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La sentencia dictada por el TSJDF indica que los inculpados en el caso de la recopilación “Maestros europeos del siglo XX”, sí pudieron haber incurrido en el delito de “fraude”. Tan sólo el acervo expuesto en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York tiene un valor superior a los 30 mil millones de pesos

 

 

Los magistrados de la Octava Sala Penal del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal (TSJDF) negaron la orden de aprehensión en contra de personajes del sistema judicial estadunidense y la cultura en México, por el delito de “robo agravado en pandilla”. La acusación fue interpuesta por Mario Moreno Ivanova, hijo adoptivo de Cantinflas, quien reclama los derechos de más de 80 obras de arte europeo de la colección Gelman, con valor superior a 30 mil millones de pesos.

Sin embargo, los inculpados –el exdirector del Centro Cultural Arte Contemporáneo Robert Littman, la juez neoyorkina Marylin Diamond, la abogada Janet Cohn Neschis y el notario Paul E. McGloin– sí pudieron haber cometido fraude, indica la sentencia dictada por el TSJDF en el expediente 1361/2008.

Lo anterior se deriva de la averiguación previa FPC/74T3/00706/06-10, iniciada en 2006 por la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF). Ese año Moreno Ivanova reclamó los derechos del acervo “Maestros europeos del siglo XX”, actualmente expuesto en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (Met, como es reconocido en Estados Unidos).

Las obras representativas de la Escuela de París –entre cuyos autores destacan Picasso, Dalí, Renoir, Matisse, Braque, Léger, Modigliani, Balthus, Mondrian, Miró– fueron adquiridas por el matrimonio de Jacques y Natasha Gelman a partir de la década de 1940 y hasta 1989. Un año antes de que Natasha muriera, en 1998, la recopilación completa fue cedida al fideicomiso Waterford. Cada obra se cedió por un dólar.

Las acusaciones de Moreno Ivanova señalaban que Littman, Diamond, Neschis y McGloin se habían aprovechado de la supuesta enfermedad de alzhéimer que padecía Natasha Gelman (Natalia Zahalka Krawak) al momento de ceder los derechos a Waterford, fideicomiso del que los indiciados eran beneficiarios.

No obstante, fuentes cercanas a la investigación niegan que Zahalka Krawak padeciera alzhéimer desde 1993. Incluso, aseguran, tanto los exámenes médicos presentados por Moreno Ivanova, como la cesión de derechos a RIOMA son “apócrifos”.

Cantinflas y Gelman

Contenida en el expediente 1361/2008, la historia que tomaron en cuenta los magistrados de la Octava Sala del TSJDF detalla que después de que Jacques Gelman Levy descubre el talento de Mario Moreno Cantinflas, el mimo acumula un “patrimonio sustancial” que le permite constituir diversas sociedades y empresas, entre las que se encuentra RIOMA Films.

Al tiempo que “el cómico de la gabardina” ganaba el reconocimiento de los críticos de cine y del público mexicano, las regalías de sus películas dejaban para él y su productor grandes ganancias. El matrimonio Gelman, a la par, creó empresas y fundaciones mediante las que administraría su fortuna.

De acuerdo con el documento judicial, entre las sociedades de los Gelman se encuentran: la Fundación Anturia, sociedad de beneficencia y caridad para personas físicas y morales; Telemont Antstalt, constituida en Liechtenstein; Paramount Holdings, Limited, regida por las leyes de las Islas Turcos e Icacos, y Alford Holdings, Limited, en las Islas Vírgenes.

En sincronía con la constitución de empresas, Jacques y Natasha Gelman adquirían piezas de arte moderno de Europa y México. Las relaciones con artistas –como los españoles Pablo Picasso, Salvador Dalí, y los mexicanos Diego Rivera y Frida Kahlo– se materializaban a través de la compra de sus obras.

Cesión de derechos

El 7 de mayo de 1985, Jacques Gelman Levy y Natalia Zahalka Krawak de Gelman celebraron un contrato de cesión de derechos con la empresa RIOMA Films, entonces representada por Mario Moreno Reyes, Cantinflas.

El contrato, dice el expediente del TSJDF, “tuvo por objeto principal ceder la propiedad de todos los títulos, derechos y acciones de las empresas Telemont Antstalt, domiciliada en Liechtenstein, y Paramount Holdings, Limited, empresa a la que pertenecían 80 obras de arte…”.

Quedó asentado que los “cedentes” recibirían como “contraprestación” 40 mil pesos de manera vitalicia. El primer pago fue recibido por el propio Gelman Levy y se reservaron el usufructo vitalicio de los bienes transmitidos. Esta acción, dice el documento, fue ratificada el 15 de marzo de 1991 por Natasha Gelman ante corredor en asamblea general ordinaria de accionistas de la empresa RIOMA Films.

Al fallecer el coleccionista de origen ruso, su esposa Natalia Zahalka Krawak se dedicó al cuidado y protección de las obras europeas. Con un supuesto deterioro en su salud –se lee en el expediente–, se acercan a ella Robert Littman, Marylin Diamond y Janet Neschis, “esta última, hija del señor Sidney Cohn, quien fuera abogado personal y representante legal de Jacques Gelman durante su vida”.

Con la muerte de Sidney Cohn, toma su lugar Janet Neschis, quien se encontraba en sociedad con Marylin Diamond y Paul McGloin, en el despacho de abogados Leavy Rosensweig and Hyman, en Nueva York, Estados Unidos.

En la resolución del expediente, del cual se posee copia, el TSJDF avala que la empresa RIOMA Films, actualmente representada por Mario Moreno Ivanova, cuenta con los derechos de uno de los acervos artísticos más importantes del mundo, desde el 7 de mayo de 1985. Reconoce a Natasha Gelman como “usufructuaria vitalicia, porque únicamente gozaba de la posesión y administración de las mismas”.

Convenio falso

Fuentes cercanas a la investigación –quienes solicitaron el anonimato– aseguran que en la averiguación previa FPC/74T3/00706/06-10 se tomaron en cuenta documentos falsos. Afirman que el contrato de 1985 es “inverosímil”.

Entre los argumentos expuestos indican que 10 de las 80 pinturas, que se detallan en el contrato como propiedad de Paramount, fueron adquiridas por los Gelman años después de que se firmara la cesión de derechos a RIOMA, en 1985.

De acuerdo con el catálogo de la Colección Gelman, que está en exposición permanente en el Met de Nueva York, un Autorretrato de Picasso y la obra Still life with a guitar, de Georges Braque, fueron adquiridas en 1986 por Natasha Gelman; Mechanical elements, de Fernand Léger, y Vine and olives, de Johan Miró, en 1987; también se encuentran Untitled (Miró), Composition (Piet Mondrian), The smoker (Juan Gris) y The cavalier and the seated nude (Picasso), compradas en 1988. Un año más tarde se añadieron a la colección de la Escuela de París las pinturas Jean Paulhan, de Dubuffet, y The barbarians, de Max Ernst (revista Fortuna. Negocios y finanzas, 70).

Además, el documento 9023695, del Registro Público de la Propiedad –en poder de Contralínea–, muestra que RIOMA Films quedó disuelta el 31 de diciembre de 1986. Pasaron 20 años antes de que Moreno Ivanova presentara la denuncia ante la Procuraduría capitalina. La disolución quedó asentada en el acta de asamblea de esa fecha.

Otro aspecto que arguyen las fuentes es que el 16 de octubre de 2001, la Corte de Nueva York determinó que, al momento en que Natasha Gelman firmó el testamento que donaría las 85 obras de arte europeo, “se encontraba en todos los aspectos capaz para dictar un testamento y que no se encontraba bajo presión alguna y que esta Corte está satisfecha de que el testamento es genuino y su ejecución válida”.

El testamento fue firmado por la esposa del exproductor de Cantinflas el 18 de noviembre de 1997, momento en el que el acervo cultural ya se encontraba en el Met de Nueva York. Según las fuentes, con esta acción se pretendía alejar la colección de manos privadas y, por el contrario, que estuviera a disposición del público a perpetuidad, en una galería que llevara el nombre de Jacques y Natasha Gelman.

El fideicomiso

Waterford fue el vehículo financiero que permitió que Littman, Neschis, Diamond y McGloin obtuvieran de Natasha Gelman las más de 80 obras artísticas de la Escuela de París. El acervo está valuado “pericialmente” en 30 mil 358 millones 820 mil 520 pesos.

Pero no sólo eso, los personajes investigados actualmente por el supuesto delito de fraude también se hicieron beneficiarios de los derechos y título de propiedad del departamento ubicado en el 625 de Park Avenue, lugar en el que el matrimonio Gelman pasaba su estancia en Estados Unidos.

Además, se hicieron de “todos los valores, dinero y demás propiedades depositadas en la cuenta 150452, de Swiss Bank Corporation”. También de las piezas de arte precolombino, los artículos de plata, joyería, alfombras, tapetes y muebles de casa.

Con el fideicomiso –además de los objetos de valor de los coleccionistas–, Littman, Neschis, Diamond y McGloin obtuvieron los derechos de las empresas Alford Holding, constituida bajo las leyes de las Islas Vírgenes británicas, y Paramound Holding, creada bajo las leyes de las Islas Turcos e Icacos.

El documento indica que todas las cesiones anteriores fueron hechas por la “absurda” cantidad de un dólar. La entrega fue certificada por el notario “inculpado” Paul McGloin, y como testigo se presentó Janet Neschis, el 18 de noviembre de 1997. En el expediente se destaca que al momento de la firma, el fideicomiso aún no estaba conformado, situación que se dio hasta el 1 de enero de 1998.

La enfermedad de Natasha Gelman

Según consta en el expediente 1361/2008, al menos fueron dos exámenes médicos los que comprueban que Natasha Gelman no se encontraba en óptimas condiciones de salud. Relata que en agosto de 1993, el médico Ernesto Guillermo Chávez López atendió a la mujer de 81 años de edad.

Natasha Gelman sufría de vómito y temperatura. Al momento de la exploración física detectó “datos neurológicos de ausencia, temblor fino en los miembros superiores, mirada extraviada, lengua deshidratada, pupilas isocóricas y abdomen doloroso”. El médico solicitó a Mario Moreno Ivanova, quien se dice ahijado de Natalia Zahalka Krawak, se le realizaran exámenes para descartar “accidente vascular cerebral”.

“Al día siguiente la citó en el Hospital Santa Coleta, donde se le practicaron los estudios indicados. Al revisarlos, confirmó que el padecimiento neurológico que presentaba la señora Natasha Gelman era enfermedad de alzhéimer y parkinson, conforme se desprendía de la tomografía, por lo que pudo corroborar que la señora Natasha Gelman tenía un gran deterioro mental por lo avanzado de la enfermedad; lo que producía etapas de ausencia y no retención de memoria a mediano y largo plazo, desubicación en tiempo y espacio, pérdida (control) de esfínteres, por lo que era patente que no estaba capacitada para la toma de decisiones de las más comunes a las trascendentales”, dice el documento.

Otro de los análisis clínicos que se toman en cuenta en las pruebas de la investigación, es el que motivó el propio “inculpado” Robert Littman. El exdirector del Centro Cultural Arte Contemporáneo llevó a Natasha Gelman con el médico Fred Plum, reconocido neurólogo de nacionalidad estadunidense, de The New York Hospital-Cornell Medical Center.

El dictamen de Fred Plum indicaba que la mujer estaba “severamente demente y sin memoria (…) la señora Gelman padecía una severa discapacidad del tipo típico de alzhéimer y falta de capacidad desde inicios de 1992”.

Fuentes cercanas a la investigación aseguran que esta versión contiene documentos apócrifos y que Natasha Gelman estaba en plenas facultades mentales al momento de signar la cesión de las obras. Un estudio clínico de los Laboratorios Alvernia, en poder de Contralínea, fechado el 15 de agosto de 1993, forma parte de la evidencia.

Dirigido al doctor Chávez López, el documento médico confirma los padecimientos de la coleccionista. Sin embargo, copias del Registro Público de la Propiedad indican que Laboratorios Alvernia fue una empresa constituida hasta el 14 de abril de 1999, es decir, seis años después de que se emitiera el análisis clínico que obra en el expediente.

Otro elemento que presume la falsedad del estudio es que se encuentra membretado con un número telefónico de ocho dígitos, pero esta marcación fue decretada por la Comisión Federal de Telecomunicaciones hasta 1999.

Carlos-Blas Galindo Mendoza, director del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap), opina que aún cuando Natasha Gelman no hubiese padecido un mal diagnosticado, “sí veo como irregular que, con poca antelación de su fallecimiento, una persona mayor tome decisiones de tal importancia. La agilidad mental y toma de decisiones cambian con la edad, hay modificaciones en la química cerebral que las hacen vulnerables, y por más que los sistemas judiciales traten de demostrar que está todo en orden yo sospecho que no fue así”.

La colección mexicana

Mientras la PGJDF continúa con la investigación referente a la colección “Maestros europeos del siglo XX”, otro acervo que recopiló el matrimonio Gelman está en litigio. Éste contiene 95 obras de artistas mexicanos, entre los que se encuentran Frida Kahlo, Diego Rivera, Rufino Tamayo, David Alfaro, Francisco Toledo y Juan Soriano, entre otros.

La colección que contiene la averiguación previa FPC/74/T2/068/08-01 involucra a Robert Littman, quien funge como albacea y expuso la obra hasta el año pasado en el Museo Muros, ubicado en Cuernavaca, Morelos. También está acusado el notario público 103 del Distrito Federal, Armando Gálvez Pérez Aragón. El supuesto delito: “administración fraudulenta”, que lleva la Unidad de Investigación número 4 de la Fiscalía de Procesos de lo Civil.

En este caso, el denunciante es el abogado Francisco Fuentes Olvera, quien exige los derechos del acervo, luego de comprarlos en 20 mil dólares a Mario Sebastián Krawak, hermano de Natasha Gelman.

El último testamento de Natalia Zahalka Krawak –en poder de Contralínea–, fechado el 19 de agosto de 1993, indica que la mujer dejó tres legados en los que beneficia a su hermano con 10 mil dólares; asigna a Robert Littman como albacea de la colección de pintura mexicana y a sus ayudantes Cleofas Leonardo Gutiérrez y Francisca Sánchez Ávila asigna el 50 por ciento de lo obtenido por la venta del departamento ubicado en las Lomas de Chapultepec.

Previo al cierre de esta edición, la juez Primero de Distrito en Materia Civil en el Distrito Federal, Irma Rodríguez Franco, “resolvió otorgar a Littman el amparo contra los actos de la Tercera Sala Familiar y juez vigésimo de lo familiar que habían declarado a Francisco Enrique Fuentes Olvera (cesionario de Mario Sebastián Krawak) como único y universal heredero en la sucesión intestamentaria de Natalie (Natasha) Zahalka Krawak, viuda de Gelman, y se le designó albacea del mismo” (Proceso, 1673).

Alonso Jiménez O’ Farril, abogado defensor de Armando Gálvez Pérez Aragón –notario público 103 del Distrito Federal–, asegura en entrevista que han habido diversas irregularidades en el proceso judicial, pues su cliente ha sido citado como testigo cuando ya estaba en calidad de inculpado. Situación por la que, indica, ya interpuso denuncias contra las ministerios públicos que llevan el caso: María Ofelia López Aquino y Nancy Alejandra Beltrán Ortega.

“Es una averiguación que no tiene pies ni cabeza. La conducta es atípica, no hay ninguna administración indebida ni fraudulenta. Las obras existen, sea o no el albacea Robert Ross Littman, no hay dilapidación de los bienes de la señora Gelman. Además, es una conducta que está preescrita. La adjudicación se dio en 1998 y se reclama 10 años después. La conducta del notario culminó en 1998, sin embargo, se sigue presionando”, dice Jiménez O’ Farril.

El abogado asegura que no le han otorgado copias del expediente, con el argumento de que la ley no lo faculta. “Me dicen que no me pueden entregar copias porque deben guardar el sigilo de la averiguación”. Sin embargo, el artículo 56 de la Ley Orgánica de la PGJDF dice que el ministerio público “podrá expedir copias certificadas de constancias o registros que obren en su poder, cuando exista mandamiento de autoridad competente que funde y motive su requerimiento…”.

Los expertos

Magdalena Zavala, directora del museo Casa Estudio Diego Rivera, explica que la colección Gelman comenzó cuando Jacques y Natasha Gelman llegan a México y tienen la fortuna de entrar en contacto con todos los artistas de ese momento. “Él era un gran filántropo del arte”.

La importancia de la colección mexicana, dice, es fundamental, ya que cuenta con obras “importantísimas” del desarrollo artístico de México. “Los Gelman fueron asesorados por diversas personalidades, hasta el final de la vida de Natasha, lo que permitió que la colección se abriera a nuevas corrientes. Ahora, creo que es terrible que las colecciones sufran problemas jurídicos porque estamos hablando de patrimonio cultural”.

La experta en arte asegura que el acervo mexicano es la segunda colección privada más importante del país que contiene la obra de Frida Kahlo, después de la que tiene Dolores Olmedo.

Mientras, Carlos Blas-Galindo Mendoza, director del Cenidiap, atribuye los conflictos jurídicos por los que atraviesan las colecciones de los Gelman a la ambición de los particulares por poseer las obras de arte. “La especulación en el mercado del arte es una de las más elevadas; mientras más prestigiada, tiene un enorme valor de reventa.

“A nadie le importa, y menos a los especuladores, tener en sus bóvedas pinturas que pudieran arrebatar de los sitios públicos. Algunos de los especuladores ni siquiera las exponen en su casa, las tienen guardadas con temperatura controlada, porque no las tienen como objetos de apreciación sino como dinero”, critica el director del Cenidiap.

 

Ivanova, prófugo de la justicia estadunidense

Moreno Ivanova, quien ahora exige los derechos de la colección europea de los Gelman, es prófugo de la justicia estadunidense por un supuesto desacato a una orden de la Corte del Distrito de California, en Los Ángeles. El 4 de junio de 2004, el juez Dickran Tevrizian giró la orden de aprehensión en su contra. Desde esa fecha, no pisa suelo estadunidense por temor a ser aprehendido.

El 31 de marzo de 2003, las autoridades de aquel estado ordenaron a Mario Moreno Ivanova retractarse de cualquier intento de distribuir las películas El patrullero 777 y El barrendero, así como 26 filmes más que realizó su padre bajo el sello de Columbia Pictures.

Además, le ordenó regresar todos los negativos de las películas a la productora estadunidense, y que se presentara el 28 de abril de 2003 a testificar en una audiencia el incumplimiento de la primera orden. No obstante, Moreno Ivanova no acató el fallo. Firmó un contrato, dice la orden de aprehensión, en el que establece que tiene la licencia de 28 películas, que originalmente pertenecen a la empresa fílmica.

El hijo del actor mexicano hizo declaraciones públicas ese mismo año e indicó: “No voy a viajar a Estados Unidos para testificar acerca de estos planes, y luego ser aprehendido”, se consigna en el expediente CV03-1033-DT.

Al faltar a la solicitud de presentación, la Corte impuso sanciones monetarias al heredero de Cantinflas por 10 dólares diarios por película, mismas que incrementarían semanalmente si continuaba en actitud de omisión.

Casi dos meses después, el 23 de junio de 2003, y ante la negativa de presentación de Moreno Ivanova, las autoridades estadunidenses liberaron la orden de aprehensión en su contra. También fijaron una mueva multa, por 30 mil 779 dólares, para cubrir los honorarios de los abogados contratados por Columbia Pictures.

Cárcel definitiva

Según el expediente –del cuál Contralínea posee copia– la Corte determinó que la actitud del heredero de Cantinflas ha causado “múltiples daños” en el mercado cinematográfico. El juez Dickran Tevrizian consignó, en el expediente, que “a la luz de que Ivanova se rehúsa a pagar la sanción ordenada por la Corte, el encarcelamiento es la única opción para obligarlo a cumplir el mandato”.

Uno de los aspectos que tomaron en cuenta las autoridades fue que Ivanova “es un desempleado en estado continuo, por lo que su aprisionamiento no representaría la privación de ningún ingreso para su familia”.

Y es que el máximo tribunal de Los Ángeles, California, dudó que si imponía nuevas multas al demandado, éste las cumpliera. Consideró que una detención es una sanción que no puede ignorar.

El juez Dickran Tevrizian concluyó que la actitud de Moreno Ivanova es “descarada”, por lo que merece la imposición de sanciones más severas.

“Ésta es la cuarta vez que Ivanova incurre en desacato. Más aún, anunció a la prensa la intención de lanzar en formato DVD la película de El patrullero 777, sólo semanas después de que la Corte emitió la sentencia”, indica el documento judicial.

Según la sentencia de la Corte del Distrito de California, en Los Ángeles, Mario Moreno Ivanova es “fugitivo” de la justicia en aquel país. Esta situación impide que el inculpado viaje a Estados Unidos, ya que en el momento de registrase su ingreso, podría ser detenido. No obstante, indica el expediente CV 03-1033-DT, el acusado declaró: “Puedo entrar y salir de Estados Unidos las veces que yo quiera”.

Actualmente, el estatus judicial del heredero de Cantinflas impide que apele ante cualquier otra corte estadunidense. (ER)

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