfrenta la seguridad nacional. Lo anterior, según la Encuesta de seguridad nacional del grupo Sistemas de Inteligencia en Mercado de Opinión (SIMO). Destaca que a nivel nacional los ciudadanos sí consideran como atentados terroristas los sucesos ocurridos el 15 de septiembre en Morelia y que 90 por ciento de la población conoció esos hechos; además, la encuesta reveló que apenas el 39 por ciento de los entrevistados considera que las personas responsables de esos hechos son las que actualmente están detenidas.

En contraste, los desastres naturales, la pobreza y la desigualdad no son, desde la perspectiva de la población, amenazas a la nación. La importancia de esta consulta en seguridad nacional radica en que por primera vez se abre a los ciudadanos el tema estratégico de la seguridad nacional, que siempre ha estado reservado a la cúpula gubernamental.

El narcotráfico, el crimen organizado, terrorismo y guerrilla son consideradas como las cuatro principales amenazas a la seguridad nacional.

Según los resultados de la encuesta, la mayoría de la población aprueba el combate al narcotráfico (72 por ciento) y al crimen organizado (64 por ciento). Esa percepción desciende cuando se le pregunta a la población sobre el combate al terrorismo (68 por ciento) y a la guerrilla (54 por ciento). No obstante que la desaprobación total a esas amenazas apenas rebasa el 18 por ciento en el universo de encuestados.

En general, los mexicanos ven en este orden las amenazas contra la seguridad nacional: delincuencia organizada, inseguridad pública, grupos armados, terrorismo, corrupción, secuestro, pobreza y desigualdad, movimientos en contra del gobierno, violación a la soberanía, pérdida de competitividad económica internacional y desastres naturales.

Al mismo tiempo, el concepto de seguridad nacional se mantiene en ambas entregas de la encuesta, la de septiembre y de octubre, con ligeras variantes. Para un 35 por ciento de los entrevistados el concepto se asocia a la defensa del territorio y la soberanía nacional así como a la protección de la población frente a amenazas a la nación; otro 29 por ciento la percibe como la protección de la población frente a las amenazas. Apenas 6 por ciento la asocia a la legítima defensa del país frente a otros países y sólo 4 por ciento a la protección de la democracia.

Para Azucena Cháidez, maestra en políticas públicas y administración por la London School of Economics, amenazas no tradicionales de la seguridad nacional de México, como el terrorismo, la corrupción y el secuestro, ocupan los siguientes lugares en la percepción de los mexicanos. La relevancia de esta encuesta es que permite continuar un análisis sistemático de la opinión pública sobre las amenazas, riesgos y vulnerabilidades que enfrenta el país.

La encuesta señala que apenas 30 por ciento de los ciudadanos considera “muy adecuado” el esfuerzo gubernamental en el combate al narcotráfico; 42 por ciento como “algo adecuado”, 11 por ciento “ni adecuados ni inadecuados”, 10 por ciento “algo inadecuados” y 6 por ciento “muy inadecuados”. Es decir, alrededor del 27 por ciento de la población no aprueba totalmente esos esfuerzos contra la delincuencia organizada.

Georgina Sánchez, directora ejecutiva del Colectivo de Análisis por la Seguridad con Democracia (Casede), estima que la consulta pone en manos públicas información sobre la percepción de los mexicanos en materia de seguridad nacional, que en años pasados los gobiernos realizaron de manera confidencial.

Además, señala la politóloga, esa evaluación es significativa porque por primera vez en la historia contemporánea del país se sabe qué piensan los mexicanos sobre esta cuestión estratégica.

Respecto a la descripción del narcotráfico y el tráfico de armas como las mayores amenazas contra la seguridad nacional, Sánchez descubre en la encuesta de SIMO que la acción del crimen organizado es otra de las grandes preocupaciones de los mexicanos: “Ya no ven que estos dos temas sean sólo cuestión de seguridad pública, sino que afectan el funcionamiento del Estado”.

De esta manera, la delincuencia organizada avanza en la percepción de 37 por ciento de los mexicanos que la sitúan como la principal amenaza, y de un 15 por ciento que apuesta por ver en la inseguridad pública una amenaza fundamental.

La necesidad de acercarse a la percepción de los mexicanos sobre este tema llevó al grupo de especialistas en inteligencia y opinión pública a realizar 800 entrevistas en viviendas, a lo largo de 80 distritos electorales del país, entre el 6 y 9 de septiembre de 2008. Para la autora –entre otros– del estudio Prospectiva de la seguridad en México (diciembre, 2002), esa investigación cobra importancia porque es representativa de la opinión pública a nivel nacional, con lo que su nivel de confianza y credibilidad es “bastante alto”, de más o menos 3 por ciento.

Una vez que se conocieron los resultados de la primera encuesta, SIMO llevó a cabo una segunda consulta en octubre de 2008 para confirmar la percepción de los mexicanos sobre las principales amenazas contra la seguridad nacional y, además, el desempeño del gobierno federal para combatirlas. En el segundo levantamiento de información sobre seguridad nacional –realizado del 8 al 14 de octubre, en 1 mil 202 entrevistas a lo largo de 147 secciones electorales– se constató que los mexicanos identifican amenazas que se vinculan más con cuestiones de origen interno que con amagos externos.

Aval al Ejército

En términos generales, los ciudadanos consultados aprobaron la participación del Ejército en tareas de combate al narcotráfico: 49 por ciento lo “aprueba mucho” y 36 por ciento “aprueba algo”.

También, avala con 52 por ciento la tarea del instituto castrense en casos de desastres naturales, contra el 31 por ciento de apoyo a su actuación en funciones policiacas. En lo que respecta al combate contra grupos rebeldes, los 1 mil 202 mexicanos que fueron consultados en sus casas a lo largo del país concedieron 41 por ciento de “gran aprobación” a la participación del Ejército, contra el 34 por ciento que “aprueba algo” esa actuación. Entretanto, 17 por ciento de los entrevistados “desaprueba” la acción de los militares, 8 por ciento “desaprueba algo” el combate contra grupos rebeldes por las fuerzas armadas y, finalmente, un 3 por ciento “desaprueba mucho” la acción militar.

En la participación del Ejército en operaciones de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas (y que en el sexenio de Vicente Fox Quesada saltó al debate nacional), indica, en la segunda entrega de la encuesta, que el 23 por ciento de la población se manifiesta “muy de acuerdo” con esa posibilidad, contra el 19 por ciento que se opone.

Destaca que aunque los mexicanos se oponen en un 21 por ciento a la posibilidad de que el Ejército Mexicano participe en el Comando del Norte (que integran los ejércitos de Estados Unidos y Canadá), existe un 18 por ciento que se manifiesta “muy de acuerdo” con esa potencial colaboración: 25 por ciento se declara “de acuerdo” contra el 21 por ciento que manifiesta que no está “ni de acuerdo ni en desacuerdo”. Cabe destacar que un 13 por ciento de la población dice estar “algo en desacuerdo” y 15 por ciento manifiesta estar “muy en desacuerdo” con la posibilidad de que las fuerzas castrenses mexicanas cooperen en materia de seguridad y defensa con el Comando del Norte.

Esas cifras hacen anticipar a la politóloga de Casede que “estamos ante un escenario en el que, de manera creciente, la población aprueba una extensión de las funciones del Ejército Mexicano más allá de los roles que tradicionalmente ha desempeñado en un tema enfocado al ámbito de la defensa de la persona y su patrimonio, posiblemente relacionado con la alta percepción de inseguridad”. Ante ese panorama, los ciudadanos piden la intervención del Estado, buscan su protección e incluso aceptan la participación del Ejército si no hay otra posibilidad.

Georgina Sánchez, también colaboradora para organismos internacionales como la Comisión Europea, advierte que ese aval al Ejército “no es un cheque en blanco, la sociedad también está pendiente de que no se violen sus derechos humanos; cada vez más denuncia los delitos que sufre”.

Amenazas del exterior

Una pregunta sustantiva es la relativa a la opinión de los ciudadanos respecto a cuáles serían las amenazas para la seguridad nacional que provendrían del exterior. De acuerdo con la respuesta que aportó la muestra de 1 mil 202 entrevistas, el tráfico de drogas (con 45 por ciento de importancia) es la principal, seguida del tráfico de armas (con 19 por ciento). Al hacer el análisis de los datos de la encuesta, los expertos de SIMO consideran probable que detrás de esa percepción esté la “agenda mediatizada” sobre el narcotráfico y el aumento de niveles de violencia en el país.

En contraste, sólo una quinta parte de la muestra (20 por ciento) observa amenazas desde el exterior como la crisis financiera internacional (9 por ciento), los desastres naturales (4 por ciento), los ataques terroristas (3 por ciento), la migración ilegal (3 por ciento) y las enfermedades infecciosas (1 por ciento). La hipótesis de guerra con otros países es prácticamente nula.

Armas de fuego

En el cuerpo de la encuesta sobre amenazas a la seguridad nacional, 15 por ciento de los mexicanos admitieron que ellos o “algún familiar cercano” poseen un arma de fuego en su casa, y 33 por ciento está de acuerdo con que se permita a la población tener armas en su casa.

Cabe destacar que en ambas entregas de información de la encuesta coincidieron las respuestas de los mexicanos en el sentido de considerar al tráfico de armas como una de las tres principales amenazas a la seguridad nacional, con el tráfico de drogas y la crisis financiera internacional.

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